A mi hijo le encanta mandar, ¿qué debo hacer?

Francisco María García · 1 diciembre, 2018
Cuando un niño empieza a tener la costumbre de imponer sus órdenes en su entorno, ha llegado el momento de actuar por parte de los padres. Solo el refuerzo positivo, el amor y la paciencia darán los frutos deseados.

Lo importante es tomar el control a la primera manifestación. ¿Cómo reacciones si a mi hijo le encanta mandar? Con paciencia, amor y perseverancia, se pueden obtener logros que conduzcan a un futuro sano y estable del niño aquejado por este comportamiento.

Suele suceder que los niños de entre 2 y 6 años de edad quieran impartir órdenes a los demás. La actitud de los padres frente a estas posturas hará la diferencia.

Celebrar estas acciones como una gracia puede inducir al niño a pensar que es un comportamiento adecuado. Lo prudente es estar atentos a ciertas actitudes que podrían convertirse en características de su personalidad.

El síndrome del emperador

Un niño mandón es autoritario, manipulador, caprichoso, soberbio y con muy mal carácter. Algunos incluso pueden padecer el síndrome del emperador, un trastorno de la conducta que desencadena en chantajes y agresiones permanentes. Son víctimas de este comportamiento los padres y otros miembros del grupo familiar.

Esta patología, también conocida como trastorno oposicional desafiante, tiene su origen en la ausencia de normas claras y en la decisión de los padres de complacer todos los caprichos de los hijos. Esto les hace creer que tienen autoridad, dado que consiguen todo lo que piden.

En la escuela, estos niños ratifican esa autoridad. Ven a sus compañeros como peones a los que pueden someter a sus caprichos, son egoístas y creen tener derecho sobre la propiedad de otros. Arañan, mueren y se burlan de otros pequeños, en especial si tienen algún defecto físico o son introvertidos.

En el mejor de los casos, puede tratarse de un deseo incontrolado de llamar la atención. El mejor diagnóstico está en manos del especialista, visita que es indispensable al notar los primeros síntomas.

¿Cómo corregirlo?

Por lo general, es en la escuela donde se detectan estos trastornos. Una buena relación padres-docente contribuirá en el proceso de corregir los malos hábitos que comienzan a manifestarse. Desde ese momento, hay que  inculcarles el respeto a los demás como valor fundamental, aunque tengan condiciones físicas distintas.

Los conflictos en el aula pueden tener diversos orígenes, pero la mediación siempre es necesaria.

“Es normal que los niños de entre 2 y 6 años de edad quieran impartir órdenes a los demás. Celebrar estas acciones como una gracia puede inducir al niño a pensar que es un comportamiento adecuado”

Tomar el control, ¡es urgente!

Inicialmente, los padres pueden sentirse culpables del comportamiento de sus hijos. Quizás sea cierto, pues satisfacer todos los caprichos es una práctica por lo general negativa.

Son ellos quienes pueden inducir el cambio de actitud del niño antes de que sea demasiado tarde. Lo primero es no obedecer sus órdenes ni atender sus pataletas.

El niño debe acostumbrarse a pedir por favor y también a asumir responsabilidades con él mismo. En ese sentido, peinarse, colocarse las trenzas o ponerse los zapatos les dará sensación de independencia y autosuficiencia, un buen primer paso en este camino.

El pequeño también debe entender que él es parte de un grupo familiar y que tiene los mismos derechos que los demás. Hay que acostumbrarlo también al reconocimiento o a la sanción.

Para enseñar correctamente a un niño, se deben ofrecer halagos si actúa bien, así como recompensas afectivas, no materiales. Si se porta mal, solo tendrá indiferencia para obligarlo a reflexionar; los castigos físicos generan reacciones violentas en estos niños.

El padre debe ejercer su autoridad, no dejarla en manos del pequeño. Esto debe quedar estrictamente claro. Se impone, por tanto, no ceder ante chantajes, órdenes o presiones sin ningún tipo de excepciones.

Para detectar si un infante tiene problemas serios de conducta, es indispensable que los manifieste en todos los ámbitos donde se desenvuelve. Si solo ocurre en la casa o en la escuela, podría estar siendo víctima del maltrato de amigos, familiares o docentes, ya que algunos niños imitan a adultos con esa forma de proceder; también puede tratarse de tener ganas de ser el centro de atención.

¿Qué hacer ante un niño al que le encanta mandar?

Nunca hay que tomar estas actitudes como una gracia ni reírse de ellas. Se impone, en cambio, corregir con cariño y paciencia para que el niño entienda que esa no es la forma correcta de pedir las cosas.

Cuando este comportamiento se expresa ante sus amigos, también es necesario aplicar correctivos. Cada vez que se comporte de esa manera, hay que llamarlo por su nombre o alejarlo del juego hasta que recapacite. Nunca lo reprenderemos delante de sus compañeros, para evitar que se sienta avergonzado.

Las amenazas tienen efectos sumamente negativos en los niños.

Tanto en el entorno familiar como con los amigos, es importante que el niño aprenda a negociar. Establecer acuerdos es una forma sensata de relacionarse, mucho mejor que con la imposición. Así debe entenderlo el pequeño.

Por otra parte, se han de exaltar sus buenos comportamientos. Cuando se exprese de la manera correcta, es bueno premiarlo con un beso, un abrazo y palabras de afecto. Hay que ser un ejemplo para los hijos.

Asimismo, los cuentos son excelentes aliados en la hermosa tarea de ser padres. A través de ellos, se pueden inculcar valores como el respeto y la tolerancia.

Estos consejos para aplicar ante un hijo al que le gusta mandar evitarán que se convierta en un adulto con problemas en el futuro. El riesgo es el de criar una persona sin empatía, sin conciencia del bien y el mal, con inclinaciones delictivas y, por tanto, sin futuro.