¿Qué son los embarazos psicológicos?

Fernando Clementin · 1 julio, 2018
El poder de la mente humana llega a los límites más inesperados. Una fiel demostración de ello son los embarazos psicológicos; a partir de los estímulos del cerebro, el cuerpo desarrolla una sintomatología tal y como si se tratara de una gestación real.

Los embarazos psicológicos, también llamados pseudociecis, conforman un síndrome muy particular en el que la mujer no solo cree estar esperando un bebé, sino que incluso manifiesta los síntomas de ello. Ahora bien, ¿Qué tan común es esta condición? ¿Cuáles son las maneras de detectarlo?

En primer lugar, merece la pena aportar números a la cuestión para subrayar la frecuencia escasa que se da en cuanto a embarazos psicológicos. Apenas 1 de cada 22 mil mujeres padecen este problema. Se trata de un número sumamente bajo, sobre todo si consideramos que puede afectar a cualquier mujer de entre 20 y 40 años, o incluso más.

No se debe confundir a los embarazos psicológicos con el delirio de embarazo. Esta última patología se caracteriza por no presentar sintomatología física y se trata con antipsicóticos. En el embarazo psicológico, en tanto, la mujer sí presenta signos de una gestación.

¿Por qué se dan los embarazos psicológicos?

Así como la figura de la mujer, la aparición de esta patología ha ido cambiando con el paso del tiempo. En siglos pasados, el papel de la mujer en la sociedad era casi exclusivamente el de tener hijos; por lo tanto, esto era una preocupación central para muchas de ellas. Hoy, en cambio, los intereses y objetivos de vida han mutado; por eso, el embarazo no representa un anhelo central para todas ellas.

Posibles causas

El desencadenante más evidente de los embarazos psicológicos es el deseo desmesurado, de algunas mujeres, por ser mamás. Muchas, incluso, lo toman como una condición necesaria para reafirmar la vida en pareja o para salvar una crisis conyugal; el anhelo por un bebé es tan grande que acaban ‘fabricándolo’.

Asimismo, pueden influir las grandes presiones sociales o familiares. Otros posibles desencadenantes son los siguientes que citaremos:

  • Infertilidad: las mujeres que padecen complicaciones para quedar embarazadas pueden obsesionarse con el tema y padecer un embarazo utópico. También puede ocurrir a quienes han padecido uno o varios abortos espontáneos.
  • Menopausia precoz: la desregulación hormonal provocada por esta condición, que implica la imposibilidad de tener otro bebé, también es una posible causal.
  • Temor a quedar embarazada: es más común en mujeres jóvenes, por lo general inexpertas en relaciones sexuales.
  • Depresión: los sentimientos de soledad o el atravesar por un momento de gran estrés emocional pueden ocasionar este trastorno.
  • Abusos sexuales en la infancia o adolescencia: los embarazos psicológicos pueden aparecer como secuelas de estas experiencias traumáticas.

“El desencadenante más importante de los embarazos psicológicos es el deseo desmesurado de algunas mujeres por ser mamás”

Síntomas de los embarazos psicológicos

Los embarazos psicológicos se caracterizan por presentar una sintomatología idéntica a la de una gestación normal. De ahí que resulte algo tan llamativo: el cuerpo verdaderamente acaba respondiendo a los pensamientos de la mujer, pese a que no haya en su útero un bebé en formación.

Entre los signos que se dan en los casos de embarazos psicológicos, podemos destacar:

  • Falta de ovulación: como si se tratara de una gestación normal, en el embarazo ficticio se suspende la menstruación; el motivo es que el cerebro suspende o disminuye la producción de hormonas que regulan este proceso.
  • Aumento del tamaño de los pechos: estos, a su vez, sufren cambios en su pigmentación y hasta comienzan a producir calostro. Esto se produce por el aumento de prolactina y progesterona.
  • Náuseas, acidez, vómitos y dolores de espalda típicos del embarazo.
  • Ablandamiento del útero.
  • Crecimiento de la barriga y aumento de peso: es, quizás, el síntoma que más llama la atención. La única diferencia con un embarazo real es que no se produce una inversión de ombligo.

Además, como resultado del aumento de la gonadotropina, las pruebas de embarazo dan resultados positivos cuando se genera un caso de falso embarazo.

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¿Cómo se tratan los embarazos psicológicos?

La manera más común de detectar los embarazos psicológicos es mediante la ecografía. En esta, al ver que no existe un feto en formación y que tampoco hay señales de latido fetal, los profesionales confirmarán que no se trata de un embarazo real.

Ahora bien, el problema suele radicar en cómo comunicarselo a la mujer. Se debe recordar que, justamente, una de las raíces de esta condición pueden ser sus ganas desmedidas de esperar un bebé. Por ese motivo, la delicadeza y el tacto deben primar. De hecho, muchos médicos deciden conversar primero con la pareja u otros familiares para planificar las acciones a seguir de manera conjunta.

En cuanto a la mujer en sí, este trastorno suele no requerir de un tratamiento médico, pero sí psicológico. Por lo general, se recomienda que las mujeres superen este cuadro con la asistencia de un profesional, con el fin de evitar futuros cuadros depresivos o de ansiedad.

Finalmente, vale remarcar que padecer un embarazo psicológico de ninguna manera imposibilita a la mujer de quedar embarazada en el futuro. Por supuesto, tampoco es señal de demencia ni de invalidez mental.