Gustos alimentarios de los niños

Silvia Zaragoza · 18 julio, 2019
Aunque la genética esté implicada en el desarrollo de los gustos alimentarios, el contacto repetido de los sabores y las experiencias vividas en torno a la comida son claves en nuestras preferencias que se crean durante la infancia.

¿Te has preguntado alguna vez por qué los niños odian el brócoli y, sin embargo, jamás rechazan un dulce Si tu respuesta es  que depende únicamente de la genética, estás equivocado. Es una idea que se ha difundido durante muchos tiempo pero que, tras numerosas investigaciones, se ha visto que los gustos alimentarios se aprenden. ¿Quieres saber cómo se produce? Descúbrelo a continuación.

¿Cómo se desarrollan los gustos alimentarios?

Primero de todo, has de saber que las papilas gustativas se desarrollan a las 7-8 semanas de gestación. Por tanto, todo empieza en el útero. Durante este periodo, el bebé se desarrolla gracias a los nutrientes que le llegan a través del cordón umbilical y del líquido amniótico. Éstos nutrientes proceden de la alimentación de la madre.

Posteriormente, al recibir la lactancia materna, también percibimos los sabores de lo que come nuestra madre. De esta manera, el paladar se acostumbra haciendo que al introducir los alimentos tendamos a preferir los alimentos con un sabor parecido. Además, también influye la exposición repetida, el entorno social y las emociones asociadas al comer. Incluso la cultura también es determinante.Gustos alimentarios de los niños.

Influencia del tipo de lactancia en los gustos alimentarios

A pesar de que los beneficios de la lactancia materna son mayores frente a la artificial, no siempre es posible hacerla o mantenerla hasta los 6 meses, como mínimo. Los estudios clínicos muestran una mayor variabilidad en la aceptación de sabores y facilidad para probar nuevos alimentos si es materna. Incluso la dieta suele ser más saludable, siempre y cuando la madre también la siga.

Percepción de lo salado

Se desarrolla a los 4 meses de edad de manera innata. Generalmente, a partir de los 2 años, tienen un mayor deseo de este tipo de alimentos respecto a los adultos. Incluso, existe relación entre el bajo peso al nacer y el consumo de alimentos salados. Pero, como todos los gustos alimentarios, se puede educar al paladar.

¡A nadie le amarga un dulce!

 

Raramente habrá un niño que lo rechace, a no ser que se le ofrezca poco. Este sabor siempre se ha asociado al bienestar y el placer, dado que activa dichas zonas del cerebro. Además, se ha visto que, al mínimo contacto de los niños con este sabor, aumenta la frecuencia cardíaca y la cantidad ingerida. Esto se sabe dado que la leche materna es dulce.

Además, es un sabor asociado a las fiestas y celebraciones, lo que genera un sentimiento de alegría. Por eso, al llegar a la edad adulta, comemos algo dulce cuando tenemos un mal día. Sin embargo, el grado de percepción varía por la presencia de determinados genes. Por lo tanto, los más sensibles tenderán a rechazarlo en grandes cantidades.Gustos alimentarios de los niños.

El rechazo al amargo

Fue considerado un veneno en la prehistoria, ya que era característico de los frutos verdes que se encontraban para sobrevivir. Aquellas personas que los consumían se ponían enfermos o morían. De ahí surge el rechazo innato que podría explicar el motivo por el que los niños odian determinadas verduras, como el brócoli y las coles de Bruselas.

Al igual que con el dulce, tenemos unos receptores que predisponen a una mayor sensibilidad a este gusto. Si resulta que nuestro niño es supercatador (lo considera muy intenso aunque sea mínimo), por mucho que intentemos ofrecérselo, siempre lo va a rechazar. Contrariamente, tras 10 o más intentos, lo más probable es que lo acepte.

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