Soy mamá de una niña con déficit de atención

Nadyra Muhammad · 1 marzo, 2016

Así es, soy mamá de una princesa despelucada con déficit de atención que ha sido el mejor regalo que me ha dado la vida. Es la que me pone la casa y la cabeza al revés en dos segundos para luego mostrarme los ojos con la mirada más brillante que he visto jamás, porque ella es intensa hasta en el brillo de sus ojos.

Mi princesa singular, la de los gustos exóticos como los caballos, Egipto, la gimansia, los helicópteros y las princesas… ella es diferente, sí lo es, es única.

Ella, desde siempre fue especial

Mi pequeña, como todos los bebés que desarrollarán esta condición, dio señales claras desde que nació: era una bebé “irritable”, es decir, lloraba con frecuencia y le costaba calmarse, le costaba mantenerse dormida, necesitó protector en la cuna hasta que pasó a la cama porque se movía mucho al dormir, sus ojitos inquietos no dejaban de inspeccionar todo cuanto ocurría a su alrededor desde el día que nació, desde ese mismo instante.

También le costaba entretenerse con los juguetes, necesitaba que me sentara a su lado para ayudarla a mantenerse interesada por un poco más de tiempo. Así fuimos creciendo, ella, su papá y yo.

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Es una niña de intensos sentimientos

En ella, el déficit de atención se manifiesta de manera primordial a través de su impulsividad, es impaciente y apurada, algunas veces hasta descuidada. Sin embargo, esta impulsividad la hace ser la persona más cariñosa que haya conocido, no lo duda para regalar los abrazos más espontáneos y sinceros, reparte besos con alegría, dice cumplidos hermosos, tal y como se le vienen a la mente. Es espontánea, afectuosa y alegre. Descubre en todo algo gracioso que la hace reír a carcajadas, incluso cuando estamos en lugares donde no se oye ni el ruido de una mosca.

Claro, esta impulsividad también la hace ser imprudente en ocasiones (bueno, casi siempre) así como dice las cosas hermosas que le pasan por la mente, también dice otras que no resultan corteses, pero estamos trabajando para que aprenda a controlar eso, ella lo logrará con un poco de paciencia y de madurez.

La perseverancia es el secreto de su éxito

Si alguien es perseverante es ella, los especialistas a veces catalogan esta característica propia del déficit de atención como negativa, sin embargo para ella ha sido el secreto de su éxito.

No hay dificultad que la detenga, tiene un lema de vida que es algo así como “si es difícil lo intento más veces”, es perseverante, insistente y determinada. Yo la he visto superar contratiempos con una firmeza admirable. Estoy tan orgullosa de ella, así como es.

¡Esta insistencia en ocasiones me saca de quicio, lo confieso! Puede hacer la misma pregunta un sinfín de veces solo con la finalidad de que por obstinación le diga que sí. En ocasiones se enfrasca en situaciones que no pueden ser resueltas, le cuesta pasar a otro tema, sin embargo, estoy segura de que esto es difícil de manejar para ella, pero no me cabe duda que lo logrará, y nosotros la acompañaremos hasta que lo logre con la misma perseverancia que hemos aprendido de ella.

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Es una explosión de colores y emociones

Todavía le cuesta un poco controlar la intensidad de sus emociones; cuando está feliz quiere regalarte el cielo, cuando está molesta se convierte en tu peor enemigo en segundos y cuando está triste llora con las lágrimas más grandes y sinceras que he visto en mi vida.

Y es justamente aquí donde ha estado nuestro mayor reto como padres, cómo educarla emocionalmente respetándole sus características esenciales. No queremos que deje de ser afectuosa, espontánea y divertida, pero si dominara un poco más sus molestias seguro que le iría mejor en la vida.

Pues aquí vamos creciendo con ella de la mano de algunas terapias que nos han ayudado a moldear este gran tesoro que tenemos en nuestras vidas, creciendo junto a ella como padres, a veces corriendo detrás de ella, otras a su lado.

¿Y si fuera diferente?

Si fuera diferente no sería tan especial. En ella, su déficit de atención junto a su fortaleza social han sido su sello personal. Es única jugando a las princesas encantadoramente despelucada, con la corona torcida, pero con tan buena actitud y la mirada más brillante que haya visto, que es la más bella entre las bellas.

Es imprudente, sí claro, pero es tan espontánea y divertida que esos pequeños deslices quedan en el olvido rápidamente.

Es desordenada, sí claro, ¡vaya que lo es!, pero cuando “ordena” pone tanto entusiasmo en lo que hace que hasta cuando cambia de lugar las cosas, conservando el desorden, se ve genial el cuarto.

Es ocurrente, así como su cuerpo y su lengua trabajan rápido, su mente también. Piensa rápido, siempre tiene una explicación para todo y una respuesta, esto la hará ser exitosa, no me queda duda.

Y si fuera diferente no sería mi princesa despelucada, habladora y ocurrente, la que llena mis días de ternura desbordada y situaciones graciosas. ¡La amo así como es, no la cambio por nada!

No dejes que un diagnóstico, el que sea, determine el futuro de tu hijo. Cree en él, en sus fortalezas, confía en que podrá, cuán lejos podrá llegar nadie puede saberlo, pero siempre estate allí, lista para verle triunfar.