Diferencias entre Asperger y autismo

Asperger y autismo son dos términos que tienden a confundirse y a solaparse. Sin embargo, conocer sus diferencias es fundamental para comprender la realidad de los niños que los presentan.
Diferencias entre Asperger y autismo
Elena Sanz Martín

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz Martín.

Última actualización: 27 julio, 2022

Cuando hablamos de los trastornos del neurodesarrollo no siempre tenemos claro a qué nos referimos. Es común que surjan dudas respecto a ciertos términos como Asperger, autismo o TEA y que exista una tendencia a confundirse o a solapar sus definiciones. Sin embargo, para comprender las realidades de quienes los padecen es importante distinguirlos. Por ello, hoy queremos hablarte de las diferencias entre Asperger y autismo.

Es lógico y natural que aún exista cierta confusión, pues no hace mucho tiempo que cambiaron las clasificaciones en los manuales diagnósticos. Hasta la publicación del DSM-V, en 2013, el autismo tenía una consideración independiente. Era conocido como autismo clásico o kanneriano y formaba parte de los denominados trastornos generalizados del desarrollo, junto a otras condiciones, entre ellas el Asperger.

A partir de ese momento, se propuso el término trastornos del espectro autista (TEA) para englobar a todas estas realidades diferentes, pero con manifestaciones clínicas o rasgos similares. El concepto de espectro nos ayuda a comprender que el grado de afectación puede ser muy diverso entre los individuos, pero que partimos de unas dificultades comunes. Entonces, ¿qué diferencias existen entre estas condiciones?

Los trastornos del espectro autista

Como comentábamos, tanto el autismo clásico como el síndrome de Asperger hoy forman parte de los denominados trastornos del espectro autista (o TEA, por sus siglas). Hay quienes han llegado a considerar al Asperger como un autismo de alto funcionamiento, debido a que estas personas tienen mayores probabilidades de tener una vida independiente y sus dificultades son menos evidente. No obstante, existe una gran variabilidad en función del caso.

En ambas situaciones nos referimos a unos trastornos de origen neurobiológico que afectan al desarrollo y al funcionamiento del cerebro. Son condiciones de por vida, que impactan sobre todo en áreas como la socialización y el comportamiento.

Niño con autismo mirando por la ventana.
Tanto en el Asperger como en el autismo podemos encontrar dificultades sociales, intereses restringidos y preferencia por la rutina. Pero existen algunas diferencias entre ambos que son destacables.

Diferencias entre Asperger y autismo

Las siguientes son las diferencias más notables entre ambas condiciones.

Socialización

Las dificultades de socialización varían con la edad de la persona y el nivel de afectación que presenten, pero suelen estar presentes en ambas condiciones. Los niños autistas prefieren jugar solos, suelen ignorar a los demás y parecen insensibles a los pensamientos y a las emociones ajenas.

Con respecto al lenguaje no verbal, tienen dificultades para comunicarse con gestos y no mantienen un adecuado contacto visual. Igualmente, se les dificulta compartir, cooperar o esperar su turno.

Por su lado, los niños con Asperger presentan problemas, sobre todo, con las reglas no escritas y con los aspectos más subjetivos de la socialización. Es decir, con aquellas reglas implícitas de los vínculos entre las personas. Sin embargo, pese a tener interés en mantener las relaciones sociales, al final sus dificultades los limitan y acaban por ser excluidos, algo que viven con enorme malestar.

Lenguaje

Aquí encontramos una de las diferencias más notorias entre el autismo y el Asperger. En el primer caso, las limitaciones lingüísticas son grandes. De hecho, un alto porcentaje de los niños con autismo son no verbales y la mayoría de ellos presenta algún retraso o trastorno en el área del lenguaje.

Por el contrario, en el síndrome de Asperger la adquisición del habla suele ocurrir de forma temprana y los niños cuentan con un amplio repertorio léxico. Sin embargo, su lenguaje resulta pedante y excesivamente formal, así como también demasiado literal. Esto dificultad la expresión y la comprensión al mantener un diálogo con otro, pues no son capaces de empatizar ni anticipar las intenciones del otro.

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Conducta

De nuevo, los problemas de conducta son mucho más llamativos y evidentes en los niños con autismo. Estos pequeños pueden realizar movimientos corporales repetitivos e inusuales (como balancearse) e incluso, autolesivos (como golpearse la cabeza).

En el Asperger esto no sucede, pero sí existe una mayor torpeza en los movimientos y una gran falta de coordinación. Sin embargo, la irritación, las rabietas y los colapsos emocionales son menos frecuentes que en el autismo.

Inteligencia

En este ámbito es difícil generalizar, ya que la inteligencia varía notablemente de unas personas con autismo a otras. Aun así, algunos estudios han encontrado que un 75 % de los individuos que padecen autismo clásico presentan un bajo cociente intelectual (CI). Pero vale destacar que el otro 25 % incluye a los quienes se encuentran en la media o por encima de la media en este parámetro.

En el caso del Asperger, sin embargo, los niños suelen encontrarse en la media de CI e incluso, destacar en algunos ámbitos como el dibujo, la música o el cálculo.

Incidencia y diagnóstico

También encontramos diferencias entre el autismo y el síndrome de Asperger respecto al porcentaje de personas afectadas, siendo mucho más común esta segunda condición.

Los estudios llevados a cabo al respecto estiman que el autismo clásico afecta a unas 4 de cada 10.000 personas, mientras que el síndrome de Asperger se presenta en unas 20-25 de cada 10.000.

Además, la edad de diagnóstico también es un factor importante. La mayoría de los padres descubren las primeras anomalías o signos de autismo en sus hijos desde las primeras etapas de la vida y pueden obtener un diagnóstico antes de los tres años.

Por el contrario, las manifestaciones del Asperger, al ser menos evidentes y llamativas, suelen conducir a que el diagnóstico se demore un poco más.

Sin embargo, cabe mencionar que en muchas ocasiones quienes padecen autismo son errónea o insuficientemente diagnosticados con TDAH u otros trastornos similares. Incluso, suelen pasar muchos años hasta que se identifica finalmente el autismo.

Niños con Asperger jugando.
Los niños con Asperger suelen mostrar intención para establecer relaciones sociales, pero carecen de ciertas habilidades que les permiten desarrollar adecuadamente los vínculos.

Las diferencias entre Asperger y autismo se evidencian en el funcionamiento

En definitiva, la concepción del Asperger como un autismo de alto funcionamiento no es tan descabellada, puesto que, realmente, esta es una de sus más notables diferencias.

Los niños con Asperger no aparentan ser diferentes y es solo en sus entornos cercanos cuando se evidencian los desafíos. A pesar de necesitar ciertos apoyos y ajustes, suelen ser independientes y alcanzar logros personales y laborales con relativa facilidad en la vida adulta.

En el caso del autismo, esta situación dependerá mucho del grado de afectación. Sin embargo, suele ser necesario contar con apoyo en la escolarización y en muchos casos, se requiere apoyo y supervisión de por vida.

En cualquier caso, alcanzar un diagnóstico acertado de forma temprana es fundamental en ambas condiciones. Esto permite comprender las necesidades individuales y cubrirlas a fin de lograr el máximo desarrollo y la mejor calidad de vida de estas personas.

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