Gracias hermana por ser también mi amiga

Agetna 11 octubre, 2016

Eres mi amiga, más que esa muchachita hija de mis padres que casi no me deja dormir por las noches y me rompe los juguetes que tanto me gustan. Biológicamente somos hermanas, pero nuestra hermandad no se queda solo en las características orgánicas que compartimos. Nos distingue la confianza, el cariño y la complicidad mutua.

Desde que naciste y me llevaron a verte, cuando me levantaron del suelo para que te viera acostada en aquella cuna que te quedaba grande, y me acercaron para que te diera un beso, te convertiste en mi amiga.

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La mejor amiga de una niña: su hermana

Las madres son amigas de sus hijas porque nadie como ellas para proteger, dar afecto, mimar, ayudar. Pero las hermanas, las buenas de verdad, pueden convertirse en las mejores amigas por naturaleza.

¿Quieres una compañera fiel? Busca a una hermana.

Si es menor que tú va a secundarte en cuanto hagas y dispongas. Serás su guía, su mentora y hasta su jefa. Ella no discutirá tu mandato y seguirá ciegamente tus órdenes.

En caso de que sea mayor será tu protectora. Esa que te ayudará siempre y no cesará de defenderte de los niños que te acosan en la guardería.

Tú y yo somos eso.

Nosotras nos acoplamos y entendemos con una simple mirada. Sabemos cómo leer en la cara de la otra qué decir y hacer cuando necesitamos evadir el regaño de mamá.

Muchas veces te has culpado por errores que he cometido y cuando se trata de callar alguno de mis secretos, confío más en tu silencio que en el mío propio.

¡Eres tan linda, y tan buena! Sin embargo, a veces nos enfadamos por las tonterías más cursis: un beso de papi, el entrar primero al lavabo, el pedazo de pastel más grande…, por suerte, así como nos enojamos de rápido, olvidamos nuestras discrepancias.

Solo quien tenga hermanos puede saber de las experiencias que vivimos a diario.

¡Claro que eres mi mejor amiga!, hoy y siempre.

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Como me gusta que me imites

No creas que no me he dado cuenta de que te encanta observarme. Y no sabes cuánto disfruto esa manía.

Si nos sentamos a la mesa me miras con el rabillo del ojo para ver cómo agarro la cuchara, mastico, o qué me como primero.

Me copias al elegir el color de la ropa, los zapatos, el peinado; incluso, cuando nos disfrazamos con la ropa de mamá y nos da por maquillarnos, yo siempre quiero ser mamá, y a ti te encanta hacer de mí.

Siento que me tienes como ejemplo y quieres comportarte cómo mismo lo hago.

Yo aprenderé de todo para luego enseñarte

Como me siento grande y, de hecho, lo soy, sé que tengo el deber de enseñarte. Por eso estudio cada día y aprendo más en la escuela.

Necesito tener los conocimientos suficientes para responder las extrañas preguntas que me haces:

“Hermana, ¿por qué el pájaro vuela?”

“¿Por qué el número 2 se llama número 2?

Tengo la responsabilidad de enseñarte a identificar los colores, cantar, menear la cintura cuando bailas, ponerte las medias y los zapatos, peinarte, lavarte los dientes, vestirte… todo un cúmulo de saberes.

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Gracias hermana por ser también mi amiga

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Soy esa manita que no deja que te caigas y te ayuda a andar.

Dejo que compartas mis juegos, aunque los míos sean juegos de niña grande y los tuyos sean más infantiles.

Jamás te voy a hacer daño, no te haré llorar y, menos, querré que te pase algo malo.

Lo compartiré todo contigo tal y como lo hago ahora.

Siempre me importarán tus problemas. Me reiré y aplaudiré tus logros, así como papi y mami hacen con los míos.

Te acompañaré y te daré mi ayuda cada vez que me la pidas, aunque seamos grandes y vivamos en casas diferentes, como les sucede a mami y a tío cuando necesitan uno del otro.

Yo, tu hermana mayor, estoy haciendo todo por convertirme en una mejor niña para que algún día me digas: Gracias hermana por ser también mi amiga.

Aunque alguien puede decir que en ese sueño hay gotas de vanidad, es un deseo, sano, que espero con ansias.

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