Creciste en un abrir y cerrar de ojos

Este artículo ha sido verificado y aprobado por la psicóloga Elena Sanz Martín al
23 Abril, 2020
Los niños crecen rápido. Antes de que te des cuenta tu pequeño dejará de pedir tus brazos para exigir libertad. Por ello, disfruta al máximo su infancia.
 

Te observo fijamente. Aún conservo aquella dulzura en mi mirada, como cuando te miraba aquellas primeras veces. Me asombro ante los innegables e infranqueables efectos del paso del tiempo. Sonrío al verte ahora en el presente, pero, sobre todo, al recordar tu pasado. Para mí, hijo, creciste en un abrir y cerrar de ojos.

Me pregunto en qué momento pasó todo rápido, sin que yo me diera cuenta. Vienen a mi mente, como invasores, los más hermosos recuerdos de mi vida. Sean logros o fracasos, sacan a relucir el brillo de mis todavía -y para siempre- enamorados ojos.

Vuelvo a mirarte. Ese futuro por el que tanto luché parece que se consume. Pero aún queda un largo resto. Es que, sin lugar a dudas, creciste. Cambiaste en todos los sentidos. Satisfacción y orgullo bajan con destino a mi pecho como estrellas fugaces que laten a mil por hora.

Todo lo que quedó atrás cuando creciste

“Disfruta, el tiempo pasa volando, los niños crecen muy rápido”, me repetían casi a diario. Con una dolorosa insistencia. Aun así yo no me lo podía creer, me negaba a creerlo o simplemente no me lo tomaba en serio. Pero sin dudas, la profecía se cumplió: creciste en un abrir y cerrar de ojos.

Pero cuento con la fortuna de haber disfrutado al máximo de tu tierna infancia. Es que conforme pasaba el tiempo, más me aferraba a tu dulzura e inocencia. Me alimentaba de la magia de tus ojos, de tu imaginación.

Madre dando un beso a su niño pequeño
 

¡Qué manera de aprovechar el tiempo!. Te cogí todo lo que pude, pues te tuve todo el día en brazos, todos los días. Siempre pegado a mí. Te miraba, obnubilada, mientras te alimentaba. Te llené de abrazos y de besos. Miraba cómo un ángel usurpaba mi hogar cada vez que dormías.

Sentía que los minutos duraban una eternidad, como si el tiempo quedase congelado para ti y para mí. Cada uno de nuestros días parecía durar para siempre. Yo sentía que el tiempo jamás podría pasar volando a tu lado en nuestra idílica y soñada vida. Parecía que se detenía a mirar la perfección de un amor puro e incondicional.

Pensaba y me convencía de que definitivamente el tiempo no podía pasar volando. Creía que este maravilloso momento podría ser eterno, inmortal, inagotable. Lo que nunca consideré es que, en realidad, ningún reloj marcaría tanto el paso del tiempo como tú.

Cuando desperté, ¡creciste mi amor!

Sí, me equivoqué. Simplemente al despertar tras una de esas noches agitadas, todo había cambiado a mi alrededor. Ya no pedías brazos, sino libertad. Habías cambiado el biberón por la vajilla que compartías con nosotros. Corrías, atolondrado, por todos lados. Abandonaste los balbuceos por las primeras palabras.

Volví a abrir los ojos, otro día. Te vi entrando por primera vez en el colegio. Habías conseguido suplantar los pañales por ropa interior. Podías relacionarte sin problemas con nuevos amigos que llegaban a tu vida. Sabías escoger tu ropa y vestirte tú solo.

 
Antes de que me diera cuenta creciste e ibas al colegio

Y es que, en tan solo un abrir y cerrar de ojos creciste, te hiciste grande físicamente, inmenso de corazón. Los días siguieron corriendo, a mayor velocidad, y con mayor virulencia me mostraban en lo que te convertías. Te sigo observando y te veo guapo, fuerte, valiente y noble.

Disfruta cada instante, como yo disfruté contigo

Mi eterno niño, criado con cariño, en brazos y con mucho amor. Seguro, independiente y, sobre todo, feliz. Pero ya mayor, adulto. Si tuviera que decirte algo en este preciso momento, hijo mío, te diría tan solo que disfrutes ahora. Del presente, de cada instante, como si fuera el último. Porque ciertamente el tiempo pasa volando, créeme.

Te miro junto a tu mujer, esperando el fruto de vuestro amor. Deseo con la fuerza de mi corazón que viváis intensamente cada segundo de esa experiencia única. Cógelo mucho en brazos porque crecerá antes de lo que piensas. Anímate a dormir abrazado a él, pues después llegará el día en que quiera dormir solo.

Bésalos mucho, bésalos siempre que te sea posible. Porque, en definitiva, no podrás hacer un mayor acto de amor que desapegarte una vez que hayan pasado los años. Irónico pero real. Tarde o temprano, cuando crezca y sea él mismo, tendrás que dejarlo volar. Confía en tu corazón y en estas sabias palabras.

 
  • De Dios, S. (2019, agosto 26). El tiempo: esa gota que se desliza y no podemos parar con la mirada. Recuperado abril de 2020, de https://lamenteesmaravillosa.com/el-tiempo-esa-gota-que-se-desliza-y-no-podemos-parar-con-la-mirada/
  • Sabater, V. (2019, junio 4). Trata a tus hijos con cuidado: están hechos de sueños. Recuperado abril de 2020, de https://lamenteesmaravillosa.com/trata-tus-hijos-con-cuidado/