¿Qué son las regresiones infantiles?

18 Noviembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Ana Couñago
La regresiones infantiles son normales y muy frecuentes en los niños de edad preescolar. ¡Descubre a qué nos referimos con este término!

El desarrollo evolutivo no se da de forma lineal, sino que a lo largo de todo el proceso tienen lugar multitud fluctuaciones, de manera que los niños a veces avanzan, a veces se estancan y, en otras ocasiones, retroceden.

En las siguientes líneas nos vamos a centrar en esto último, en los pasos hacia atrás que se pueden observar a lo largo del crecimiento de los pequeños. En el mundo de la psicología y de la educación a dicho fenómeno se le conoce con el nombre de regresiones infantiles.

¿Quieres saber más sobre este término? ¿Cuándo resultan preocupantes los comportamientos regresivos? ¿Qué hacer en estos casos? A continuación, respondemos a todas estas cuestiones.

¿Qué son las regresiones infantiles?

Las regresiones infantiles son mecanismos de defensa que algunos niños llevan a cabo de forma natural e inconsciente para hacer frente a situaciones que consideran difíciles o estresantes, tales como un cambio de colegio, una mudanza, el nacimiento de un hermano, la separación de los padres, el fallecimiento de un familiar, etc.

Niño sufriendo regresiones infantiles.

Así, los pequeños comienzan a mostrar comportamientos excesivamente inmaduros, propios de una edad evolutiva anterior, como si quisiesen volver a ser bebés. Esto suele ser común entre los niños de edad preescolar, es decir, entre aquellos que tienen de 3 a 5 años, pues aún no han adquirido los recursos cognitivos y emocionales suficientes para afrontar adecuadamente las adversidades o asimilar los cambios que tienen lugar en la vida.

Muchas madres y padres se preocupan demasiado cuando ven que sus hijos vuelve para atrás y realizan conductas que ya habían superado, como pueden ser las siguientes:

  • Utilizar el chupete.
  • Tomar el biberón.
  • Pedir ayuda para comer.
  • Querer dormir junto a los progenitores.
  • Chuparse el dedo.
  • Utilizar pañales y tener dificultades para controlar los esfínteres.
  • Hablar con un lenguaje propio de bebés.

Sin embargo, en la mayoría de los casos, dichos comportamientos regresivos no suponen un problema para el correcto desarrollo infantil. Simplemente estos niños se encuentran en un momento de sus vidas en el que necesitan parar y regresar a una fase anterior para sentirse seguros y así recuperar la confianza perdida con la nueva situación.

En definitiva, normalmente las regresiones infantiles son pasajeras. Solo hace falta tiempo y paciencia para que los pequeños las superen y vuelvan a la misma etapa del desarrollo en la que se encontraban.

¿Cuándo es conveniente acudir al psicólogo?

Únicamente hay que alarmarse cuando los comportamientos regresivos permanecen con el paso del tiempo y no son superados de forma natural por los niños o cuando estos aparecen junto a otras conductas disruptivas, como irritación, agresividad, rabietas, etc.

En estos casos, las regresiones infantiles pueden estar ocultando un problema emocional más grave, por lo que conviene pedir ayuda a un especialista para que el niño pueda comenzar el tratamiento psicológico correspondiente que le permita adquirir herramientas para superar la situación de la mejor forma posible.

Sobre las regresiones infantiles

Las regresiones infantiles deben ser aceptadas por las madres, padres o principales cuidadores de los menores, al igual que se aceptan los logros evolutivos.

Niño pensativo.

Obviamente, como educadores, ver cómo los niños avanzan en su desarrollo resulta gratificante. Pero eso no significa que haya que hacer un drama cuando ocurre exactamente lo contrario, es decir, cuando se observa un retroceso en el desarrollo de los pequeños.

En este sentido, hay que tener siempre en cuenta la siguiente frase:

“Cada niño tiene su propio ritmo de desarrollo. Presionarlo para que vaya más rápido es como inflar un globo más allá de sus posibilidades. Algún día explotará.”

-Anónimo-

En base a estas palabras, se puede afirmar que lo mejor que se puede hacer para favorecer el crecimiento y el aprendizaje de los niños es respetar su propio ritmo y permitirles que avancen, que se estanquen y que, si es necesario, vayan para atrás. Pero siempre hay que contar con el apoyo y el cariño de la familia pues, al fin y al cabo, esto es lo más importante para potenciar el desarrollo óptimo de los pequeños.

  • Casado-Flores, J., Jiménez-García, R. y Faya-Barrios, M. (2019). Trastornos del comportamiento de niños y adolescentes. Guía práctica para padres. Madrid: Ergon.