Emprender la maternidad, transitar un camino lleno de manchas

Macarena46 24 noviembre, 2016

Emprender la maternidad no es sencillamente traer hijos a este mundo. Hay muchas otras cuestiones de fondo con las que aprendes a lidiar a diario. De este modo, al convertirte en madre descubres que comienzas a recorrer un camino lleno de manchas.

Sí, así como lo lees. ¿Acaso no lo crees? Ya verás que con tu pequeño, paulatinamente se harán presentes diversas manchas. Todas ellas, de muy diverso tipo. Notarás en este camino lleno de manchas que desconocías muchos de estos lamparones. Incluso, muchos de ellos los tenías olvidados.

No hay absolutamente nada por lo que preocuparse. Pues como suelen sostener a regañadientes muchas madres, si tienes un hijo y tu vida se ha llenado de manchas, significa que todo marcha sobre ruedas. Si sigues sin comprender de lo que estamos hablando, presta atención porque te sorprenderás.

El crecimiento de mi niño: un camino lleno de manchas

Cuando eres madre, también lo eres de las manchas de tus hijos. Estas salpicaduras tienden a aparecer en primera instancia durante las primeras papillas del bebé. Cual degustador profesional, verás a tu hijo llevar puré a cada zona de su cuerpo.

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Si bien es cierto que limpiarlo es un dolor de cabeza, las madres se entretienen con el resultado final de esa especie de obra de arte contemporánea. Ahora bien, la verdad es que este tipo de empaste no es el único que vas a conocer cuando te transformes en mamá.

Dejando de lado las manchas de zumo que se prologarán durante años y años, aparecen también aquellas suciedades que se relacionan con los gustos y pasiones infantiles. Desde luego que este camino lleno de manchas no es solo terreno para distraídos o quienes aún deben afinar más su motricidad.

Manchas típicas de niños que sueñan y juegan

Ser madre o padre es relativamente fácil. Lo difícil es serlo de un hijo con una afición que implique ensuciarse a la hora de soñar y jugar. Es que, en el fondo, todos los niños sueñan con ser grandes y, de ese modo, juegan a actuar como aquello en lo que se quieren transformar con el correr del tiempo.

Por ejemplo, uno de los casos más comunes es el de los mini cocineritos. La mesada entera bajo harina y mezclas de todo tipo. Sus prendas con manchas de huevo, chocolate y frutos rojos. Las madres observando, absortas, sin saber si reír o llorar.

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Otro caso: las niñas artistas. Esta es quizás una de las categorías de lamparones más complejos de combatir. Cuando los más chicos sacan todo el arte que llevan dentro, la lucha posterior es intensa. Pintura, plastilinas de colores, burbujas, papilla empleada cual óleo y mucho más se hace presente por toda la casa.

¿Quién no ha lidiado con las salpicaduras de barro e incluso con las manchas de tierra típicas de los pequeños deportistas? Esa es otra de las actividades que los niños disfrutan sobradamente pero que implica luego reforzar la limpieza del hogar, de la ropa e incluso la higiene personal.

Dentro de los más nobles consejos que se pueden brindar al respecto es no alarmarse ni desesperarse. La realidad es que esto prepara a los niños de cara al futuro y ellos de ese modo se divierten y aprenden. Además, después de todo, no hay nada que un buen jabón en polvo no pueda combatir.

A fin de cuentas, no hay nada que llene más el alma de cualquier progenitor que ver a su hijo feliz. Pues la sonrisa de los niños es la fuerza motriz por la que gira el mundo de toda madre. Por la alegría de ese ser único y especial, los padres son capaces de olvidarlo todo.

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