¿Por qué mi hijo se lleva todo a la boca?

“¿Por qué mi hijo se lleva todo a la boca?”, es la pregunta más frecuente en consultorios pediátricos. En primera instancia, es absolutamente normal. Pues la zona oral es una importante fuente de autorregulación, es decir que ofrece a los más pequeños un equilibrio, en este caso sensorial.

Los especialistas sostienen que se trata de una de las estrategias que permiten organizar la sensación interna y externa, lo cual garantiza el éxito de la vida diaria. A partir de los seis meses, los pequeños tenderán a realizar este tipo de acción que tanto incomoda a los padres pero que a ellos tanto beneficia.

Desde luego, el hecho de que los niños de corta edad tengan esta tendencia es sumamente ventajoso para su desarrollo. Sin embargo, muchas madres se manifiestan totalmente preocupadas debido a los peligros y riesgos que conlleva.

Ahora bien, recuerda que para los pequeños chupar se constituye en la manera ideal de explorar el mundo. Comprende entonces que cuando tu nene se lleva todo a la boca simplemente se encuentra conociendo las propiedades físicas de los objetos.

Mi bebé se lleva todo a la boca: Beneficios

Baby chewing on baby toy --- Image by © Heide Benser/Corbis

Morder, succionar, chupar y masticar convierten la etapa oral en un momento trascendental para todo bebé hasta bien entrados sus dos años. Pues su boca posee más terminaciones nerviosas por milímetro cuadrado que cualquier otra parte de su cuerpo.

Por ello, este comportamiento repetitivo es natural y necesario en su crecimiento. Tal es así, que los padres no deben restringirlo, aunque requiere de una toma de precauciones considerables para evitar eventuales accidentes.

Solo así, el menor reconocerá objetos a través de sus sentidos. Cuando tu hijo se lleva todo a la boca pone en marcha tres de ellos: el gusto, el olfato y el tacto. Incluso, de este modo podrá deducir la forma del objeto explorado, gracias a una habilidad denominada “percepción transmodal”.

Ahora bien, ¿qué pasa si el bebé permanece siempre con un dedo en la boca? Este indicador tampoco debería alarmarnos. Chuparse el dedo se relaciona con el placer que proporciona la succión. No obstante, si este hábito se extiende por mucho tiempo, puede acarrear consecuencias importantes.

Por otro lado, si se trata de un bebé que muerde todo con rabia, puede ser señal de encontrarnos ante su dentición. Seguramente solo esté intentando aliviar el malestar causado por la aparición de los primeros dientitos. Una buena solución es ofrecerle un mordedor o mordillo.

Otras ventajas

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Asimismo, esta conducta que implica chupar elementos resulta indispensable. Ello garantizará, a futuro, un desarrollo lingüístico adecuado, lo cual constituye uno de los objetivos para cumplir en la infancia. Pero eso no es todo, ya verás por qué debes permitir que tu hijo repita este comportamiento.

Además representa ventajas a nivel cognitivo. Cuando el menor se lleva todo a su boca empieza a disernir que los objetos tienen diversas texturas, sabores y temperaturas. Por eso se dice que esta tendencia es la base de la investigación oral de todo infante.

Otro motivo para no prohibirles a las criaturas esta práctica es de orden inmunológico. Efectivamente, este hábito infantil fortalece este sistema dado que el niño adquiere defensas contra posibles contagios. Vale aclarar aquí que deben limpiarse regularmente los juguetes, especialmente los que chupe el bebé.

Déjalo ser, ¡sin riesgos!

  • Ofrece juguetes indicados para su edad. Así evitas atragantamientos con piezas pequeñas.
  • Peluches sin agujeros y botones seguros. Asegúrate de que sus muñecos no pierdan el relleno. También controla que los botones de juguetes y ropa estén bien sujetos.
  • Productos tóxicos y venenosos, lejos. Deja estos materiales fuera del alcance de sus manos siempre. El mismo consejo corre para objetos punzantes.
  • Cuida el tamaño. Permite a tu hijo introducir en su boca objetos que sean más grandes que un tubo de papel higiénico.
  • Un reemplazo. En caso de que el nene tome un objeto inapropiado, brinda una alternativa igual de atractiva.
  • ¡Texturas, texturas, texturas! Esfuérzate por dar al niño elementos con diferentes texturas. Suaves, rugosas o lisas. Ello favorecerá enormemente la etapa de la alimentación.
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