¡Quiero que mi hijo me escuche! ¿Cómo lograrlo?

Macarena · 25 febrero, 2017

“¡Quiero que mi hijo me escuche!”, repiten con insistencia las madres agobiadas durante la crianza infantil. Sin embargo, este dilema que parece dejarlas sin aliento tiene una solución aparentemente sencilla. Simplemente ponte a su nivel, no hay nada mejor que eso para solucionar este problema.

Plantarte en el mismo nivel que tu hijo trae muchos beneficios. Muchos de ellos no puedes ni siquiera llegar a imaginarlos. Es hora de solucionar estas fallas comunicativas en el hogar. ¿Quieres saber cómo lograrlo? ¡Entonces presta atención a este artículo!

Quiero que mi hijo me escuche: ¡Escucha tú también!

¿En serio quieres que tu hijo te escuche? Entonces, en primera instancia debes estar abierta a escuchar tú también. Ármate de paciencia y disponte a una comunicación ida y vuelta. Olvida los sermones y reproches, explica de manera clara y concisa tu punto de vista.

Sin embargo, un factor adicional es fundamental para ponerte a su nivel. Siempre habla a la misma altura de tu hijo, mirándolo a los ojos. Mantén una actitud conciliadora y, sobre todo, deja que el pequeño exprese todo aquello que siente y lo angustia.

Esta simple elección a la hora de establecer un diálogo parejo representa un sinfín de ventajas. Pero estos beneficios no solo se ven materializados en la comunicación y el vínculo madre e hijo. Ya verás que esto acarrea una serie de efectos muy positivos en tu propio nene.

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Beneficios de ponerte a su nivel

“Quiero que mi hijo me escuche”. Entonces es hora de ponerte a su nivel. Escúchalo y míralo fijamente a los ojos. Simplemente se trata de tenerlo en cuenta. De ese modo, sentirá que realmente te importa aquello que dice. Pues aquello que a priori parece una tontería para tí, puede ser de gran importancia para él.

De este modo, el niño se sentirá incluído, valorado y respetado. Asimismo, aprenderá valores como la tolerancia, la empatía y la aceptación. Aprovecha eso que tanto te desespera para dejar las mejores semillas en tu pequeño. Veras que a futuro darán los más dulces frutos.

Todo esto que parece tan simple es precisamente lo que los padres no suelen implementar. Se trata de la famosa y difundida escucha activa. ¿Quieres conocer todos los beneficios que representa? Entonces presta atención al siguiente listado de ventajas:

  • Genera comunicación efectiva. De esta manera se posibilita una forma de comunicación correcta y efectiva. En ella, ambas partes interactúan con igualdad, escuchando activamente y respondiendo respetuosamente.
  • Otorga herramientas de expresión. Esta es una excelente forma de nutrir su vocabulario, especialmente el emocional. Nada mejor que el menor pueda poner en palabras lo que siente, qué le entristece, qué le angustia y demás.
  • Desarrolla la inteligencia emocional. De este modo, el infante puede identificar sus propias emociones para ponerlas en palabras. Entonces, el próximo paso consiste en enseñarle a gestionar eso que le pasa. También puede decodificar las emociones de sus progenitores y actuar en consecuencia.                                                                                         c6fa82bf958addea6ea20955f8c4d765
  • Gana confianza. El saber que es escuchado a la hora de exponer su punto de vista, la criatura adquiere gran confianza en sí mismo. Asimismo, comenzará a confiar en sus aptitudes comunicativas y en el poder de la palabra a la hora de resolver conflictos.
  • Promueve su autoestima. Una vez que eso pase, el chico termina alimentando su autoestima, de la manera más positiva y ventajosa. Se entenderá capaz de solucionar problemas como un adulto: dialogando pacíficamente.
  • Alimenta el aprendizaje de igualdad. Ambos a la misma altura, con las mismas posibilidades en una comunicación con feed-back.
  • Refuerza la comunicación no verbal. Aquí no solo te dispones a hablar y escuchar, sino que entran en juego otros elementos de vital importancia. La postura, la gesticulación y -especialmente- la magia del contacto visual.
  • Acentúa la concentración y la atención. Lo mejor de todo es que actúa tanto en quien se dispone a escuchar como en quien se expresa.
  • Transmite calma y serenidad. Solo de esta manera lograrás que el niño efectivamente se tranquilice. Los niños simplemente quieren ser tenidos en cuenta. Y en esta ocasión, también escuchados.