Trastornos generalizados del desarrollo: cuando las siglas no ayudan

23 enero, 2020
Este artículo fue redactado y avalado por la médica Irene Nora Melamed
Los trastornos generalizados del desarrollo, o TGD, como en ocasiones se los denomina, agrupan a una serie de entidades que es bueno conocer y reconocer.

En ocasiones, los profesionales de la salud utilizamos siglas a fin de simplificar algunas denominaciones, y un ejemplo de ello es cuando nombramos como TGD a los trastornos generalizados del desarrollo. Lo anterior puede ser considerado como una forma de ocultar información o hasta de sembrar cierto halo misterioso, pero está más relacionado con la necesidad de adoptar códigos comunes y, en este caso, las siglas no ayudan. 

Paralelamente, las publicaciones científicas incluyen en su interior una serie de nomenclaturas con la correspondiente aclaración para simplificar la lectura.

Acceso a la información de salud

Hacer más simple y amigable la información que en contextos de salud se le brinda a los usuarios de salud no implica crear una maraña de conceptos difíciles de comprender, así como tampoco neologismos. Para el caso de los trastornos generalizados del desarrollo, o TGD, las siglas definitivamente no ayudan porque el hecho de que lo que tiene un hijo pueda ser descrito en solo tres letras no lo minimiza ni le resta importancia.

Desde la Fundación INECO, Argentina, se mencionan una serie de manifestaciones que, a modo de ‘banderas rojas’, pueden alertar sobre la necesidad de una consulta especializada cuando se está frente a la duda de que el desarrollo no sigue los patrones habituales:Niño de ojos azules presentado trastornos generalizados del desarrollo.

  • El bebé no sonríe en respuesta a una cara sonriente.
  • No mira a los ojos.
  • El bebé no acompaña con ningún movimiento del cuerpo cuando se lo levanta.
  • El niño no responde a su nombre y resulta difícil conseguir su atención.
  • No encuentra placer en compartir intereses con los padres (por ejemplo, señalarles un objeto que le gusta y disfrutar del interés compartido).
  • Tiene dificultades para buscar consuelo y ofrecer consuelo.
  • No juega simulando imitar conductas sociales, como jugar a servir el té, por ejemplo.
  • No parece atender a las normas sociales.
  • Cuando habla (ya que estos niños, generalmente, adquieren el lenguaje más tardíamente que otros niños), tiene una forma de hablar inusual, como si fuera mecánica, o siempre en un mismo tono, o con volúmenes inusuales.
  • Le cuesta usar el lenguaje con fin comunicativo..

Información adicional

  • Pasa mucho tiempo mirando objetos, luces en movimiento o sus propias manos.
  • Se tapa los oídos cuando hay algunos sonidos o cuando hay mucha gente.
  • A veces, cuando se lastima o golpea, parece que no siente dolor.
  • Efectúa movimientos repetitivos como balancearse con el cuerpo, aletear con las manos, o salta.
  • Tiene buena relación con los objetos, a veces puede pasarse horas haciéndolos girar.
  • Necesita que las cosas estén siempre iguales.
  • Se enoja si le cambian las rutinas, los recorridos, el orden de los objetos.
  • Cambia bruscamente de humor sin razón aparente; puede presentar berrinches sin motivo aparente.

Las manifestaciones anteriores deben ser tenidas en cuenta. Si bien la existencia de una u otra en forma aislada no siempre deben ser motivo de preocupación o sugerir la presencia de un trastorno del desarrollo, por lo que su existencia, lejos de generar ansiedad en quienes lo detectan, deben ser fuente de consulta.

¿Qué son, entonces, los trastornos generalizados del desarrollo?

Se denomina trastorno generalizado del desarrollo o TGD, según información proveniente del National Institute of Neurological Disorders and Stroke, de los Institutos de Salud de los EEUU, NIH , a «un grupo de trastornos caracterizados por retrasos en el desarrollo de las aptitudes de socialización y comunicación. Los padres pueden observar síntomas ya en la primera infancia, y la edad típica para el comienzo de la enfermedad es antes de los tres años de edad».

Los síntomas, según esa misma fuente, pueden incluir problemas para:

  • Usar y entender el lenguaje.
  • Dificultad para relacionarse con las personas, objetos y sucesos.
  • Juegos poco usuales con los juguetes y otros objetos.
  • Dificultad con los cambios de las rutinas o el ambiente familiar.
  • Movimientos corporales o patrones conductuales repetitivos.Niño intentos hacer pis en un orinal.

Una vez identificados estos síntomas o manifestaciones, ¿qué es lo que se puede hacer?

Desde la Asociación Española de Pediatría los autores destacan que como el diagnóstico de TGD se ha incrementado en los últimos años, se plantea la detección de situaciones clínicas de fácil identificación en el primer año de vida que permitan mejorar el diagnóstico y facilitar la intervención temprana.

Sin embargo, los investigadores añaden que, pesar de la necesidad del diagnóstico precoz, no disponemos en la actualidad de ningún marcador biológico para el TGD y, por tanto, la detección de esta patología debe focalizar su atención en la valoración de la conducta clínica.

Opciones y alternativas de tratamiento para los trastornos generalizados del desarrollo

Desde los Institutos de Salud de los EEUU, NIH, y respecto de la existencia de algún tratamiento, sus investigadores señalan que no hay cura conocida para los TGD. Se usan algunos medicamentos para tratar problemas conductuales específicos; la terapia en los niños con TGD debe especializarse de acuerdo a la necesidad. Algunos niños con TGD se benefician de salones de clase especializados en los cuales el grupo es pequeño y la instrucción se da de forma personalizada.

Finalmente, ¿es de importancia, entonces, la intervención precoz?

La intervención precoz que incluye programas educativos y servicios de apoyo adecuados y especializados desempeña un papel fundamental para la mejora del desenlace en las personas afectadas por los TGD.

  • Asociación Española de Pediatría.
  • Instituto Nacional de Salud, EEUU, NIH (por sus siglas en inglés)