La maternidad no es mágica, pero hace mi realidad mucho más hermosa

La maternidad no es mágica, a instantes duele, lo sabemos, y nos agota, nos llena de miedos e infinitas dudas. Sin embargo, hay algo que sí sabemos, algo que nos dice nuestro corazón, nuestros sentidos y cada célula de nuestro cuerpo: nunca hasta ahora disfrutamos de una realidad más hermosa y significativa.

Es muy posible que en tu familia, te hayan explicado en más de una ocasión la historia de tu abuela o de tu bisabuela. Esa mujer valiente que fue capaz de criar a diez o doce hijos, alguien que a su vez, tuvo que afrontar la pérdida de alguno de esos niños dados aquellos tiempos de carencia y de dificultad. Cuando escuchamos esos relatos verídicos, hermosos pero también descarnados, no podemos evitar quedar sorprendidos.

¿Cómo lo hacían en esos días? ¿Cómo lograban criar a todos sus hijos mientras que tú, solo con uno o dos pequeños hay días que no llegas? Lo creamos o no, toda mujer tuvo las mismas dudas, las mismas preocupaciones y los mismos miedos. Sin embargo, ahí queda su legado, su fantástico linaje, ese del cual formas parte y que ahora, haces aún más grande con tus propios hijos.

La maternidad no es mágica. Eso lo aprendes desde bien temprano, de hecho ya lo intuyes en el embarazo, lo descubres en el parto y lo constatas en la crianza. Aunque eso sí, en cada paso que das cada día, acontece algo excepcional que te marca para siempre: ese amor que albergas por esa nueva vida, tan pequeña como perfecta…

La maternidad no es fácil, ni mágica, ni perfecta…

No hay ninguna mamá ni ningún papá que tenga a su alcance la solución para todo problema. Cuando se es nuevo en esto de tener un hijo, cada día puede llegar a ser un constante desafío por muy diversas razones.

Estos serían algunos ejemplos.

Mi cuerpo no es mágico, no se recupera al día siguiente tras el parto

Esta es una de las realidades más duras y de las que no siempre se habla. Cuando nace un bebé todo nuestro entorno está pendiente de esa nueva vida, se insta a la mamá que empiece cuando antes la lactancia, a que no se retrase en las tomas, a que atienda el llanto del bebé, a que haga esto, que cuide de lo otro…

  • Sin embargo… ¿qué pasa con el propio cuerpo de esa mujer que ha dado a luz? No solo duelen las heridas, ya sea por la cesárea o el parto vaginal. Duele el interior, esos órganos que vuelven a posicionarse, duelen las piernas, pesa el cansancio y las horas de sueño faltantes…

Aunque eso sí, el amor y la ilusión por ese bebé nos otorga fuerzas para casi cualquier cosa.

No, nuestro bebé tampoco es mágico, está lleno de necesidades

Puede que a simple vista tu bebé te parezca un ángel, sin embargo, hace tiempo que has descubierto que los bebés no solo duermen y se alimentan. Tienen muchas, muchas necesidades que debes saber identificar y después atender.

Día a día vas conociendo sus costumbres, aquello que le disgusta, aquello que le hace dormir y que le arranca sonrisas de alegría. Sin embargo, cuando crees saberlo todo, empieza una nueva etapa, con nuevos retos y más demandas, esas que a veces te demuestran de la peor manera, con gritos, algún tirón de pelo o rompiendo algún objeto.

No, tu bebé no es mágico, en realidad está hecho del mismo material que cualquier persona: de miedos y una gran necesidad de afecto.

No es magia, es un amor que te ha convertido día a día en mejor persona

Cada dificultad superada, cada miedo apagado, cada avance logrado en ese o esos niños que habitan con luz propia en tu vida, definen gran parte de lo que eres: una madre o un padre sensacional, que consciente de sus posibles errores, se esfuerza cada día en hacerlo mejor.

Ya no eres la persona de ese ayer que quería comerte el mundo, a día de hoy lo que más quieres es formar parte de la vida con las personas que más amas, con tu pareja y tus hijos. Ahora eres un amante de la cosas sencillas: ver dormir a tu bebé, verlo sonreír, ver cómo descubre cosas nuevas…. Ese pequeño pero fantástico mundo es ahora el motor de tu felicidad.

El amor tiene en tu presente un nombre muy concreto, el de una criatura de ojos inmensos y despiertos que te llama mamá o papá, una personita especial que te ha hecho ver que aunque eso de tener un hijo no es tan mágico ni perfecto como nos habían dicho, es sin duda lo más grande que te ha ocurrido nunca.

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