Cómo enseñar Inteligencia emocional cuando un niño está enfadado

Cuando existen tormentas emocionales en los hijos incluso los padres mejores intencionados pueden ponerse nerviosos y sentir el malestar, algo que sin duda entorpecerá el camino para calmar a los niños.

Los niños más pequeños no tienen las estrategias necesarias para calmarse por ellos mismos cuando están enfadados y necesitan la orientación de sus padres para conseguirlo, será cuando llega el momento de enseñar Inteligencia emocional.

Cuando los hijos están luchando con las emociones más difíciles (las negativas), necesitarán la ayuda de sus padres para aprender a manejarlas. Estas situaciones se convertirán en el momento más importante para enseñar inteligencia emocional  a los hijos, pero, ¿cómo conseguirlo?

Regula tus propias emociones

Los niños no siempre harán lo que tú dices, pero siempre harán lo que tú haces. Los niños aprenden la regulación emocional de sus padres, por lo que aprender Inteligencia Emocional es necesario. Cuando permanecemos en calma ellos aprenderán a estar en calma… tu calma es lo que enseñará a los niños a calmarse.

Es muy importante no perder los nervios ante situaciones estresantes y ver la perspectiva de que los niños deben ver que estás estableciendo límites desde la calma. No hay ninguna razón (nunca) para culpar a un hijo o para castigar, simplemente hay que poner límites y consecuencias si es necesario.

Por ejemplo, puedes decirle a tus hijos algo como: “Lo siento, sé que no quieres dejar de jugar pero es hora de dormir. Es momento de guardar los juguetes. Sé que te pone triste pero debes descansar, vamos a asegurarnos de que tenemos tiempo para leer un cuento. ¿Cuál quieres que veamos esta noche?”.

Sin duda esta frase es mucho mejor que perder los nervios o gritarle a un hijo para que recoja los juguetes porque se está haciendo tarde, de este modo tu hijo sólo empeorará su enfado porque querrá seguir jugando sin entender por qué debe dejar de hacerlo.

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Identifica las emociones del enfado

Es necesario limitar algunas acciones de los niños, sobre todo cuando son molestas o peligrosas (cruzar la calle, correr sin mirar, tirar la cena al suelo, pegar a su hermana, jugar demasiado tiempo a la tablet, etc.). Cuando el comportamiento de un hijo es inaceptable se deberán establecer límites claros, pero siempre desde la base de la Inteligencia Emocional.

Aunque debes limitar las acciones de tu hijo deberás identificar las emociones que está sintiendo y deberá expresarlas aunque sean decepción o enfado en respuesta a los límites que has establecido.

Los niños deben mostrar cómo se sienten y darse cuenta de que lo escuchas y lo comprendes… necesitan esa válvula de liberación.

No es buena idea enviar a un niño enfadado  a un dormitorio para que él solo controle sus emociones, de este modo solo estarás enseñándole que sus emociones no son importantes.

Los niños aunque deban cumplir los límites necesitarán abrazos y que permanezcas a su lado para conectar con sus emociones. Por ejemplo, puedes decirle algo como: “Estás triste ahora mismo, eso no es malo. Estoy aquí y te entiendo”.

Después de la tormenta siempre llega la calma

Cuando haya pasado la tormenta tu hijo seguro que estará cooperativo y cariñoso al darse cuenta que sus emociones son valoradas y se sentirá mucho más conectado contigo porque has estado a su lado en su tormenta interior.

No hagas caso de la rabia o de las crisis que haya podido experimentar… recuerda que solo te estará mostrando tu malestar porque te necesita como guía. 

Es importante tener en cuenta que durante la tormenta no se puede enseñar, siempre deberá ser cuando haya pasado. Tu apoyo para calmar sus emociones es el primer paso para que pueda aprender las habilidades necesarias para que en un futuro pueda realizar el comportamiento esperado.

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Responder a las necesidades que se esconden detrás del enfado

Los niños quieren ser felices y para ello necesitan tener interacciones cálidas con sus padres. Los niños de forma innata quieren agradar a sus padres y su mal comportamiento siempre proviene de sentimientos negativos o necesidades no satisfechas.

Si los padres no se ocupan de los sentimientos y necesidades más profundos es habitual que acaben estallando en malos comportamientos.

La ira siempre es una defensa contra las emociones más profundas como el miedo, el daño o la tristeza. El odio es una posición que asumimos para protegernos de algo que creemos que nos puede hacer daño.

Cuando un niño siente ira es necesario reconocer este sentimiento y sus necesidades para empatizar con las emociones más profundas que le hacen sentir ira. Tener la oportunidad de sentir esas emociones harán que tu hijo pueda conectar contigo… y aprenda Inteligencia Emocional.

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