Enseña a tu hijo a no guardar rencor

Minitza Zarzavilla · 18 diciembre, 2015

Además, ¿cómo puede ser feliz alguien que está lleno de rencor? ¿Es la venganza dulce como todos afirman?  La persona que se deja dominar por el rencor es como el pez que muerde el anzuelo: ahora otro lo controla. No seas rencoroso, ¿cómo lograrlo? Enseña a tu hijo a no guardar rencor. ¿Cómo? Aquí te ayudamos.

Si te pidieran tu opinión, ¿dirías que el fuego es bueno, o malo? “Depende”, puede que respondas. En una fría noche de invierno delante de una chimenea, probablemente dirías que el fuego es bueno. Pero ese mismo fuego, si se dejara sin control, podría extenderse rápidamente y quemar toda la casa. Seguro que entonces ya no pensarías lo mismo.

Algo parecido ocurre con las emociones. Cuando las expresas de forma controlada, son beneficiosas, pues te pueden ayudar, entre otras cosas, a estrechar las relaciones con los demás. Pero si no las dominas, pueden tener un efecto desastroso en ti y en los que te rodean. ¿Cómo puedes enseñar a tú hijo a no guardar rencor?

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Qué es el rencor o resentimiento

Es una queja o enojo por una acción ofensiva que puede perdurar largo tiempo y reaparecer cuando se recuerda dicha ofensa. Este malestar puede dificultar e imposibilitar las relaciones con el ofensor. La persona llega a arraigar sentimientos de venganza o querer desquitarse. Por eso, sentimos indignación cuando se nos ofende o agravia de algún modo.

Y es que, por naturaleza, nuestro sentido del bien y del mal exige que se repare cualquier injusticia. Para los adultos es difícil no guardar rencor, para los niños puede ser aún más perjudicial ya que ellos están formando su carácter, personalidad y también están creando lazos de amistad que por una ofensa pueden romperse fácilmente.

Guardar rencor en el corazón es como tomar veneno y esperar que muera la otra persona.

¿Es la venganza dulce?

Existen, por supuesto, distintas situaciones en las que los niños sienten ganas de vengarse, como cuando reciben un insulto, una bofetada o un empujón, o son víctimas de maltrato físico, robo u otra clase de atropello en la escuela.

¿Cómo reaccionan cuando sufren tal injusticia? Por supuesto, no queremos que nada de esto les pase a nuestros hijos pero el animarlo diciéndole cosas como “no te puedes dejar” o “el que la hace la paga”, no es nada positivo.

Pero esa forma de pensar solo causa más dolor porque los actos vengativos suelen provocar una interminable espiral de violencia. Como a veces se ha dicho, “la venganza llama a más venganza”. ¡Qué ciertas son esas palabras! Dedicar todas nuestras energías a alimentar el rencor nos perjudica enormemente.

El que piense que la venganza es dulce que mire la cara de quien ha vivido durante años sumido en el rencor. Lo consume su propia ira. Le hace gastar tiempo y energía, mientras sigue cocinándose en sus dolorosas experiencias pasadas, lanzando maldiciones contra los que le hicieron daño y planeando cómo desquitarse.

                                                        -Libro Saber perdonar y vivir sin rencores-

Cómo reaccionar ante la ofensa

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  • Tienes derecho a defenderte pero evita los golpes. Es mejor que hables con papá, mamá o un maestro.
  • A veces suceden cosas injustas. En vez de amargarse y llenarse de frustración. Olvídalo.
  • Si la pelea es entre hermanos, amigos, compañeros de la escuela, recuerda a tu hijo que él también ofende o hace cosas que a los demás no les gusta. Si quiere perdón él debe empezar a perdonar.
  • Ayúdalo a que no se lo tome todo como algo personal. Lo que parece una ofensa deliberada, puede ser el el resultado de un malentendido. Enséñalo a ser de mente abierta cuando sea víctima de palabras ásperas o malos gestos.
  • Enséñale que perdonar es una muestra de amor y de ser buena persona y lo podrá hacer más feliz.
  • Demuestra con tu ejemplo que no guardas rencor y que sabes perdonar.

Muchas veces, cuando hay un desacuerdo entre dos personas, ambas están convencidas de que tienen toda la razón y de que la otra tiene toda la culpa. Como resultado, dos anteriores amigos se encuentran en guerra, por así decirlo.

Pelean con armas silenciosas: uno vuelve la espalda cuando el otro pasa, y si están en un grupo, no se dirigen la palabra. De lejos, se miran de reojo o con frialdad y rencor. Cuando se hablan, lo hacen con brusquedad o se insultan con palabras que hieren como cuchillos.

“No quiero hablar con esa persona ni quiero volver a verla”. Si alguna vez has dicho esas palabras acerca de alguien, tienes que tomar medidas inmediatas para reparar el daño y de ese modo darle un buen ejemplo a tu hijo. Recuerda que el rencor solo logrará que pierdas una amistad, causará estrés, angustia emocional y hasta enfermedades cardíacas.