La importancia de las palabras

Maite Córdova · 11 octubre, 2017
Las palabras no solo tienen cicatrices, sino que también moldean nuestro mundo, incluso cuando estamos en silencio.

La importancia de las palabras radica, ni más ni menos, que en su impacto.

Escobar Luján, periodista, conferencista internacional de programación neurolingüística y coaching, explica que la mente subconsciente no reconoce el ‘‘no’’.

Con frecuencia, comentamos aquellas palabras que nos han impactado para mal, y la mayoría de las veces escuchamos por parte de alguno de nuestros interlocutores: ‘‘no pienses más en eso’’. Sin embargo, pareciera que la expresión solo consigue producir el efecto contrario.

¿En alguna ocasión no le has dado vueltas a una palabra o a una conversación en particular? ¿Acaso el ‘‘no’’ tiene algún poder que nos impide avanzar? De hecho, sí.

La importancia de las palabras

De acuerdo al Instituto venezolano de PNL, existen palabras y formas del lenguaje que inciden directa y negativamente sobre nuestro pensamiento.

Además, los expertos explican que el ‘‘no’’ activa en nosotros la disposición de enfrentamiento o una actitud retadora. De seguro, alguna vez nuestros padres nos dijeron no corras porque te vas a caer, e igualmente lo hicimos. 

De acuerdo al planteamiento de la PNL, al incorporar la partícula ‘‘no’’ en la orden, el cerebro la percibe de forma negativa y, por ello, se revela y hace exactamente lo opuesto.

Un pequeño ejercicio

Cierra los ojos un momento y piensa en un prado verde y soleado. ¿Listo? Bien, ahora abre los ojos y no pienses más en ello. 

¿Y bien? ¿Pudiste dejar de pensar en tu prado? Seguramente no. Quizás querías seguir añadiéndole más detalles. O quizás tenías curiosidad por saber cuál podría ser la siguiente indicación.

Ante la prohibición, tu cerebro continuó ”luchando” contra la orden, incluso si querías intentar obedecerla. Para tu cerebro, la orden fue: ¡Piensa en el prado verde! omitiendo por completo el ”no”.

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La PNL cuenta el ”no” entre sus llamadas ”palabras peligrosas o prohibidas”, las cuales se traducen, ni más ni menos, que en aquellas palabras que inciden negativamente sobre nuestro pensamiento.

Dado que el ser humano está orientado hacia la búsqueda de placer y satisfacción a lo largo de la vida, las palabras peligrosas suponen un sesgo para llegar a esta meta, por lo que es normal que nos opongamos a ellas. De esta manera, se puede apreciar la importancia de las palabras.

Las palabras peligrosas según la PNL

  • No. Como ya pudimos comprobar, la negación origina una reacción opuesta a la deseada.
  • Pero. Esta palabra anula una afirmación expresada anteriormente.
    • Por ejemplo: ella es muy buena persona pero casi nunca escucha a los demás.
  • Nada, nunca, nadie, todos, ninguno, etcétera. Las generalizaciones sabotean nuestro mensaje porque evaden toda responsabilidad sobre lo que se está aseverando.
    • Por ejemplo: a mí nadie me dice nada es una doble generalización que, a menudo, es innecesaria puesto que se trata de una exageración en el discurso.
  • Tengo que es una frase que implica esfuerzo y no suena atractiva, placentera ni satisfactoria, por tanto, resulta contraria a nuestra naturaleza. Denota una obligación. Por ello, las personas que se enfrentan al mundo laboral de esta forma, fracasan.
    • Por ejemplo: tengo que trabajar 10 horas diarias.
  • Es que…, porque… al igual que las generalizaciones, los justificativos solo evitan asumir las responsabilidades.

Es por ello que la PNL procura hacernos ver aquellas zonas oscuras en las que no habíamos reparado antes a la hora de elaborar el mensaje y compartirlo.

Así, se evalúan las reacciones, posibles consecuencias, calidad de la comunicación y sobre todo: el impacto, las cicatrices y la importancia de las palabras.

El mensaje que intentamos transmitir no siempre es el que los demás reciben. Por tanto, desde la PNL nos dicen que debemos estar pendientes de las reacciones de los demás para asegurarnos de que la recepción del mensaje ha tenido éxito.

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¿Qué se puede hacer?

Las palabras peligrosas pueden evitarse de una forma muy sencilla: prestando atención y procurando redirigir el lenguaje para intentar que nuestros mensajes se reciban con éxito.

Una vez que lo hayamos conseguido, nos daremos cuenta de que nuestra comunicación y, por ende, nuestras relaciones, resultan mucho más efectivas.

De acuerdo con la PNL, a la hora de elaborar ciertos mensajes tener en cuenta la importancia de las palabras y su capacidad para crear diferentes reacciones es algo que va a aportar calidad a la comunicación.