Miedos Heredados. ¿Cómo evitarlos?

Amanda · 15 marzo, 2016

Muchos de nuestros temores son miedos heredados, un sentimiento transmitido de madre a hijo sin voluntad y sin culpa alguna; pero que necesariamente deben ser controlados cuando aparecen claramente a nuestra vista. Así como sentimos temor por cosas que aún no comprendemos, es posible que transmitamos esa misma emoción a nuestros hijos.


Por muy temerosos que seamos de algo, es primordial que criemos a nuestros niños serenamente. Si sabemos que no existe un riesgo inminente, es aconsejable controlar nuestras emociones y dejar que los pequeños sientan las propias. Los padres somos la principal influencia en los hijos, por eso a veces la “herencia” que dejamos es un rasgo propio de nuestra personalidad.

Sin embargo, ¿existen fundamentos científicos que demuestren que los miedos se pueden heredar? Según los expertos, ciertas situaciones traumáticas podrían ser transmitidas genéticamente hasta en tres generaciones distintas. En este particular, el miedo es generado por una experiencia que tuvo una incidencia en el comportamiento; no obstante, esta afirmación no demuestra que hay fobia en el ADN.

¿A qué se deben los miedos infundados?

Existen miedos que nacen con nosotros, pero más bien se deben a reacciones ante los cambios, por ejemplo el recién nacido que teme caerse o llora por las sensaciones nuevas como la variación de temperatura en el ambiente.

Sin embargo, no podríamos afirmar que ha heredado genéticamente el miedo a caer, en cambio más adelante quizá sea influido por temer a quedarse solo o al ver un insecto.

En todo caso, los miedos infundados no lo son del todo; infundados significa que no tienen razón de ser o que no existe justificación para sentirlo, pero en teoría aparecen porque preexistió un motivo en la sociedad que se esparció entre las personas. De manera que, el fundamento de tal temor se halla en la trasmisión de esta idea a lo largo de los años.

Por otro lado, acostumbramos a asustar a los niños con personajes inexistentes como “el coco” o “el loco que te va a llevar”; este temor injustificado es generado por nosotros mismos y desencadenante de posibles fobias a ser abandonados, temor a los insectos o cualquier elemento desconocido. Estos son los principales miedos heredados de generación en generación, sin que exista información genética de por medio.

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¿Cómo evitar los miedos heredados?

Si hablamos de herencia genética, sería desde el punto de vista científico: inevitable. No obstante, como ya hemos explicado, hablamos de una herencia más bien social y de comportamiento; es reconocido científicamente que los temores son aprendidos más que heredados, por lo cual existe total capacidad de evitarlos.

Para asegurarnos de que nuestros hijos no compartan los temores que nos han acompañado de por vida, lo principal es tener autocontrol. Aunque no hay una manera exacta de evitar sentir miedo o hacerlo desaparecer, se halla en nosotros la posibilidad desarrollar estrategias para enfrentarlo.

En este sentido, como sabemos que la vida de los padres está llena de sacrificios; este es uno de los esfuerzos que necesariamente debemos considerar realizar. Si tenemos alguna fobia, es comprensible que no se puede controlar fácilmente, pero es algo que merece la pena enfrentar con gallardía para proteger a los niños de que se asusten por vernos descontrolados.

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Dicho esto, ¿cómo evitar que nuestros hijos hereden los miedos sociales? Muchas personas tiene temor a las serpientes por ejemplo, pero quizá algún niño sienta curiosidad por ella, sin saber el peligro. En este sentido, somos los adultos quienes por precaución lo apartamos de ella y con horror le advertimos el riesgo; en este momento es posible que estemos trasmitiendo un nuevo temor al pequeño.

Para evitar una posible fobia, es importante que controlemos nuestro estrés, usemos el lenguaje correcto e intentemos que reflexione en lugar de que se asuste, es conveniente para que el niño obtenga un aprendizaje perdurable. Además evitamos que sus temores se descontrolen volviéndolo emocionalmente inestable.

En otros casos, los miedos son totalmente trasmitidos socialmente por factores externos a la emoción individual; por ejemplo temor a la criminalidad, a la inflación, o a la soltería. Al respecto, es posible que sin sentir una emoción genuina hacia esto, nos dejemos llevar por las opiniones ajenas y terminemos envueltos en cadenas de rumores que nos afectan y por ende también a nuestros hijos.

En ocasiones las experiencias que son traumáticas para personas allegadas a nosotros, nos atemorizan tal como si nos hubiesen sufrido directamente; es lo mismo que les pasa a los niños, pues ellos confían en la seguridad que sus padres les trasmiten. Por lo tanto, cuando los adultos perdemos el control, podemos provocar inexorablemente el propio descontrol de los pequeños.