¿Cómo influye el temperamento de los padres en la crianza?

Tu carácter puede ser similar o diferente al de tu hijo, pero lo realmente importante es tu capacidad para ajustarlo a sus necesidades. Te contamos cómo hacerlo.
¿Cómo influye el temperamento de los padres en la crianza?
Elena Sanz Martín

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz Martín.

Última actualización: 20 diciembre, 2022

Criar un hijo no es una ciencia exacta. Por muchos manuales, libros y recomendaciones de expertos que se sigan, los resultados pueden diferir entre una familia y otra. Incluso, dentro de una misma familia. Y es que el temperamento de los padres y de los chicos es un factor que modula las relaciones entre ellos y las dinámicas dentro y fuera del hogar.

No podemos olvidar que la crianza es un constante proceso de interacción entre dos seres humanos. Los padres, además de progenitores, son personas con sus propias cualidades y fallos, opiniones y modos de proceder.

El temperamento de los padres, las principales características

El temperamento es una tendencia innata con la que todos los seres humanos nacemos y que nos predispone a percibir, interpretar y responder al mundo de un modo determinado. Los principales puntos en los que has de fijarte para evaluar el temperamento son los que te contamos a continuación.

Sensibilidad

Las personas más sensibles se encuentran mejor en entornos tranquilos y silenciosos. Por el contrario, sienten gran incomodidad ante los ruidos fuertes, las luces brillantes o los sonidos intensos. Por su parte, quienes se hallan en el otro extremo del continuo disfrutan de los espacios estimulantes, de los sabores diferentes y del bullicio.

Quizá, nunca te hayas detenido a evaluar cómo es tu temperamento, pero al hacerte consciente de esto podrás realizar ajustes en tu estilo educativo que beneficien a tus hijos y al vínculo que mantienes con ellos.

Nivel de actividad

Esta categoría diferencia entre quienes prefieren estar en constante movimiento y quienes optan por un estilo de vida más sedentario. Así, pregúntate: ¿te gusta mantenerte ocupado y activo?, o ¿disfrutas más de la pausa y de actividades como leer un libro acomodado en el sillón?

Nivel de distracción

Hablamos en este caso de la calidad y la duración de la concentración. ¿Te resulta sencillo permanecer centrado en una tarea por períodos prolongados de tiempo? O, por el contrario, ¿te distraes fácilmente ante cualquier estímulo externo o interno?

Persistencia

Las personas más perseverantes continúan lo que empiezan hasta finalizarlo, toleran bien la frustración y persisten en la tarea hasta cumplir el objetivo. En el otro extremo se encuentran quienes tienden a cambiar de actividad de forma frecuente.

Regularidad

Hay quienes disfrutan de la rutina, de los horarios regulares y de saber qué paso sigue a continuación. Por el contrario, otras personas prefieren ser espontáneas y gustan de la improvisación y de los cambios de planes. ¿A qué grupo perteneces?

Intensidad

En un extremo del continuo se encuentran quienes sienten las emociones con gran intensidad y son expresivos y vehementes. En el otro lado, se hallan aquellas personas más reservadas y que rara vez exteriorizan sus estados internos. De ellos resulta difícil intuir qué sienten o qué piensan.

Adaptabilidad

¿Cómo te adaptas al cambio? ¿Te resulta sencillo pasar de una actividad a otra de forma rápida y fluida o necesitas una transición progresiva y un período de preparación mental?

Accesibilidad 

Esta categoría diferencia entre quienes buscan la novedad y quienes la evitan. Ciertas personas disfrutan de explorar nuevos entornos sociales, distintas actividades y lugares diferentes. Otras, en cambio, prefieren lo conocido, se sienten incómodas ante la novedad y precisan de más tiempo para adaptarse a la situación.

Algunos padres suelen tener un carácter fuerte y mostrarse más rígidos o serios. Por el contrario, otros son más alegres y más abiertos para con sus hijos.

Carácter

Por último, el carácter distingue entre aquellas personas que se muestran abiertas, alegres y joviales y quienes tienden a ser más serios. Esto no implica que no disfruten o que sean infelices, sino que, simplemente, tienen un carácter más reservado y tranquilo.

¿Cómo afecta el temperamento de los padres a la crianza?

Ahora que has identificado en qué punto te encuentras, has de saber que esto tiene una influencia en tu forma de educar. A este respecto, lo más relevante es comparar tu temperamento con el de tus hijos a fin de comprobar cómo se complementan.

En realidad, tanto si compartís similitudes como si tenéis tendencias opuestas, podéis beneficiaros del tiempo que pasáis juntos. En el primer caso, es probable que sintáis una mayor afinidad y que os resulte más sencillo comprenderos mutuamente y participar en actividades juntos. Sin embargo, en el segundo, ambos podéis enriqueceros y equilibrar vuestro carácter en la interacción con el otro.

No obstante, ser consciente de tu temperamento puede ayudarte a realizar ciertos ajustes. Por ejemplo, si tú eres una persona intensa y tu hijo es más reservado, puede ser importante que te asegures de darle un espacio para expresarse. También, puedes dirigirte a él de una forma más calmada y menos vehemente. Del mismo modo, si tú eres más espontánea, pero tu hijo se siente más cómodo con la rutina, es necesario que lo tengas en cuenta para adaptar los horarios y actividades diarias.

Encuentra tus cualidades positivas para la crianza de tus hijos

En suma, no se trata de intentar modificar el temperamento de los padres o el de los hijos, sino de reconocer cuáles de tus cualidades resultan positivas para la crianza y con cuáles has de ser cautelosa. Además, este proceso será diferente con cada uno de tus hijos, por lo que el trabajo es algo mayor. No obstante, de este modo podrás ofrecerles las condiciones que necesitan para desarrollarse plenamente.


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  • Ramos Martín, J. M., Sancho García, M., Cachero Sanz, P., Vara Arias, M., & Iturria Matamala, B. (2009). El Temperamento Infantil en el Ámbito de la Prevención Primaria: Relación con el Cociente de Desarrollo y su Modificabilidad. Clínica y salud20(1), 67-78.
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