¿Cómo diferenciar preocupación y obsesión en tus hijos?

17 enero, 2020
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Elena Sanz Martín
Cuando un niño sufre una preocupación excesivamente frecuente o desproporcionada, podemos estar ante una obsesión que requiera de ayuda.

Solemos pensar que los niños tienen una existencia tranquila y despreocupada, sin nada que turbe sus pensamientos. Pero, en realidad, dentro de su propio pequeño mundo, ellos también tienen que lidiar con retos y desafíos que pueden generarles malestar. Si el menor tiene cierta tendencia ansiosa, es posible que dicha inquietud tome dimensiones más preocupantes. Por eso, en este artículo aprenderemos a diferenciar preocupación y obsesión.

Para los niños no resulta sencillo expresar con claridad lo que sienten y cómo los afecta. Por ello, es importante que los padres estén alerta ante ciertas señales que pueden avisar de que el pequeño necesita ayuda. Cuando tu hijo esté atravesando un periodo complicado, cuando sufra alguna preocupación, observa su comportamiento. Este puede darnos pistas sobre un posible patrón obsesivo ante el que debemos actuar.

La función de la preocupación

Aunque resulte desagradable, la preocupación cumple una misión fundamental. Es el estado emocional que nos alerta de que una situación determinada requiere de nuestra acción. La inquietud ante un examen mueve al niño a estudiar para obtener buenas calificaciones en él. La preocupación por haber discutido con un amigo le motiva a dialogar para tratar de hacer las paces.Niño con una gran preocupación sentado frente a la ventana.

Cuando se trata de un desasosiego puntual y proporcional, resulta beneficioso, ya que moviliza al niño a actuar ante una circunstancia y resolverla de la mejor manera. El problema surge cuando dicha preocupación pierde su función y aparece de una forma excesiva o ante situaciones improbables. En este caso, en lugar de conducir a una solución, lleva al pequeño a un bucle de pensamientos negativos del que puede resultarle muy difícil salir.

¿Cómo diferenciar entre preocupación y obsesión?

Para identificar si la preocupación de tu hijo es normal o patológica, puedes atender a diferentes aspectos:

  • Realismo: este es uno de los puntos que más fácilmente puede alertarnos. Si el motivo de angustia de nuestro hijo es muy poco probable, posiblemente se trate de una preocupación disfuncional. No es lo mismo sentir malestar por no entrar en el equipo de fútbol que por miedo a que haya un incendio en casa y la familia salga herida.
  • Desproporción de la preocupación: en ocasiones, el motivo de inquietud es común, pero la ansiedad que se siente es excesiva y desproporcionada. Por ejemplo, un niño que sufre verdadera angustia al estar cerca de alguien enfermo por miedo a contagiarse.
  • Frecuencia: el pensamiento aparece de forma recurrente en la mente del menor, interfiriendo en sus actividades diarias, escolares o sociales. Una preocupación funcional no ocupa la mayor parte del día.
  • Incapacidad para frenar la preocupación: las obsesiones son pensamientos intrusivos que aparecen en cualquier momento y de forma indeseada. A pesar de los esfuerzos por librarse de ellos, el niño se ve incapaz de lograrlo.
  • Son vividos con vergüenza o culpa: otro aspecto que debe hacernos sospechar es la reticencia del niño a mostrar su preocupación. Puede que considere el contenido de sus pensamientos inadecuado o inconfesable, o tal vez la preocupación le lleve a poner en marcha rituales compulsivos. Estos pueden ser, entre otros, comprobar repetidas veces que un artefacto está apagado, lavarse las manos un número determinado de veces o llevar un conteo mental.Niña triste y preocupada sentada en el sofá.

Habla con el niño y toma medidas

Como hemos comentado, lo mejor que podemos hacer para diferenciar entre preocupación y obsesión es observar su conducta. Si realiza algún tipo de ritual compulsivo, será más sencillo detectar la patología, pero es probable que este comportamiento no se produzca o que sea encubierto, es decir, realizado solo en la mente.

En este caso, se hace prioritario conversar con el niño acerca de su preocupación. Tal vez su angustia ante la idea de dormir en casa de un amigo se deba al miedo a la oscuridad. Quizá su preocupación por la exposición del colegio sea por una posible fobia social. La obsesión no es la única respuesta ante una inquietud excesiva y desproporcionada, pero, sin duda, es una opción a tener en cuenta.

Preguntar al niño sobre el contenido de sus pensamientos y lo que hace para manejarlos nos dará mucha información importante. Pero, sobre todo, hará saber al niño que no está solo ante sus problemas. Que puede contar con nosotros y que buscaremos la ayuda necesaria para que vuelva a sentirse bien.

  • Pons, T. C. (2014). El espectro obsesivo-compulsivo en el DSM 5. Cuadernos de medicina psicosomática y psiquiatria de enlace, (112), 22-27.
  • Vargas Álvarez, L. A., Palacios Cruz, L., González Thompson, G., & De la Peña Olvera, F. (2008). Trastorno obsesivo compulsivo en niños y adolescentes: una actualización. Primera parte. Salud mental31(3), 173-179.