Crecer siendo hijo único

24 marzo, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Elena Sanz Martín
Crecer siendo hijo único tiene ventajas e inconvenientes. Conoce cuáles son y sácales provecho.

Cada vez son más los hogares que limitan su descendencia a un solo hijo. Bien sea por cuestiones médicas o por decisiones personales, este modelo de familia se extiende cada vez más. En este artículo vamos a desmitificar y tratar de aportar claridad a lo que realmente supone crecer siendo hijo único.

Crecer siendo hijo único

Actualmente nos encontramos ante un panorama social muy distinto al de tiempos anteriores en lo que respecta a la familia. La natalidad baja cada vez más y el índice de fecundidad (es decir, el número medio de hijos por mujer) se encuentra en 1,3.

Esto nos muestra la tendencia creciente de la sociedad española hacia un fenómeno que antaño parecía una circunstancia especial: las familias con un único hijo. Son muchas las creencias asociadas a los niños (y adultos) que crecen sin tener hermanos pero, ¿qué tienen de cierto estos estereotipos?

Ventajas de crecer siendo hijo único

Los hijos únicos reciben más atención por parte de sus padres. Estos desarrollan su labor con una dedicación exclusiva al no tener que dividir su tiempo y su afecto. Como consecuencia, estos niños suelen sentirse apoyados y atendidos y desarrollan una buena autoestima.

Los padres con un solo hijo suelen contar con más recursos económicos para ofrecerle, lo que le permite vivir una mayor variedad de experiencias en distintos ámbitos de la vida.Crecer siendo hijo único.

Estos niños crecen en un mundo de adultos y en constante contacto con ellos; son sus referentes a imitar y su principal fuente de interacción. Dicha circunstancia trae consigo un mayor desarrollo de la creatividad, la imaginación y la flexibilidad mental. Por el mismo motivo, los hijos únicos suelen presentar un desarrollo intelectual (lingüístico y cognitivo) más veloz.

Al no tener hermanos deben pasar muchos ratos a solas, pues los adultos son adultos y no pueden prestarse a jugar con él siempre. Por ello, saben adaptarse a la soledad, desarrollando pasatiempos y aprovechándola como una forma de conocerse a sí mismos y ser más independientes. Además, son niños más calmados, introvertidos y maduros.

Los hijos únicos no tienen a quién «echar la culpa» o con quien compartirla, por tanto, aprenden desde muy pequeños a aceptar su responsabilidad. Esto los hace personas más eficientes en la vida y en el trabajo.

Inconvenientes de crecer siendo hijo único

La parte negativa de la mayor dedicación de los padres es la atención excesiva. Si esto sucede, el niño puede convertirse en un tirano. Además, si está atención excesiva deriva en sobreprotección, puede desembocar en el niño en una personalidad tímida, temerosa y más cauta de lo normal. 

El hecho de no tener un entorno familiar en el que competir, jugar y compartir con sus iguales entorpece el desarrollo de ciertas habilidades. Así, los hijos únicos suelen tener más dificultades para negociar sus necesidades con los demás y la confrontación les supone un gran problema, pues no saben cómo abordarla.

Además, pueden tener problemas para ser generosos, tanto en lo material como en lo emocional, y tender a pensar que cada uno debe ocuparse de sí mismo. Y, sumado a esta individualidad, puede aparecer el egocentrismo.

Muchas veces estos niños son tratados como adultos debido a la mayor madurez que presentan, lo que puede coartar su espontaneidad y convertirlo en una persona demasiado rígida.

En ocasiones pueden sentir soledad al no contar en casa con la complicidad que proporcionan los pares. Esto puede conducir a una personalidad retraída y reservada.Crecer siendo hijo único.

¿Qué hacer para evitar las desventajas?

  • Es imprescindible marcar límites afectuosos, que aprenda a respetar el tiempo de los demás y a tolerar un «no» por respuesta.
  •  En lugar de sobreprotegerlodebemos ofrecer al niño la posibilidad de aprender a desenvolverse en el mundo por sí mismo.
  • Para evitar el egocentrismo hemos de enseñarle a compartir, respetar el turno o entender que, al contrario de lo que ocurre en casa, la atención y elogios de los adultos no irán siempre dirigidos hacia él. Habrá que proporcionarle situaciones suficientes de socialización con otros niños, especialmente con la inestimable figura de los primos.
  • Aunque parezca maduro, no debemos olvidar que sigue siendo un niño y es importante dar espacio a su espontaneidad.
  • Para paliar la sensación subjetiva de soledad es importante ofrecer siempre apoyo y comprensión desde su entorno cercano.