Rubeola en los niños: manifestaciones y prevención

Francisco María García · 24 septiembre, 2017

La rubeola es una enfermedad viral bastante frecuente en la época en que nuestros padres y abuelos eran pequeños. A pesar de los controles y vacunas, aún existen niños y adultos que son contagiados por esta enfermedad.

Transmitida por el virus de la rubeola, ha encontrado en los bebés y niños sus principales víctimas. Tras el contagio, todo comienza con un cuadro febril bastante común. Se desarrolla con la aparición de su característico sarpullido rojo en la zona del tórax y el rostro.

Es bastante difícil encontrar casos en los que este virus presente serias complicaciones para la vida del paciente. No obstante, en ocasiones puede implicar riesgos de alto impacto. Veamos de qué se trata todo esto.

Síntomas y etapas

Los efectos de este popular virus se dividen en dos fases: prodrómica y exantemática. En la primera, se experimenta fiebre, malestar general, inapetencia y demás síntomas similares a la gripe. Por eso, es común que se confunda al principio con un resfriado.

En algunos casos, el cuadro clínico puede acabar en las primeras 48 horas, sin pasar a la sintomatología más avanzada. Sin embargo, si la misma llega a la fase exantemática, aparece el acostumbrado sarpullido rojizo.

El nombre científico de esta erupción cutánea es exantema. Se trata de manchas de color rojo, bien definidas y con forma ovalada. A esto se le suma una inflamación moderada de los ganglios linfáticos

¿Cómo se manifiesta la rubeola en los niños?

Cuando este padecimiento ataca un bebé o un niño, es fácil de confundir con el sarampión o incluso con una simple gripe. Por ende, es necesario que sea identificada mediante la realización de exámenes médicos.

Los primeros síntomas de la rubeola pueden confundirse con gripe

Por otro lado, la erupción cutánea de este cuadro clínico es bastante característica. Casi siempre aparece por detrás de las orejas del pequeño, pasando al rostro y el cuello. A partir de aquí, se extiende al resto del cuerpo.

Además, las manchas tienden a permanecer durante un periodo máximo de tres días. A decir verdad, es extremadamente difícil que este virus degenere en alguna complicación cuando invade el organismo de un infante.

Pero el asunto se complica cuando la enfermedad es adquirida por una mujer embarazada y esta pasa al feto de forma congénita.

Virus de poco tratamiento

La rubeola infantil no tiene tratamiento. Básicamente, se debe vigilar la fiebre mientras el organismo crea por sí mismo los anticuerpos que degradan a esta enfermedad. Se puede recetar un analgésico para el malestar general.

En todo caso, podríamos hablar de cuidados característicos durante el malestar. Además de controlar el cuadro febril, los pequeños que padecen de esta infección deben tomar altas cantidades de agua para evitar la deshidratación.

Los médicos también suelen recomendar a los padres de los pacientes que disminuyan el consumo de productos hechos a base de cafeína. Los refrescos deberán suspenderse hasta que culmine el cuadro médico.

Prevención: la vacuna triple viral

La rubeola ha desaparecido en una gran cantidad de países gracias a la invención de su vacuna: la triple viral (MMR). En todos los países del mundo esta vacuna es obligatoria y casi siempre es subvencionada por los propios gobiernos.

Esta vacuna tiene más de 40 años de uso y crea en la persona vacunada un porcentaje de inmunidad del 95%. Además, dicha protección tiene una alta permanencia, pudiendo durar incluso durante toda la vida.

La vacuna triple vírica ayuda a prevenir la rubeola en edad temprana

Así que el mejor tratamiento para este padecimiento es precisamente la prevención a través de la vacuna. Mujeres y niñas deben ser vacunadas para evitar la transmisión de la peligrosa rubeola congénita en sus futuros embarazos.

La peligrosa rubeola congénita

Cuando una madre embarazada contrae esta infección virulenta, tiene el 90% de probabilidades de transmitir al feto el síndrome de rubeola congénita. El problema es que los niños en estado de gestación sí pueden sufrir daños severos por culpa de esta afección. Es más, algunas madres sufren riesgo de aborto.

Los niños que nacen con esta enfermedad pueden presentar problemas auditivos, microcefalia, autismo, problemas oculares, trastornos cardiacos o disfunción tiroidea entre otros. Desgraciadamente, muchos de estos males son irreparables, como es el caso de la microcefalia. Otros requieren de costosos tratamientos para darle una mejor calidad de vida al recién nacido.

Si crees que tu hijo puede padecer la rubeola, no dudes en acudir a su pediatra para que te saque cuando antes de dudas y te ofrezca soluciones más específicas que se correspondan con los síntomas que presenta.