Cuáles son los riesgos de la inducción al parto

Cuando se acerca el final del embarazo y no hay indicios de trabajo de parto, tu obstetra puede sugerirte una inducción. Pero, ¿es esta la opción más segura? Te lo contamos.
Cuáles son los riesgos de la inducción al parto
Leidy Mora Molina

Escrito y verificado por la enfermera Leidy Mora Molina.

Última actualización: 16 agosto, 2022

Cuando hablamos de inducción al parto (IDP), nos referimos a aquel procedimiento obstétrico que busca desencadenar el proceso de nacimiento a través de métodos artificiales. Aunque se trate de una práctica bastante común dentro de las maternidades, existe una serie de riesgos a lo que se exponen las parturientas que deben conocerse.

A continuación, te vamos a contar en qué circunstancias es necesario proceder de esta manera y cuáles son los pros y contras de elegir esta técnica antes que una cesárea. ¡Sigue leyendo!

La inducción al parto conlleva sus riesgos

El trabajo de parto es un proceso fisiológico, comandado por la acción de las hormonas y de otros agentes químicos del organismo. Todos ellos generan una serie de cambios progresivos a nivel del útero, del cuello uterino y de la pelvis, para que el bebé sea expulsado a través del canal vaginal.

Este proceso se inicia solo cuando el cuerpo de la madre está preparado y el bebé está listo para salir. En general, ambos fenómenos ocurren cuando la gestación llega al término, es decir, a partir la semana 37.

Ahora bien, existe una manera de iniciar y de acelerar el proceso de nacimiento de manera artificial, que se conoce cómo inducción al parto. Esta técnica puede ser beneficiosa bajo ciertas condiciones de salud, sobre todo cuando permanecer adentro del útero es más riesgoso para el niño o la madre que “forzar” su salida.

El problema radica cuando se induce el parto sin una causa médica clara, pues en esos casos se expone a la madre y al bebé a riesgos innecesarios. A pesar de esto, día a día aumenta el número de inducciones en los hospitales, ya sea para comodidad del equipo de salud o de la familia. En este sentido, la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia se manifiesta de la siguiente manera:

“La inducción es uno de los procedimientos más frecuentes en obstetricia, incrementándose su uso en todo el mundo de un 9.5 % a un 23.2 % entre 1990 y 2009. Las IDP en embarazos a término precoces (37-38 semanas) han pasado de un 2 a un 8 %, en parte por el aumento de las indicaciones de la IDP por causas ajenas a criterios médicos”.

A continuación, te detallaremos los métodos de inducción al parto y cuáles son los riesgos asociados a cada uno de ellos.

Rotura artificial del saco amniótico

Una de las técnicas más conocidas de inducción al parto es la ruptura de la membrana amniótica de forma artificial o amniotomía. Esta maniobra que se realiza en el entorno hospitalario busca iniciar, acelerar y potenciar las contracciones con el fin de acortar el tiempo del trabajo de parto.

Sin embargo, al romperla, se rompe también la protección o el “sello hermético” que protege al bebé de los gérmenes del tracto genital materno. Por ende, una rotura prematura puede desencadenar una infección en la madre y en el bebé. De allí la importancia de que el nacimiento no se prolongue más de 48 hs de la pérdida de integridad del saco amniótico.

mujer en induccion para el parto goteo envodenoso acceso via cinta monitores monitoreo frecuencia cardiaca fetal
La inducción puede hacerse a través de maniobras físicas o medicación. Pero en ambos casos requiere de un monitoreo estricto de la parturienta y del bebé.

Inducción con hormonas sintéticas

Otra manera de inducir el parto es a través de la administración de hormonas sintéticas, como la oxitocina y las prostaglandinas. Estas desencadenan las contracciones y los cambios en el cuello uterino. No obstante, en ocasiones, la dinámica uterina puede ser poco efectiva, aunque dolorosa y frecuente. Esto puede conducir a una hiperestimulación uterina, reducir el aporte de oxígeno al bebé y causar un sufrimiento fetal que obligue a proceder con una cesárea de emergencia.

Cualquiera de las técnicas utilizadas para la inducción requieren de una intervención médica minuciosa, como la administración de anestesia epidural, tactos vaginales, monitorización continua, entre otros. No obstante, muchos de estos partos son lentos y acaban en una cesárea o instrumentados con fórceps.

En muchos casos, los métodos de inducción no permiten que el trabajo de parto progrese adecuadamente y no se genere una correcta dilatación del cuello uterino. De igual manera, la inducción de parto aumenta el riesgo de sufrir contracciones intensas que pueden provocar desgarros en el útero y hemorragias internas.

Hay veces que la inducción es la única alternativa

En las últimas semanas de embarazo, pueden surgir algunas complicaciones potencialmente riesgosas. Por ejemplo, las alteraciones de crecimiento del bebé, el envejecimiento placentario, la preeclampsia o la colestasis materna, entre otras. Para evitar las consecuencias de su progresión o la necesidad de una cesárea, el médico puede plantear la necesidad de inducir el parto.

Entre las causas más habituales de inducciones al parto a partir de la semana 37 tenemos las siguientes:

  • Rotura de la bolsa amniótica: cuando la bolsa amniótica se rompe espontáneamente, se espera que el trabajo de parto comience en las siguientes 12 a 24 horas. En caso de que esto no suceda, el riesgo de desarrollar una infección obliga a los profesionales a acelerar el proceso de parto con una inducción.
  • Gestación prolongada: a partir de la semana 41 aumenta el riesgo de que el bebé sufra complicaciones en su salud. Esto sucede porque la placenta comienza calcificarse o a envejecerse, lo que puede generar sufrimiento fetal, restricción del crecimiento y, en casos graves, la muerte del bebé.
  • Otros problemas: alteraciones en el crecimiento fetal, hipertensión arterial, preeclampsia, colestasis o diabetes en la madre. Ante estas situaciones, la inducción al parto es una necesidad.

Complicaciones de la inducción del parto en el bebé

Inducir el parto sin un motivo obstétrico claro puede resultar contraproducente y acabar por afectar la salud del bebé. Si bien es cierto que el feto está formado en el noveno mes, la maduración de sus órganos puede extenderse más allá de la semana 39. A partir de las 40 semanas se dice que el bebé ha alcanzado el término completo.

Cuando los niños nacen antes de tiempo, o cuando la inducción del trabajo de parto se realiza muy pronto (en ocasiones, por fallas en el cálculo de la fecha probable de parto), existen riesgos para su salud. Por ejemplo, mayor dificultad para la alimentación, ictericia o problemas en la regulación de la temperatura corporal. También, situaciones de hipoxia perinatal, con la posibilidad de sufrir consecuencias neurológicas a largo plazo.

Bebé prematuro en incubadora
A veces, la inducción del parto antes del término completo ocasiona la falta de adaptación del neonato al medio exterior. Por ende, muchas veces estos niños requieren de los cuidados intensivos neonatales.

Algunas consideraciones finales

La inducción del trabajo de parto debe ser indicada por el médico especialista tras una evaluación detallada de los pro y los contras de su ejecución. Y también, siguiendo los protocolos obstétricos establecidos. De esta forma se evitan procedimientos innecesarios que puedan poner en riesgo el bienestar del binomio madre-hijo.

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