La honradez: enséñasela con un cuento

La honradez es uno de los primeros valores humanos que debes inculcarle a tu hijo.


Cuando se es honrado desde la infancia también se aprende a ser honesto, íntegro, decente y no se necesita de mucho más para ser una persona digna de admirar y querer.

Mamá, aunque el ser honrado es un comportamiento noble muy pocos pueden, verdaderamente, considerarse como tal.

Educa a tu hijo para que sea uno de los privilegiados.

¿Cómo enseñar al niño a ser honrado?

Lo primero es mostrarle a tu pequeño el valor que tiene el el trabajo, el estudio, el esfuerzo, el ganarse todo por sí solo haciendo uso de sus facultades físicas y mentales.

Que aprenda a estar en contra del fraude en el colegio, así como del soborno, el robo, el desfalco al patrimonio de otros, o al que está destinado para el bien de la sociedad.

Si lo enseñas a cumplir cuando empeñe su palabra lo estarás ayudando a ser honrado.

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La honradez puede ser engañosa

Hay que saber que las personas que presumen de honradez no siempre son tan íntegras como dicen serlo.

Por ese motivo, desde ahora que es pequeñito, debes inculcarle a tu hijo a ser honrado para él mismo, a ser honrado porque sienta que esa es su naturaleza.

De nada vale que lo simule para los ojos de los otros cuando en sus adentros sea un muchacho calculador y oportunista.

Honrada es una persona justa y sana, aquella que no necesita andar divulgando su virtuosismo o enmascarando su pobreza de alma tras un antifaz.

Enseña a tu pequeño a ser honrado y nunca a andar con mentiras. A ser altruista y pensar también en el bien común.

Un cuento chino sobre el hombre más honrado del mundo

Mamá, recuerda que mediante los juegos, las historias o las canciones infantiles es como mejor aprenden los niños.

Por eso, en eres mamá te hemos reservado un bella historia proveniente de la China para compartir con tu hijo.

Habla sobre la honradez y tiene una interesante moraleja.

El hombre más honrado del mundo

“Un gran emperador chino quiso buscar un pretendiente digno de su hija y su pueblo.

La única condición se centraba en que fuera el hombre más honrado del mundo.

Ante la proclama muchos postulantes llegaron a palacio: guerreros, héroes, príncipes,… pero el emperador los examinaba y al ver su falsa modestia, su soberbia, arrogancia y ambición los rechazaba al instante.

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Un alfarero del pueblo que había estado enamorado de la princesa desde siempre, sintió temor de que en algún momento llegara a palacio un pretendiente digno de su amada.

Motivado también por el temor de que el rey lo rechazara al conocer su pobreza y le diera la mano de su princesa a otro hombre, se le ocurrió diseñar una máscara que representara la cara del hombre más honrado del mundo.

Entonces se construyó el antifaz y se presentó como candidato.

Después de un detallado examen el emperador chino declaró que ese que tenía delante era el hombre más honrado del mundo y el que debía casarse con su hija y heredar su reino.

Por fin el sueño del alfarero se hizo realidad y ante tantos pretendientes, consejeros y vasallos fue él quien se casó con la princesa.

El tiempo pasó. Un día el emperador murió y el alfarero con antifaz de hombre honrado pasó a ocupar su puesto.

Dice la leyenda que el reino nunca antes había conocido gobernante tan noble, íntegro, bondadoso y benevolente.

Se dice que de todos fue el rey más querido por su pueblo.

Pero con el paso de los años el alfarero con antifaz también murió y el día de su entierro, uno de súbditos advirtió que su admirado y querido rey llevaba un antifaz y que su verdadero rostro no era conocido por nadie.

Con curiosidad pero muy despacio para no dañar a quien en vida fue un hombre pacífico y humanitario, le quitó el accesorio y al ver la verdadera cara se quedó perplejo.

Aquel rostro que había vivido escondido bajo una máscara representaba, en verdad, el rostro del hombre más honrado del mundo.”

Mamá, el cuento que te acabamos de ofrecer nos deja una bonita enseñanza la cual, creemos, debes compartir con tu hijo:

Puede que seas una persona honrada y no te des cuenta de que lo eres.

Por eso, lo más importante es sentirlo y serlo realmente para que los demás puedan apreciarlo.

No necesitas pretender ser otra persona cuando tú mismo vales más que el antifaz que deseas ponerte.

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