Objetos transicionales: ese peluche del que no se separa

21 mayo, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Elena Sanz Martín
Los objetos transicionales cumplen una importante función en el crecimiento de los pequeños y en su separación de la madre.

Todos hemos visto alguna vez niños con un especial cariño o fijación hacia un peluche o una mantita. Este objeto les acompaña a todas partes y parecen no poder vivir sin él. ¿Pero qué significan realmente estos objetos transicionales a nivel psicológico?

¿Qué es un objeto transicional?

El terminó fue introducido por el pediatra y psicoanalista Donald Winnicott para hacer referencia a un objeto que constituye la primera posesión que el niño reconoce como algo separado de sí mismo.

Un objeto transicional es un objeto material sobre el cual un infante deposita cierto apego. Muestran un especial cariño por este objeto en concreto, siempre lo llevan cerca y suelen recurrir a él en momentos de desconsuelo o cuando tienen sueño.

La postura de los infantes hacia este objeto no es de juego, sino de posesión: lo sujetan, lo chupan, lo besan, lo aprietan contra su cuerpo o incluso lo arrojan al suelo.

Poseer un objeto transicional es una conducta totalmente normal y enmarcada dentro de un correcto desarrollo psicológico del niño. Este objeto cumple importantes funciones en su proceso de separación de la madre y de auto-identificación como un ser individual.Objetos transicionales: ese peluche del que no se separa.

Sin embargo, y dado que este proceso es diferente en cada persona, no todos los niños desarrollan una relación con un objeto transicional.

¿Qué características tienen los objetos transicionales?

Existen objetos transicionales de lo más variado, dependiendo de cada infante. Sin embargo, todos estos objetos de apego comparten algunas características básicas.

  • Tiene una textura agradable, suele ser suave y blandito. Esto se encuentra directamente relacionado con la teoría de la madre suave, según la cual todas las crías tienen la necesidad innata de apegarse a una figura suave para encontrar refugio y protección.
  • Es elegido de forma arbitraria por el niño. Este objeto de apego no puede ser impuesto, sino que el niño lo elegirá por sí mismo aunque a nosotros nos parezca que tiene otros juguetes más bonitos.
  • Es insustituible. Igual que no se puede imponer externamente, tampoco puede sustituirse por otro. En caso de que se pierda, el niño sentirá una profunda tristeza que no será remediada tratando de acercarle a otro objeto. Es únicamente el propio niño quien decidirá apegarse o no a otro objeto.
  • Tiene un olor particular, una huella olfativa que ayuda al pequeño a sentirlo como familiar. Por ello, no es recomendable lavarlo.
  • Son inseparables. El pequeño llevará su preciado objeto a todas partes con él y le resultará imprescindible a la hora de dormir. No hay que tratar de quitárselo, pues le generaremos un gran sentimiento de angustia y tristeza. Con el paso del tiempo y el desarrollo, el objeto irá perdiendo relevancia progresivamente.

¿Qué funciones cumplen los objetos transicionales?

En primer lugar, este objeto representa la transición del niño desde la indiferenciación con su madre hasta la aceptación de la misma como algo exterior. Renunciar a la posesión ilimitada de su madre es algo difícil para el niño, comprender y aceptar que son dos seres independientes y separados. Y que ésta no será siempre capaz de atender sus necesidades al 100 %.

El objeto ayuda al pequeño a atravesar la transición, pudiendo conservar con el objeto algo de la seguridad que su mamá le proporciona. Representa el apego que el bebé siente por su madre y suple ciertas funciones cuando ella está ausente.

Así pues, constituye una fuente de placer y de seguridad que ayuda al pequeño a controlar la ansiedad por separación, lo ayuda a ser emocionalmente independiente y a afrontar situaciones.Objetos transicionales: ese peluche del que no se separa.

¿En qué momentos es importante el objeto transicional?

Estas importantes funciones psicológicas se hacen patentes especialmente en momentos de desconsuelo, hastío o a la hora de dormir. Es en estas situaciones cuando el niño mostrará mas necesidad de encontrarse cerca de su objeto de apego.

También es posible que ante ciertos acontecimientos importantes, como la llegada de un hermanito o el inicio del colegio, el pequeño vuelva a recurrir temporalmente al objeto transicional que ya había dejado atrás.

Los niños suelen adoptar un objeto de apego entre los cuatro y los seis meses de vida, y esta relación suele durar hasta los tres o cuatro años, aproximadamente. Una vez que el niño adquiere control sobre sus emociones y se vuelve más independiente, la relación con su objeto pasará a ser de juego o lo irá sustituyendo naturalmente por otros intereses.

  • Harlow, H. F. (1962). Development of affection in primates. Roots of behavior: genetics, instinct, and socialization in animal behavior/by thirty-one authors; edited by Eugene L. Bliss.
  • Winnicott, D. W. (1967). Objetos y fenómenos transicionales : Un estudio sobre la primera posesión no Yo. Recuperado de https://www.pep-web.org/document.php?id=revapa.024.0817a