¿En qué consiste la preadolescencia?

La preadolescencia es una etapa que ocurre normalmente entre los 9 y los 14 años de edad, en la cual se produce el proceso de transición a la maduración sexual.

Para todo padre, ver crecer a sus hijos es una de las experiencias que más nos hacen sentir realizados como personas, siendo así mismo ese combustible el que nos motiva a conseguir objetivos y mejorar cada día en pro de nuestra familia. Sin embargo, tarde o temprano cada uno de nuestros hijos entrara en la hermosa, pero también difícil, etapa de la preadolescencia.

Esto no solo representa cambios biológicos en nuestros hijos, sino también para nosotros como padres, en el sentido de que como pilares de la educación de nuestros hijos somos responsables de conocer qué cambios ocurren en esta etapa, y tenemos la responsabilidad de saber responder a ellos de forma adecuada.

Lo anterior nos permite gestionar los desafíos de esta edad, así como guiarlos y poner en ellos desde muy temprano los cimientos para que su salto a la adultez se produzca como una persona funcional de la sociedad, responsable, con ética y, sobre todo, con la asimilación de actitudes necesarias para alcanzar el éxito en sus objetivos.

La preadolescencia es una etapa compleja.

¿Cuándo inicia la preadolescencia?

La preadolescencia es una etapa que ocurre normalmente entre los 9 y los 14 años de edad, y en la cual empiezan a emerger los caracteres sexuales de cada niño o niña, en lo que se puede denominar el proceso de transición a la maduración sexual.

Para cualquier padre y madre, que así mismo también experimentaron esta etapa, no son un misterio los cambios físicos que suceden durante esta parte de su desarrollo, como el crecimiento de vellosidad en áreas determinadas, ensanchamiento de caderas en niñas o de espalda en niños, entre otros cambios.

Lo que sí resulta un misterio para muchos padres es lograr comprender los cambios emocionales que se dan en nuestros hijos, y los cuales pueden ser difíciles de manejar y comprender por el mismo preadolescente.

En síntesis, los cambios físicos ocurrirán independientemente de cualquier factor externo, pero como padres, es necesario entender la razón por la cual se da el cambio de actitud en esta edad, pues es este el punto en el que, afortunadamente, sí nos es posible influir.

Cambios emocionales en la preadolescencia

Durante la preadolescencia, la autonomía y actividades sociales de nuestros hijos empiezan a pasar a primer término. Es durante esta etapa en la cual los jóvenes empiezan a construir su identidad, desarrollando habilidades de comunicación, control emocional, resiliencia, así como su propia visión sobre la ética y la moral.

Con ello se denota en primera instancia el inicio de la formación de lazos de amistad sólidos con otras personas, y a su vez, el inicio de la atracción por el sexo opuesto, siendo esta última no solo determinada por querer reproducirse, sino también por ser un interruptor de fácil encendido para experimentar sensaciones subjetivas pero intensas, tales como el enamoramiento o la desilusión.

Durante esta etapa nuestros hijos presentan cambios hormonales que se denotan en polarizados cambios de humor, así como respuestas desproporcionadas a diversas circunstancias, por ejemplo, un comentario o broma acerca de algún atributo físico en un preadolescente puede generar una intensa sensación de inseguridad en él.

Recordando la preadolescencia

Muchos padres han olvidado la magnitud de las emociones en esta etapa, siendo muy común que tomen cualquier reacción emocional de su hijo como un berrinche de la edad o un estado de ánimo pasajero ocasionado por un tema trivial.

Lo anterior resulta completamente cierto, la mayoría de los temas que cambian para bien o para mal el estado de ánimo, y por ende la actitud de un adolescente, suelen ser temas triviales que están lejos de representar verdaderamente un problema.

Sin embargo, es necesario comprender que las emociones que nuestros hijos están experimentando en esta etapa no son para nada falsas. Entendiendo esto, se hace posible distinguir entre lo que es un estado de ánimo pasajero y lo que puede ser el inicio de un problema real en la vida de nuestros hijos.

Así mismo, la sensibilidad emocional en la preadolescencia está en su máximo nivel, y es por ello que en esta etapa aparece una ventana de debilidad por donde se pueden adherir hábitos dañinos que pueden transformarse en patologías, y que por lo tanto es necesario saber identificar.

Por ejemplo, una burla hacia nuestra hija preadolescente acerca de su peso por parte de compañeros de colegio puede desencadenar una depresión real y profunda, minar su autoestima, así como incentivar trastornos alimenticios.

La preadolescencia es la etapa previa a los cambios propios de la pubertad.

Consejos y pautas para la educación de hijos preadolescentes

Amplía la privacidad de tu hijo

Durante la etapa de la preadolescencia, nuestros hijos empiezan a convertirse en adultos, por tanto, darles espacio para ejercer su privacidad es algo sano para su desarrollo, principalmente el mental.

Ofrécele autonomía a cambio de responsabilidad

Es normal que nuestros hijos preadolescentes empiecen a interesarse por salir con amigos, adquirir hobbies, iniciar noviazgos, etc. Salvo aquellas actividades que por sentido común no deberíamos permitir que realice un preadolescente, debes ser flexible y permitir que tu hijo desarrolle su propia autonomía, esto es una parte básica para que adquiera habilidades sociales.

Sin embargo, la autonomía también implica hacer lo que debe hacer, es decir, saber ser responsable. Por tanto, es bueno fijar horarios de llegada, de comunicación, así como el cumplimiento de responsabilidades tal como las escolares, de modo que pueda mantener un perfecto equilibrio entre un sano desarrollo social y su responsabilidad.

“Es durante esta etapa en la cual los jóvenes empiezan a construir su identidad, desarrollando habilidades de comunicación, control emocional, resiliencia, así como su propia visión sobre la ética y la moral”

Establece un reducido número de reglas de facto

Hacer la cama al levantarse, lavar el plato después de comer, limpiar lo que se ensucia, ordenar lo que se usa, etc. Todas estas pequeñas y sencillas pautas pueden ser un catalizador a un cambio a un comportamiento ordenado en muchos otros aspectos de la vida de nuestros hijos.

Corrígelo inteligentemente

Si es preciso castigar, hazlo inteligentemente, de modo que pueda diseñar una especie de extintor que apague un comportamiento determinado. Por ejemplo, si su hijo dice demasiadas palabras altisonantes, podrías retirarle su paga de todo el mes, y hecho esto, dado que tu hijo ya no tiene nada que perder, esta acción correctiva no extinguiría necesariamente este comportamiento.

En cambio, aplicar de forma gradual la misma táctica puede hacer que el comportamiento negativo del preadolescente disminuya o desaparezca. Por ejemplo, reducir en un 10% su paga mensual cada vez que diga una palabra malsonante hará que intente controlarse para dejar de perder aquello que le gusta.

Poner en práctica la anterior técnica desde diferentes estrategias y enfoques puede resultar una herramienta educativa ideal para extinguir malos hábitos desde una temprana edad.

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