Respira y vive, serás madre toda la vida

Respira y vive. Tú serás madre toda la vida, pero tu hijo más temprano que tarde dejará de ser niño. Los quehaceres domésticos bien pueden esperar, los pequeños no. Algún día, llegará el duro momento en que comprendas que el tiempo no tiene vuelta atrás.

Asimismo, evita malgastar horas de tu vida haciendo horas extras pensando en regalar juguetes a los más pequeños. Lo bello de la infancia reside en alcanzar la felicidad con muy poco. Y ese poco no es más que tiempo de calidad compartido con sus progenitores.

Respira y vive, pero sobre todo disfruta de un amor único

Jamás olvides el calor de esos tiernos abrazos. Menos se te ocurra negarle a tu hijo la más satisfactoria muestra de amor. Recuerda que quizás, en un par de años, añores aquellos abrazos que en su momento no pudiste dar.

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“¡Te amo hijo!”, grítaselo a los cuatro vientos. Exprésalo de todas las maneras que te sea posible. Especialmente memoriza esta premisa: lo importante de dar amor es que el chico lo sienta. Siempre que lo pienses, dile a tu hijo cuánto lo quieres. Nunca está de más.

Disfruta de esos besos mariposa y de sentirte el mundo por el que tu hijo vibra. Cierra los ojos y siente la manifestación de esos abrazos de oso. Detente en su sonrisa, y contágiate. Que la vida es tan bella que se ha encargado de enviarte un angelito personal para que asumas esta verdad.

Vive y deja vivir

En la vida no puede suceder algo peor que simplemente transcurrir. Se trata entonces de pasar por este mundo honrando la vida. ¿Y qué mejor que hacerlo dejando el más útil y memorable legado? Marca a fuego aquellos momentos mágicos e incomparables junto al niño.

Enséñale a disfrutar las cosas que en verdad valen. Muéstrale cómo saltar charcos de agua sin cesar, trasmítele los dones para jugar y trabajar con el barro. Invítalo a explorar ese mundo que tanto le llama la atención y lo cautiva.

Háblale de la sabiduría de la naturaleza. Descubran los misterios de la vida juntos. Enseña a tu hijo a observar con detenimiento el comportamiento de los bichitos del parque. Cuéntale esa historia que, bien sabes, está esperando escuchar.

Respira y vive: Permítele crecer feliz

No subestimes lo que diga, aún cuando no creas en eso o lo sientas una chiquilinada. Permítele imaginar, pues es lo que lo convierte en un alma pura. De paso, anímate a imaginar con él. Remóntate a tu dulce infancia y disfruta de ese viaje interno junto al presente de tu hijo.

Deja que el niño se exprese como pueda. Si necesita llorar, no se lo impidas ni lo reprimas. Incluso, si te alivia el malestar que implica la situación llorar a ti también, no dudes en hacerlo. Pero siempre mantén el diálogo abierto y de igual a igual con él para que pueda descargarse.

¿Qué más da si en este proceso que han denominado infancia, tu casa se ensucia y algunos objetos se rompen? Estas son cuestiones absolutamente normales en la vida cotidiana de cualquier persona. Y más aún si se tienen hijos.

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De todas maneras, las manchas bien pueden limpiarse tranquilamente. Asimismo, las paredes pueden volver a pintarse. Y aquellos muebles que se caracterizan por lucir el arte “rupestre” de los más chicos, también se renovarán en algún momento.

No sufras por ese ornamento que se destruyó. Pues si no tiene arreglo con pegamento, es posible reemplazarlo. Después de todo, sigue siendo un simple bien material, algo que carece de valor sentimental y por tanto puede reponerse. Algo que no ocurre con la infancia de tu hijo.

Simplemente, respira y vive intensamente

Los platos pueden ser fregados más tarde, e incluso puedes recibir la ayuda de tu esposo para disfrutar más a tu hijo. No olvides que mientras tú limpias, tu hijo crece. Entonces, vuelve a considerar tus prioridades y urgencias.

La realidad es que tu hijo tampoco quiere ni necesita tantos juguetes. Solo desea sentir a su lado a su madre para sentirse amado, seguro y protegido. El tiempo es hoy y el momento es ahora: llegó la hora de trabajar menos y querer más.

Sobre todo te pedimos mamá: respira y vive. Pues serás madre hasta el último día de tu vida. En cambio, él será niño una sola vez. Y ese tiempo, lamentablemente, dura poco.  Y tu, ¿qué harás de ahora en más con tu hijo?

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