Mamá, ¡ya no soy un bebé!

Tiene que pasar cierto tiempo, pero seguramente va a llegar el momento en que sigamos tratando a nuestro hijo como si no hubiese crecido. Aunque no todos los niños son lo suficientemente atrevidos como para decir estas palabras a su mamá, hay muchos quienes tratarán de buscar auxilio diciendo: “¡Ya no soy un bebé!”


No es que esté mal, pero algunas madres llegan a ser exageradas en el cuidado de sus hijos, a los cuales tratan como bebés aunque sean adolescentes. Esto no se va a romper tan fácilmente, pues primero ellos mismos deben haber adquirido la independencia suficiente para buscar su propio espacio.

Además, es normal que cada quien quiera realizar las cosas a su manera, pasa con el estilo, la forma de vestir, las actividades que realizan o la manera de personalizar su habitación. De igual manera, aunque nunca nuestros pequeños no se hayan quejado abiertamente de lo incómodos que se sienten en algunas situaciones, es posible que lo notemos con sus acciones.

Puedes saber que tu hijo ya no es un bebé cuando:

  • Le cuesta aceptar que lo mimes y lo abraces
  • Muestra vergüenza por cosas que haces o dices
  • La manera de vestirse ya no es de tu gusto
  • Comienzas a desconocer los temas que maneja
  • Ha dicho que tiene un sueño para el futuro
  • Su héroe de carne y hueso ya no eres tú
  • Pregunta mucho más de lo que recordabas
  • Dice que tiene un amor, o está enamorado

En todo caso, aunque estas situaciones no son precisamente síntomas de una enfermedad extraña, muchas veces tienden a tomarnos por sorpresa y en algunos casos pueden llegar a herir susceptibilidades. No obstante, no te podemos aconsejar que evites esto, solamente existe ayuda para aprender a manejarlo y superarlo efectivamente.

Mi hijo ya no es un bebé, debo superarlo

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Es posible que hace mucho quisieras que tu hijo creciera y pasara esa etapa donde dependía de ti para todo, pero quizá no imaginaste que fuera doloroso; también hay algunas madres que esperaban que nunca les pasara. Sin embargo, sea cual sea tu caso, una vez que tu hijo deja de ser un bebé no hay vuelta atrás.

Si ya te ha pasado que el niño no quiere que lo mimes como lo hacías antes, te recomendamos que no te desanimes, el no habrá dejado de quererte, solo que intenta hacerse el duro. Es una manera de manifestar que es independiente, lo hace demostrando indiferencia ante el apego que una vez existió.

Esta manera de actuar es normal, pero, pese a que debemos permitirlo en gran medida, es oportuno recordarles que tenemos derechos a demostrar nuestro amor y ellos también pueden hacerlo aunque sean grandes. Decirles que las personas adultas pueden abrazar y dejarse mimar por sus mamás, basta para que sepan que no hay nada de malo en eso.

Por otro lado, debemos comprender que esto es algo por lo que obligatoriamente pasaremos y es mejor aprender a vivir así. Mientras más resistencia ofrezcamos a superar esta etapa, más doloroso y complicado será para ambos.

No se trata de desamor, es la personalidad que aflora

Cada persona tiene sus características que las definen, esto es algo que desde la infancia comienza a manifestarse. Cuando los niños expresan disgusto por algo o realizan sus típicos berrinches, es porque en sus mentes hay algo diferente a lo que se les intenta inculcar, esta es de las primeras manifestaciones de su personalidad.

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Que los niños sientan vergüenza de sus madres no implica que no las amen, si no que es una señal de que ellos no actuarían de la misma manera y no están cómodos con aquello. Esta etapa debe ser superada con paciencia, por eso para evitar que sea un problema mayor, los niños deben ser criados con sólidos valores y una exigencia clara de respeto a sus progenitores.

Las señales que ponen en evidencia que un niño ya no quiere ser tratado como a un bebé, pueden ser diferentes en cada uno; pero sea cual sea, es primordial que lo hagan con respeto. En este sentido, no podemos evitar que crezcan, ni podemos regresarlos a una edad inferior, pero sí podemos controlar que no exageren o puedan llegar a herir nuestros sentimientos.

Una clave para superar con éxito esta dura etapa de la maternidad, es haber fomentado la confianza, la buena comunicación y una relación armónica, donde reine el buen humor, la cooperación y el entendimiento.

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