La primera visita al ginecólogo durante el embarazo

Inés Gómez 24 septiembre, 2017

Descubrir que estás embarazada es siempre algo sorprendente. Una nueva vida crece en tu interior, poco a poco. Junto a ella, miles de dudas relacionadas con la gestación surgen en nuestras cabezas. Debido a esto, debemos empezar a planificar nuestra primera visita al ginecólogo.

Muchas madres temen que llegue este momento. Estar en contacto con una persona ajena, sin saber lo que va a ocurrir, muchas veces genera estrés y ansiedad. Afortunadamente, esta impresión no puede estar más alejada de la realidad.

El ginecólogo es una persona especializada, que llevará a cabo una serie de estudios sobre la salud de la madre y la del bebé. Su única intención es prevenir cualquier problema durante el embarazo, además de brindar la información concerniente.

Es necesario acudir a su consulta entre las semanas 6 y 9 de embarazo. Esto es porque antes de la sexta semana, el embrión todavía no está lo suficientemente desarrollado. Aún no pueden oírse los latidos fetales, por lo que planificar una cita médica carece de sentido.

 

Un bebé es algo que llevas dentro de ti durante nueve meses, en tus brazos durante tres años y en tu corazón hasta el día que te mueras

-Mary Mason-

 

¿Qué se hace durante la primera visita al ginecólogo?

Durante la primera visita al ginecólogo existe una serie de procedimientos obligatorios. Todos ellos sirven para confirmar el buen estado de la embarazada y del feto. También permite al doctor averiguar si existe la posibilidad de experimentar complicaciones, como malformaciones o abortos.

Dentro de este primer examen también suele calcularse la fecha prevista del parto. Para ello se tiene en cuenta la fecha de la última menstruación.

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Procedimientos a seguir

Ecografía vaginal

La ecografía vaginal es utilizada para descartar posibles factores de riesgo. El ginecólogo necesita saber si el embrión se está desarrollando correctamente. Lamentablemente, hay casos de embarazos peligrosos (como el embarazo ectópico) que muchas veces deben interrumpirse.

El ultrasonido transvaginal también nos sirve para confirmar el embarazo de una forma totalmente completa y sin fallos.

Análisis de sangre

Los análisis de sangre son imprescindibles tanto para ti como para el padre del bebé. Comprueban que no exista ningún tipo de incompatibilidad sanguínea, así como enfermedades de transmisión sexual.

Con esta prueba se averigua el factor Rhesus, que puede ser determinante en un futuro. Si la madre presenta un Rh negativo y el embrión un Rh positivo, puede sensibilizarla con anticuerpos antiRh. De ser así, para evitar complicaciones durante un embarazo posterior es recomendable vacunarse.

Análisis de orina

Sirven para medir el nivel de azúcar en la orina. Lo mismo ocurre con la aparición de posibles bacterias, que pueden indicar una infección en las vías urinarias. De la misma forma se utiliza para descartar la diabetes y futuro problemas de presión arterial.

Historial clínico

Para elaborar el Historial Clínico, el ginecólogo te hará una serie de preguntas. Todas ellas están relacionadas con tu salud y la de tu pareja. La intención es conocer si existen ciertas enfermedades en la familia, los hábitos alimentarios, alergias o cualquier tipo de intervención quirúrgica.

Los antecedentes familiares es un aspecto muy relevante que se tiene en cuenta. También es muy importante informarle de si se ha sufrido algún aborto con anterioridad. Esto no significa que tenga que volver a ocurrir, pero es mejor estar alerta.

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Posible fecha del parto

Durante la primera visita al ginecólogo, este también calculará la probable fecha del parto. Para realizarlo se utiliza la denominada Regla de Naegele. Este método consiste en restar tres meses y sumar siete días a la fecha de la última menstruación. 

Además de esta fórmula, existen una serie de calculadoras en las que solo hay que añadir los datos. Ellas mismas realizan la cuenta y son igual de eficaces.

Pruebas de diagnóstico prenatal

Si la edad de la madre supera los 35 años, es común realizar esta clase de pruebas. Lo mismo ocurre si existen enfermedades congénitas familiares o si la embarazada ha estado expuesta a agentes tóxicos.

Por lo general, los procedimientos son sencillos y carecen de peligro. Consisten en extracciones de sangre o ecografías de translucencia nucal, aunque existen casos específicos que no son tan simples. Estos últimos incluyen técnicas invasivas como la amniocentésis o la biopsia, que pueden poner en peligro la vida del bebé.

Hay que ser conscientes de que el embarazo es una etapa maravillosa, y como tal, debe disfrutarse al máximo. Someterse a las pruebas pertinentes para asegurar nuestra salud y la del bebé no solo es obligatorio, sino también recomendable. La tranquilidad de saber que el embarazo se desarrolla con normalidad nos aportará paz mental y eliminará cualquier atisbo de ansiedad.

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