¿Conoces la escarlatina infantil?

Francisco María García · 4 agosto, 2017

La escarlatina es una infección común durante la infancia. Es una enfermedad del mismo tipo que el sarampión, la varicela y la rubeola. Sin embargo, no es del tipo vírico como las anteriores, y el tratamiento es distinto.

Estas enfermedades se conocen como exantemáticas debido a que se manifiestan a través de manchas, puntos rojos o pequeños granos en la piel que se denominan exantemas. La escarlatina y las otras enfermedades de este tipo no suelen ser mortales.

La escarlatina también es conocida por el nombre de ”fiebre escarlata”. Te contamos más al respecto a continuación.

Origen y transmisión de la escarlatina

La escarlatina es causada por una bacteria o germen llamado ”estreptococo beta-hemolítico” del grupo A (EBHGA). Se transmite por contacto directo.

La bacteria que la transmite puede encontrarse en la nariz o la boca. De esta forma, que puede contagiarse al entrar en contacto con saliva esparcida por estornudos, tos o el simple acto de hablar.

También puede contagiarse al tomar de mismo vaso o comer con los mismos cubiertos de alguien que la padezca. El contacto con las lesiones también produce el contagio, por lo tanto puede contagiarse al tocar juguetes u otros objetos de un niño enfermo.

En su etapa inicial, la escarlatina puede confundirse con una amigdalitis clásica, ya que los síntomas son similares.

Los signos más evidentes

La escarlatina inicia, el primer y segundo día, con fiebre alta que puede llegar a los 40º. Irá acompañada de un dolor de garganta intenso, enrojecimiento e inflamación de las amígdalas y ganglios, escalofríos, vómitos y, en algunos casos, dolores abdominales.

Por otra parte, esa inflamación en el área de la boca y la garganta, además de las náuseas, probablemente hagan que el niño pierda el apetito.

La escarlatina infantil también conocida como fiebre escarlata

La aparición de síntomas

Durante ese primer período aparece el sarpullido escarlata que le da nombre a la enfermedad. Es rojo y áspero. Aparece primero en la zona de la ingle (área comprendida entre el abdomen y la parte superior de los muslos) y después en el cuello y las axilas.

La característica principal de la erupción de la escarlatina es su textura de lija. Inicialmente los puntos rojos son planos.

Entre el tercer y quinto día de la aparición de los síntomas, la erupción adquiriere volumen en la piel, se extiende y alcanza todo el cuerpo del niño. La lengua se vuelve roja y presenta pequeños bultos rojos que asemejan una frambuesa.

Lengua que evidencia la escarlatina.

Esos bultos son en realidad la inflamación de las papilas gustativas que le dan esa apariencia. El área alrededor de la boca puede mostrarse pálida y sin sarpullido, en contraste con el resto de la piel que se encontrará enrojecida.

A partir del sexto día el niño comienza a sentirse mejor. Los síntomas ceden paulatinamente y de no ser así es necesario consultar al pediatra para descartar cualquier complicación.

En un par de días más la piel se descama, incluso en las palmas de las manos y plantas de los pies.

Tratamiento

El tratamiento recomendado para la escarlatina son los antibióticos, únicos medicamentos apropiados para combatir bacterias. Es importante que los padres no mediquen al niño si no están calificados para hacerlo.

Algunas bacterias se vuelven resistentes a los antibióticos por tratarse con medicamentos inapropiados. Un pediatra o inmunólogo son los especialistas indicados para diagnosticar y prescribir el tratamiento.

¿Qué puedo hacer si mi hijo tiene escarlatina?

Para ayudar a la recuperación del niño, es recomendable mantener su hidratación constantemente con agua. También se recomienda que ingiera jugos de fruta ricos en vitamina C y sopas de verduras.

Adicionalmente, se recomienda monitorear la temperatura y demás síntomas por si llegan a necesitar atención médica inmediata. Un síntoma de atención urgente puede ser el caso de el niño tenga incapacidad para tragar.

Los cambios en el color de la orina o dificultades respiratorias también son síntomas importantes que requieren atención.

Cuando no se trata adecuadamente con antibióticos, puede haber complicaciones o secuelas como:

  • Fiebre reumática.
  • Enfermedades renales.
  • Infecciones en la piel y garganta.
  • Inflamación del oído.
  • Enfermedades graves del sistema respiratorio como neumonía.

La manera más efectiva de evitar la infección es lavarse las manos. También evitando compartir cepillos de dientes, vasos, platos y cubiertos. Por otra parte, los cuidadores de niños deben lavarse las manos cada vez que estén en contacto con él, para evitar el contagio.