¿Existe la anorexia infantil?

Amanda · 28 marzo, 2016

Quizá para muchos sea causa de sorpresa, pero la anorexia infantil sí existe y está plenamente identificada por los especialistas. Al respecto, es posible que la estemos comparando con la anorexia en los adultos y en particular con esa conducta dañina que en la actualidad se ha apoderado de muchas personas, en especial mujeres jóvenes que desean ser delgadas.

Sin embargo, la anorexia es un trastorno de tipo alimenticio que puede afectar a cualquier persona. Se puede hablar de una resistencia voluntaria, en la cual el afectado decide no ingerir alimentos; pero también de casos donde se produce un rechazo espontáneo originado por diversas razones.

Por otro lado, sabemos que por lo general los niños crecen repitiendo estilos de vida de otros adultos, imitando actitudes y comportamientos. Los padres somos el primer modelo a seguir en múltiples aspectos, por ello gran parte de sus hábitos son el reflejo de lo que observan en su círculo familiar más cercano.

Por ende, si mantenemos un hábito errado o ineficaz, el niño puede copiarnos con suma atención e incluso se puede convertir en una versión “mejorada”. De manera que, lastimosamente también es conveniente hablar de casos donde la anorexia infantil se ha convertido en un hábito tomado de alguna persona cercana.

Ya sea por razones de manejo equivocado de información o mal uso de recursos, pero sin darnos cuenta podemos estar agravando el problema; por ejemplo, de acuerdo a los factores que intervienen en el desencadenamiento de la anorexia infantil, es posible que estemos permitiendo que el hábito crezca sin actuar.

¿Cuándo hablamos de que existe la anorexia infantil?

Existen varios tipos de anorexia infantil, pero no siempre estos son diagnosticados de la manera correcta; por ejemplo la Anorexia en el Lactante es con frecuencia confundida con los problemas relacionados a la intolerancia a la lactosa.

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Otros tipos como la Anorexia Fisiológica, se debe a la cantidad de alimentos requeridos de acuerdo a la edad y por su parte, la Anorexia Psicógena viene dada por factores externos como la presión y la excesiva ingesta de comida.

No obstante, existen ciertos factores que pueden provocar que un niño se vuelva anoréxico, entre los cuales tenemos los siguientes.

  • El niño que padece de obesidad y es sometido a constantes abusos o burlas, es probable que presente nauseas o dolores abdominales que muchas veces son inventados por él para evitar consumir ciertos alimentos.
  • En caso de padres perfeccionistas o muy exigentes, que someten a sus hijos a regímenes alimentarios muy estrictos. Esto suele ocasionar que la obligación de comer ciertos alimentos o la prohibición de otros, genere un proceso anoréxico de tipo psicógeno
  • Niños (en especial niñas) que se dedican a la actividad de modelaje, donde pueden existir requerimientos determinados por las exigencias del mercado para el cual trabajan. En este caso particular, se pueden desencadenar problemas graves en edad adolescente.
  • Cuando la hora de comer se convierte en un momento de conflicto con el niño, donde el proceso alimenticio representa un castigo o una tortura
  • El niño está obsesionado con los personajes de sus series favoritas de televisión, en donde se tratan casos similares o hay mucha insistencia en que deben verse extremadamente delgados. Es común en shows cuya temática es el espectáculo o el contexto académico.
  • La familia no ha creado un hábito alimenticio tan consecuente como debería; así como tomar una ducha, dormir a cierta hora o hacer los deberes, es conveniente que tengan establecidas sus horas de comida. También es recomendable que se sienten a comer todos juntos, con el fin de proporcionar un modelo correcto de alimentación.
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Recomendaciones en caso de anorexia infantil

Es recomendable crear hábitos alimenticios en el niño, tal como cualquier otra rutina que tenga a diario, esto con el fin de evitar el posible estrés de la hora de comida. Por otro lado, no hay que obligarlo a comer en el momento que lo indiquemos, si resiste a probar la comida en un horario similar al de la familia, no le reproche por ello.

Volver a intentarlo e invitarlo a comer en otra ocasión, es una responsabilidad y a la vez una clave para conocerlo mejor. En este particular, la idea es tratar de interpretar las razones que lo hacen rechazar la comida, es posible que esté tratando de decirnos algo o que nos esté dando señales de que necesita más atención.

Probemos prepararle platos divertidos, que luzcan apetitosos y de interés para él; esto se puede hacer procurando un ambiente donde se sienta relajado, puedes contarle una historia del alimento que preparaste y tratar de mantener su atención en todo momento.

En casos más complejos lo ideal es buscar ayuda profesional, algún nutricionista nos puede aclarar dudas y determinará si se trata de un problema de metabolismo o si se refiere a causas psicológicas; en todo caso será conveniente consultar primero antes de exponerlo a cualquier calificación errada.