¿Cómo saber si debo llevar a mi hijo al psicólogo?

Amanda · 10 marzo, 2017

Llevar a un hijo al psicólogo no resulta sencillo de decidir para la mayoría de los padres. Existe el error de creer que no necesitamos este tipo de ayuda y que solo las personas enfermas requieren terapia. Sin embargo, en gran parte de los casos, la visita al psicólogo es preventiva,  y además, puede ser muy beneficiosa.

¿Qué cosa me indica que mi hijo debe ir a un psicólogo? ¿Será una decisión correcta? ¿Es algo que puede esperar? Ante estas dudas, es común que los padres demos largas a este asunto. A veces el comportamiento del niño nos hace pensar que no estamos respondiendo acertadamente. La mayoría de las veces se trata de algo normal que terminamos exagerando. No obstante, en ocasiones es muy serio.

La curiosidad de los niños, su inquietud y ciertos comportamientos, se relacionan con su personalidad. Aunque sea algo propio de cada quien, no existe impedimento para visitar un psicólogo. En algunos casos, se trata de situaciones que requieren intervención, pero generalmente se impone el instinto paterno. Si tengo sospechas de que mi hijo debe ver a un especialista, es recomendable hacerlo.

¿En qué condiciones es precisa la visita al psicólogo?

Comprendemos la preocupación de los padres, y sabemos que cada quien decide sobre la vida de su hijo. Sin embargo, en esta oportunidad queremos acotar que a un niño sano no va a afectarle en nada ir al psicólogo. Es decir, si el pequeño está bien, una consulta con el especialista no le va a perjudicar. Si por el contrario, se precisa una asesoría, entonces habremos hecho lo correcto.

A continuación te explicamos las principales razones por las cuales debemos considerar llevar al niño al psicólogo.

Por causa de accidentes y traumas

Lastimosamente, a veces en la vida los niños sufren situaciones críticas. En casos de trauma físico, abuso verbal o sexual, es muy importante que el niño reciba la ayuda de un terapeuta. También cuando han ocurrido accidentes que de cierta manera lo han impactado.

No hace falta que el niño lo esté expresando con alguna conducta extraña, porque a veces el trauma no se nota a simple vista. Incluso, si parece estar superándolo bien, siempre es recomendable que un especialista lo ayude a procesar sus emociones. Es muy conveniente que nos unamos a él y le apoyemos en este proceso.

Aunque no nos parezca lo suficientemente grave, en ocasiones el pequeño puede estar sufriendo en silencio. Por ejemplo, cuando está padeciendo acoso escolar o ciberacoso. En muchos casos, a los niños les cuesta hablar de sus problemas, pero un psicólogo podría decirnos qué pasa.

Ante comportamientos extraños

Muchas veces los padres no entendemos el comportamiento de los niños. Queremos tratarlos como adultos o nos preocupamos de más por ellos. Sin embargo, la mayoría de las veces, alguna actitud nos puede parecer extraña y ser totalmente normal. Si tenemos estas dudas, un especialista nos puede responder muchas interrogantes.

No obstante, como hemos dicho anteriormente, nuestro instinto paterno no suele fallar. Si de hecho ese comportamiento nos preocupa, es conveniente salir de dudas. A veces no es necesario llevarlo al psicólogo, con preguntarle al pediatra puede ser suficiente.

Cuando son niños más grandes, su comportamiento puede revelarnos muchas cosas, es preciso observarlos de cerca. Aunque los cambios pueden ser normales a medida que van creciendo, en la mayoría de los casos son una respuesta. Es decir, sus problemas los expresan quizá de la manera incorrecta o menos común.

Antecedentes graves

Se cree que genéticamente podemos ser propensos a desarrollar problemas mentales. En tal caso, si en nuestra familia o la del otro progenitor existen antecedentes de afecciones psicológicas, es muy recomendable tratar a niño. Ante esta situación, no hay que alarmarse de inmediato, pero es aconsejable estar atentos ante cualquier cambio.

Cuando se sospecha que podría haber cierto comportamiento de este tipo, es imprescindible la consulta a un especialista. Ellos harán todas las pruebas que sean necesarias para confirmar o descartar el problema.

Podríamos encontrarnos ante afecciones del espectro autista, hiperactividad o déficit de atención, sin necesidad de que existan antecedentes genéticos. En tal sentido, como padres tenemos la responsabilidad de observar y actuar en relación a la salud mental y emocional de nuestros pequeños.