Soy tu padre, no tu sirviente

Todos los niños suelen tener berrinches. Pataletas, gritos, lloros y quejas son algo muy común durante la infancia. Muchos padres tratan de frenar este comportamiento concediendo a sus hijos todo lo que desean. 

Creen, erróneamente, que así conseguirán calmarles. Por desgracia, lo que sucede es lo contrario: esta actitud provoca que piensen que un padre es un sirviente al que pueden manejar a su antojo.

La sociedad cada vez exige más a padres y a hijos. Se vende una idea falsa de perfección laboral, económica y, por supuesto, familiar. Es común que los niños, desde muy pequeños, estén apuntados a miles de actividades extraescolares. No tienen tiempo siquiera para aburrirse o para encontrarse con ellos mismos.

Esto se debe a esa competitividad que obliga a los adultos a ser mejor que el resto, y que se está extrapolando a los niños. Los padres están más centrados en el éxito de sus hijos que en darles una buena educación basada en la armonía, el respeto y el tiempo para jugar.

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Sé su padre, no su sirviente

Hay que tener claro que un niño necesita tener tiempo para no hacer nada. Necesita aburrirse, pensar y jugar. Debe aprender a caerse, a levantarse y a que sus padres no le presten atención todo el rato. Es la única forma de que su desarrollo emocional y cognitivo sea correcto, y de que sepa cómo afrontar diferentes circunstancias de su vida.

En esta era de la tecnología y la competitividad, la mayor parte de los padres solo quieren facilidades para sus hijos. El miedo a un trauma por obligarles a realizar cualquier cosa que no quieran; hacer sus deberes por ellos; complacerles cualquier tipo de deseo que tengan o simplemente, no permitirles ninguna clase de responsabilidad, son factores a tener en cuenta.

Si se les trata así, acabarán por pensar que el mundo real es como en casa. Que ante cualquier berrinche, las personas de fuera les concederán aquello que deseen. Se convertirán en personas tóxicas, que alejarán a la gente de su alrededor. No establecerán relaciones sanas, porque no sabrán reconocerlas.

¿Qué puedo hacer para evitar que suceda esto?

Para evitar que tu hijo te trate como a un sirviente, tienes que seguir una serie de pasos. Puede que al principio te cueste un poco. Es normal que algunos padres se sientan desamparados ante la idea de que sus hijos crezcan. Notar cómo se alejan y empiezan a hacer cosas solos genera nostalgia y algo de tristeza.

A pesar de esto, hay que pensar en lo mejor para ellos. 

 

La infancia tiene sus propias maneras de ver, pensar y sentir. Nada hay más insensato que pretender sustituirlas por las nuestras

-Jean Jacques Rousseau-

Habla con tu hijo

Pero no lo hagas durante un berrinche. El niño no atenderá a razones mientras esté gritando y llorando. Espera a que se tranquilice, y después habla con él. Coméntale de forma asertiva que tiene un mal comportamiento y que no se lo vas a permitir. Si sigue actuando así, nadie de su entorno querrá jugar con él.

Cambia el verbo “estar” por el “ser”

Ante una rabieta, muchos padres suelen acusar a sus hijos de “ser malos”. Esto es algo injusto y negativo, que si se repite mucho al niño acabará creando problemas. En vez de decirle que “es” malo, se le debe decir “lo que has hecho está mal”. Es su comportamiento lo que es pésimo, no él en sí.

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Dale responsabilidades que cumplir

Enséñale a realizar las diferentes tareas de la casa. Dependiendo de su edad, puede aprender a hacer ciertas cosas. Así, se convertirá en alguien autosuficiente, además de sentirse útil. Mientras antes aprenda a desenvolverse por el mundo, mejor le irá. Ayudar en casa siempre es beneficioso.

No le exijas tanto

Recuerda que es un niño. No es el momento de que tenga que enfrentarse a los problemas de los adultos. Debe tener su propio tiempo para jugar y para relajarse. De no ser así, pueden aparecer trastornos relacionados con el estrés y la ansiedad.

Permite que exprese sus emociones

Sentir no es algo malo. Aprender a gestionar las emociones es algo primordial en la educación, siempre y cuando sea de forma correcta. Enseña a tu hijo a expresar su tristeza, su alegría y su descontento. Tampoco olvides dejarle claro que debe hacerlo de forma respetuosa, nunca insultando ni gritando.

 

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