Problemas alimentarios en la infancia

Amanda · 12 marzo, 2017

Podría decirse que la mayoría de los niños tienen problemas alimentarios menores. Sin embargo, no todo el tiempo se trata de situaciones graves con respecto a su salud; según los especialistas es más bien un asunto conductual sencillo de llevar y resolver.

En gran medida, los inconvenientes con respecto a la comida del niño, son intensificados por los padres, porque la hora de comer se convierte en la más complicada del día por distintas causas. Por lo general, la distracción de los niños y el poco interés por los alimentos, conduce a que se cree un ambiente poco apropiado para conseguir el éxito en la alimentación.

Mesas llenas de juguetes, niños que comen lento, preparaciones para nada apropiadas y padres que pierden la paciencia, no podrían considerarse del todo un problema alimentario, sin embargo, lo son. La batalla que representa conseguir que los pequeños se alimenten bien, no es solo culpa del niño y tampoco es un caso clínico pero existen otros que sí lo son.

Existen problemas alimentarios mayores, que también pueden aparecer en la infancia. Aunque con menos frecuencia, podemos encontrarnos con casos de bulimia o anorexia y en mayor grado casos de obesidad; sin embargo, en este post nos concentraremos en tratar problemas menores en la alimentación infantil.

¿Cuáles son los problemas alimentarios menores en la infancia?

Muchos padres podrían ofenderse con el término de “problemas menores”, sobre todo cuando supone para ellos una catástrofe permanente. A los padres que les cuesta alimentar con tranquilidad a sus hijos, no les parece para nada menores estos problemas; pero en realidad estamos seguros de que prefieren tener estos, en relación a aquellos más graves.

Como sabemos, algunos problemas mayores en la alimentación, son un peligro muy serio para la salud física y emocional del infante. Sin embargo, dentro de los problemas menores, el mayor de los problemas es que el niño no se alimente adecuadamente por incapacidad de los padres de resolver esta situación.

Los niños dan problemas para comer por diversas causas, por eso muchas veces en las consultas nos encontramos con padres agotados que ya no encuentran qué hacer para mejorar esta situación. Es verdad que la mayoría lo ha intentado todo, pero también hay casos en los que se dejan llevar por los consejos de otras personas o terminan por dejar que el niño se salga con la suya.

Para los expertos, los problemas menores son similares, pero no todos se repiten en el mismo niño. Es decir, algunos niños pueden tener problemas para concentrarse a la hora de comer y otros podrían presentar inconvenientes con el tipo de alimentos que se les da. Entre los principales problemas alimentarios en la infancia, tenemos.

  • El niño come muy despacio o se demora excesivamente comiendo
  • Aparentemente no está masticando bien, no puede tragar o succionar
  • Nunca parece tener hambre
  • Vomita la comida con frecuencia
  • Se comporta de manera específica durante las comidas; por ejemplo, se levanta de la mesa continuamente, toma el hábito de comer al mismo tiempo que juega, debe comer de pie u otra posición inusual, come solo si le cuentan una historia o exige que le de la comida algún miembro de la familia en particular
  • No adquiere los hábitos básicos de alimentación, como dejar de usar los cubiertos, jugar con la comida o ingerir los alimentos que están fuera del plato

  • Negarse a comer ciertos alimentos por su forma o color
  • Especificar cierto tipo de alimento, por lo cual, podría estar ingiriendo la misma versión de comida todos los días.

Estos problemas en términos generales son inofensivos, pero pueden llegar a colmar la paciencia de los padres porque requieren la intervención. Es común que los niños que presentan estos problemas terminen haciendo lo que quieren, por lo cual, su comportamiento tiende a cambiar cuando no está provocando un efecto concreto.

En todo caso, el verdadero inconveniente en este hecho es que el niño no logre alimentarse correctamente. Es decir, que por causa de sus hábitos poco usuales, deje de recibir ciertos nutrientes esenciales o no esté recibiendo la cantidad adecuada de alimento. También es grave que no logre aprender el comportamiento básico en la mesa, lo que puede provocar una conducta social poco apropiada.