El primer amor en la adolescencia de tu hijo: claves para actuar

Carlos Lara · 10 noviembre, 2017
Con la llegada de la adolescencia se producen numerosos cambios a nivel físico y psicológico. Este es el momento en el que empiezan a surgir la atracción sexual y los primeros síntomas del enamoramiento.

La llegada de la adolescencia no solo trae cambios físicos, también hace emerger la atracción sexual, y durante el primer amor en la adolescencia empiezan a nacer esas intensas emociones de enamoramiento, celos, miedo, desilusiones amorosas y otros sentimientos complejos que tanto nos hacen recordar al primer amor.

Sin embargo, estos primeros ciclos de inicio y fin de noviazgos adolescentes sirven también como parte de las primeras experiencias de la vida que nos ayudan a calibrar nuestras emociones, y que aunque un tanto triviales y hasta insignificantes en cuanto a duración, forman parte de nuestros primeros escalones en la maduración psicológica.

Comprendiendo el primer noviazgo de nuestro hijo

Mucho se dice de que el primer amor nunca se olvida, y puede que sea una frase mucho más empírica que de carácter romántico. Y es que el primer noviazgo sucede por lo regular en la adolescencia, etapa de la vida de toda persona donde los cambios característicos de la edad nos hacen experimentar sentimientos nuevos e intensos, y que por ende, hacen que el primer amor en la adolescencia, aunque sea muy corto, resulte mucho más memorable.

La noticia de que nuestro hijo tiene ya su primer novio nos toma a muchos padres por sorpresa, y a otros incluso nos genera un poco de angustia. Si bien no debemos ni podemos ni debemos evitar este tipo de experiencias en nuestros hijos, el solo hecho de pensar que pueden ser lastimados de alguna manera pone a muchos padres en modo alerta.

Esta preocupación de los padres es común y pasajera, resulta del instinto natural como progenitores de proteger a nuestros hijos de las situaciones de peligro; es por ello que en la mente de todo padre, en estas circunstancias, problemáticas sociales como relaciones sexuales prematuras, embarazos no deseados, violencia durante el noviazgo y simplemente cualquier daño o posible mala influencia para nuestros hijos parecen de repente estar a la vuelta de la esquina.

Pero el primer amor en la adolescencia no es en la mayoría de los casos un problema, más allá de eso, el primer noviazgo puede ser el primer engrane en de la construcción de una buena autoestima, confianza en sí mismo y la maduración psicológica que le permita un buen manejo de sus emociones para gestionar problemas más complejos en su vida diaria, así como comprometerse con sus propios objetivos.

“Los cambios propios de la adolescencia hacen que el primer amor, aunque sea muy corto, resulte mucho más memorable”

Un enfoque biológico del primer amor en la adolescencia

Durante la adolescencia, las hormonas sexuales presentes tanto en hombres como en mujeres se encuentran altamente sensibles a estímulos externos. Pero lo anterior no solo se traduce en la aparición del deseo de realizar el acto sexual, pues de hecho, la reproducción humana es un proceso mucho más complejo que se basa en más aspectos de la simple atracción física.

El enamoramiento (que es intenso si de adolescentes se trata), es un proceso que incita tanto a hombres como mujeres a iniciar el cortejo a largo plazo. Funciona mediante la liberación de neuroquímicos, esto en respuesta a la detección de buenos atributos tanto físicos como de carácter percibidos en un individuo del sexo opuesto.

Por supuesto, ninguna sensación de enamoramiento determina un comportamiento automático de reproducción, al menos no en el ser humano, aunque de haberlo dentro de una pareja, existen por supuesto una gran variedad de métodos anticonceptivos que nos ayudan a planificar cuándo y cuánta familia queremos.

¿Por qué mencionamos todo lo anterior con un enfoque un tanto más científico que abordándolo como un tema social? Si bien el primer amor en la adolescencia es una etapa vulnerable a embarazos no deseados, la educación e información son un determinante para evitar estas problemáticas, que además no son exclusivas de la adolescencia.

¿Qué posición debo tomar ante el primer noviazgo de mi hijo adolescente?

En mayor o menor grado, el primer amor en la adolescencia de uno de nuestros hijos resulta preocupante para los padres. Si bien lo ideal es mantenernos al margen de las relaciones de nuestros hijos, lo cierto es que siendo adolescentes se hace necesario saber cómo dar el correcto espacio a nuestros hijos durante un noviazgo, y así mismo detectar cuándo es necesario castigarlos o protegerlos de una situación dañina.

En base a lo anterior, te dejamos algunos consejos que pueden ayudarte a definir cómo afrontar o cómo establecer tu postura en relación al primer amor de tu hijo:

  • No prohibas el noviazgo: Más que ayudar, en buena parte de los casos solo hará que se oculte el noviazgo. Definir que lo que nos preocupa a la mayoría de los padres no es el noviazgo, sino situaciones como un embarazo no deseado o violencia en el noviazgo nos ayuda a poner la vista en el verdadero problema, así como nos permite orientar a nuestros hijos y establecer un vínculo de confianza más sólido con ellos.
  • Fortalece su autoestima: A muchos padres nos preocupa la influencia que otros puedan tener sobre nuestros hijos. La mejor forma de asegurarnos de que nuestro hijo tiene la asertividad y confianza para decir no a una mala idea sigue siendo la tarea de facto de cualquier padre, fortalecer su autoestima.
  • Responsabilidad: El cumplimiento con los objetivos escolares, así como en las tareas en el hogar sigue siendo parte de los deberes de cualquier adolescente, aunque estén enamorado. Condicionar las salidas de casa, ya sea con el novio o amigos, permite no dejar fuera de foco la disciplina en su educación.

Este aspecto permitirá que tu hijo pueda empezar a aprender cómo crear un equilibrio funcional entre su vida personal y las responsabilidades del día a día. Además, es importante que sepas que no siempre las parejas de nuestros hijos nos agradarán, y muchas veces nos tocará simplemente ser tolerantes y aceptar las decisiones de nuestros hijos.