Placenta, cordón y saco: sistema de apoyo vital de tu bebé

Este artículo ha sido verificado y aprobado por el médico Nelton Ramos el 17 abril, 2019
Amanda Sánchez Peralta · 17 abril, 2019

El desarrollo del bebé dentro del útero requiere de un sistema de apoyo vital compuesto por placenta, cordón y saco vitelino. Este sistema se encarga de mantenerlo con vida, al tiempo que permite su crecimiento. Cada parte se forma únicamente para el embarazo actual y tiene una función específica e imprescindible.

Cada placenta, cordón y saco pertenece única y exclusivamente a un embarazo en concreto. Por ende, no son órganos reutilizables. Cabe destacar que estos órganos no intervienen tampoco en ningún otro proceso.

Si la madre vuelve a tener un hijo, este tendrá un nuevo sistema. En el caso de que sea un embarazo múltiple puede ocurrir el compartimiento de la placenta en gemelos idénticos. En la mayoría de los casos, los mellizos o múltiples tienen sacos diferentes y también su propio cordón. Solo cuando son gemelos pueden llegar a compartir alguno de estos órganos.

Placenta, cordón y saco, ¿qué son y para qué sirven?

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La placenta

La placenta es un órgano que se adhiere al útero y se conecta al bebé por medio del cordón umbilical. Su función consiste en producir las hormonas del embarazo, por ejemplo la gonadotropina coriónica humana hCG. También produce la progesterona y el estrógeno.

En este órgano recae la responsabilidad de hacer de enlace entre la madre y el hijo, en cuanto al suministro de sangre. La sangre que circula por el feto, es de la madre, pero operada desde la placenta. Por medio de esta sangre, se transfiere al feto el oxígeno y los nutrientes que provienen de la gestante.

Por su parte, el material de desecho que viene desde el feto, también es transportado por la sangre. Sin embargo, estos productos no se mezclan entre sí, gracias a la acción de la placenta.

Después del nacimiento del bebé se produce la expulsión de la placenta, pues su trabajo termina en este momento. A este proceso se le llama “nacimiento póstumo”. Este soporte vital del feto puede traer graves inconvenientes al feto si falla en algún momento del proceso. A medida que el feto se desarrolla, crece la presión sobre la placenta, lo que comúnmente ocasiona sangrado y otras complicaciones.

El cordón umbilical

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El cordón es la línea de conexión vital entre la placenta y el bebé. Como hemos dicho anteriormente, la placenta es una especie de centro de operaciones entre madre e hijo. Por su parte, el cordón umbilical se encarga de traer y llevar la información correspondiente, a modo de puente.

Este elemento está compuesto de vasos sanguíneos, que son, un par de arterias pequeñas y una vena grande. Las dos arterias se encargan de llevar la sangre a la placenta. Por su parte, la vena trae de vuelta la sangre al feto.

Normalmente, el cordón umbilical puede crecer hasta alcanzar unos 60 centímetros. El propósito de su longitud es que el bebé pueda moverse con libertad. Además, su composición permite que sea resistente a potenciales daños ocasionados por los movimientos fetales.

Tras el parto, el cordón sale unido al bebé y a la placenta, no a la madre. Es cortado, por lo que la mayor parte de este se desecha. El otro extremo sana en la piel del bebé, dando lugar al ombligo.

Saco vitelino o amniótico

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El saco vitelino es un órgano que se llena de líquido amniótico. Su función es albergar al feto durante todo el proceso de gestación. Sirve de abrigo, sala de juego y hogar de tu bebé, de manera indispensable. En el saco amniótico se desarrolla el bebé en las condiciones que la naturaleza determina.

Su composición es ideal para que este pueda permanecer suspendido, al tiempo que le permite movilidad y protección contra acciones externas. Con el fin de que las condiciones del saco sean ideales, este se gradúa a una temperatura aproximada de 37,6 ºC. Para mayor efectividad, es necesario que dicha temperatura se halle unas décimas por encima de las que tiene la madre.

El líquido presente en el saco vitelino aumenta a medida que se desarrolla el embarazo. En la semana 10 se estiman un 30 ml de fluido. Cerca de la semana 36, la cantidad habrá aumentado hasta alcanzar un litro aproximadamente.

Este líquido no sale del organismo materno sino hasta el momento del parto, incluso sale primero que el bebé. Se trata de la primera vez en que el bebé se encuentra fuera de un ambiente acuoso. Sin embargo, aún el bebé se aferra a la placenta y el cordón, los cuales completan su sistema vital.

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