Educar sin gritos

A continuación te brindamos algunos de los mejores consejos para que puedas educar sin gritos, tener un hogar armonioso y, sobre todo, reducir el estrés día a día.

Ser un padre dispuesto a educar sin gritos es un reto que no solo beneficiará a tu hijo, quien crecerá en un hogar donde se sentirá amado, motivado y concentrado sino también a ti.

¿Por qué? porque podrás comunicarte mejor con tus hijos, desde el respeto. Por otra parte, tendrás un lazo afectivo mucho más sólido.

Para educar sin gritos es necesario hacer un esfuerzo por dejar en el pasado el estilo de crianza basado en la fuerza bruta, la descalificación y el castigo, en líneas generales.

Según explica en un artículo Tania García, experta en Educación Respetuosa y asesora familiar, resulta mucho más efectivo aprender a utilizar las herramientas de los modelos de crianza respetuosos y positivos que continuar utilizando los modelos caducos. También aconseja aplicar los cambios necesarios para lograr un ambiente armonioso y sano en el hogar.

El esfuerzo valdrá la pena porque podrás establecer un modelo de comunicación y crianza cuyos cimientos sean la confianza, la tranquilidad y el bienestar de todos.

Educar sin gritos es saludable y beneficioso.

¿Realmente es posible educar sin gritos?

Sí es posible. Ahora bien, si al hacer una revisión de este aspecto nos damos cuenta de que gritamos a menudo como forma de conseguir lo que deseamos, debemos detenernos un momento y  reflexionar por qué gritamos. ¿Nos desesperamos rápido o nos ponemos nerviosos? 

Según Tania García, educar con gritos es la vía más fácil, cómoda e incorrecta de disciplinar a nuestros hijos. Ella considera que los padres «como no tienen otras herramientas, deciden hacer uso de aquello que han conocido cuando ellos eran pequeños, aunque no se sientan bien llevándolo a cabo».

A pesar de que muchos padres griten a sus hijos como método para educar, esto no significa que sea lo correcto, ni tampoco lo más efectivo a corto, mediano y largo plazo.

Desafortunadamente, hay muchas familias que han dejado de hablarse porque no saben comunicarse sin gritar ni agredirse verbalmente.

Hay estudios psicológicos que demuestran que nadie quiere escuchar a alguien que siempre grita, por cualquier cosa y para todo, principalmente porque resulta desagradable.

Ser una persona que cree que logra resolver los conflictos y las dificultades a gritos indica una pobreza de recursos y de valores muy grande.

Asimismo, los gritos nos mantienen en un modo agresivo, poco receptivo y mucho menos tolerante; lo cual puede impedir que obtengamos una gran cantidad de beneficios.

Por fortuna, hay otras maneras de resolver las cosas, que se puede conversar y también se puede negociar. Solo hay que aprender algunas claves para aprender a educar sin gritar. A continuación te comentamos algunas de las mejores técnicas que tienes a tu disposición.

Claves para educar sin gritos

1. Intenta ver las situaciones desde la perspectiva de tu hijo

Muchos padres olvidan que sus hijos ven las situaciones de manera muy distinta a cómo las suelen ver los adultos. Razonan de manera diferente porque simplemente son niños y a su edad les cuesta ver más allá, pensar en las consecuencias de sus actos.

A veces, lo que a un padre le parece una falta a grave (como no ordenar la habitación o no hacer la tarea porque siente que ya se sabe la lección de la clase y simplemente prefiere jugar) no es tan grave desde la perspectiva del niño.

Los niños ven, en cada situación, una oportunidad para jugar y explorar el mundo. Por eso, antes de actuar o de reaccionar bruscamente ante la queja de una maestra o una situación incómoda, trata de darle a tu hijo, al menos, la oportunidad de defenderse y de explicar qué pasó.

2. Escucha a tu hijo de manera activa y reflexiona

Educar sin gritos es mucho más fructífero que el maltrato.

Una vez hayas escuchado a tu hijo. Procura ponerte en sus zapatos por un momento y analizar con calma la cuestión. Si consideras que tu hijo ha tenido un fallo, lo más recomendable es que reflexiones sobre el tema y lo guíes con amabilidad y paciencia para que pueda identificar el fallo y también cómo puede corregirlo (o evitarlo) en un futuro.

Esto es muy importante, ya que no solo hará que tu hijo aprenda a confiar en ti sino que lo ayudarás a ser mucho más ágil en líneas generales.

Será más fácil para ti conseguir que te obedezca si le explicas el porqué de las cosas en lugar de recurrir a los gritos. Al conversar se escucharán, lograrán entenderse y llegar a un acuerdo.

4. Habla con tu hijo a menudo

Promover el diálogo y cuidar de las palabras que decimos nos llevará a crear un hábito saludable y un vínculo mucho más fuerte entre madre e hijo.

Hablar con tu hijo de manera sosegada es una de las mejores formas de educar. Cuando hables con él, míralo a los ojos y usa un tono de voz sereno.

Trata de comprenderlo y de explicarle qué esperas de él sin amenazarlo ni asustarlo. Eso marcará la diferencia entre un niño que actúa de manera consciente a uno que actúa por miedo.

5. Si te equivocaste, ofrécele disculpas

No tengas miedo de ofrecer disculpas si tú te has equivocado. Ofrecer disculpas no te hará perder autoridad ni mucho menos rebajarte. Al contrario, dará una idea de ti mucho más accesible, sabia y equilibrada.

Recuerda que la mejor herramienta para criar a tu hijo es ser coherentes y saber dar el ejemplo. Si te equivocaste, si lo juzgaste mal, si le gritaste: discúlpate y date la oportunidad de crecer tu también. Te garantizamos que esto reforzará el amor entre ambos y, sin duda, dejará una mejor impresión de ti como madre.

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