Hábitos de sueño para prevenir la obesidad infantil

Eva 17 agosto, 2016

Cada vez es hay más problemas de obesidad en la población en general y en la población infantil en particular. El aumento de la obesidad infantil puede deberse a cuestiones tan evidentes como el sedentarismo y la falta de actividad física o los malos hábitos alimenticios. Además, los malos hábitos de sueño también influyen negativamente en este aspecto. 

La obesidad infantil no es un tema que deba dejarse pasar porque puede afectar muy negativamente a la salud presente y futura de los niños. Los médicos y los científicos están preocupados por el aumento de la obesidad en niños y jóvenes porque la obesidad puede conducir, ya en la infancia, a los siguientes problemas de salud:

  • enfermedades del corazón causada por  colesterol alto y/o hipertensión
  • diabetes tipo 2
  • asma
  • apnea del sueño
  • discriminación social

Hábitos de sueño y obesidad infantil

Además de tomar medidas en cuanto a la alimentación y la actividad física de los niños, otra cuestión importante que hay que considerar es la de los hábitos de sueño.

En este sentido, según un estudio de la Universidad de la Facultad de Medicina de la Universidad Estatal de Pensilvania, los padres que enseñan a sus hijos  técnicas para fomentar hábitos de sueño saludables a la hora de acostarse puede ayudar a prevenir la obesidad. Al parecer, existen fuertes vínculos entre la falta de sueño y la obesidad infantil.

El equipo estudió el uso de la intervención utilizando los datos del estudio INSIGHT (Intervention Nurses Start Infants Growing on Healthy Trajectories), un estudio de ensayo longitudinal que observa cómo la intervención de crianza sensible puede prevenir la obesidad.

Para el estudio se reclutó a 291 parejas de madres e hijos y se asignó al azar a las madres a uno de dos grupos. Un grupo recibió educación para la prevención de la obesidad que cubría las conductas relacionadas con el sueño, rutinas antes de dormir y la mejora de la duración del sueño, así como evitar la alimentación y mecer a los niños para dormir. El otro grupo, el de control, se les formó para la prevención del síndrome de muerte súbita del lactante.

Bebé dormido en su cuna abrazando un peluche

Técnicas adecuadas a la hora de acostar a los bebés

El estudio mostró que los bebés de padres que habían aprendido las técnicas para aplicar a la hora de acostarse y que se acostaban temprano tenían una rutina de dormir más consistente y durmieron durante más tiempo que los bebés del grupo de control.

Los bebés cuyos padres habían aplicado las técnicas también eran más propensos a calmarse y dormirse sin ser alimentados y eran menos propensos a ser alimentados de nuevo cuando se despertaban durante la noche. Además, a los 9 meses los bebés que se dormían solos y se acostaban temprano dormían un promedio de 80 minutos más que aquellos que se acostaban tarde y no se quedaban dormidos solos.

El equipo de investigadores también observó que la intervención también tuvo un efecto positivo sobre la obesidad, no solo sobre la calidad y cantidad del sueño. Observaron que los bebés del grupo que aplicaban las técnicas para la hora de acostarse ganaban peso más lentamente que el grupo de control y que eran menos propensos a tener sobrepeso  a la edad de un año.

Acostar temprano al bebé es fundamental

Los investigadores explican que muchos padres tratan de mantener a sus bebés despiertos durante más tiempo pensando que luego van a dormir más durante la noche y no se van a despertar. Sin embargo, esta investigación demuestra que no es cierto y que cuando los padres a mantienen a los bebés más tiempo despiertos lo único que consiguen es que los bebés duerman menos.

Los investigadores recomiendan que para que los bebés duerman más hay que acostarlos temprano porque, independientemente de la hora a las que se les acueste, los bebés se despertarán igualmente por la noche. La clave para que se despierten menos y se calmen por sí mismos es no fijar la expectativa de que van a ser alimentados cada vez que se despiertan.

Además de ayudar a prevenir la obesidad, inculcar mejores hábitos de sueño también añade beneficios para la salud tanto para los padres como de los niños. De hecho, se ha demostrado que la falta de sueño tiene un efecto negativo en el desarrollo de los niños y en el bienestar psicológico de los padres.

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