¿Cómo fomentar la gratitud en los niños?

Agetna · 29 marzo, 2016

La gratitud es uno de los valores más lindos del ser humano.


El ser agradecido dice mucho de cuánto alguien valora las acciones que la vida y los demás tienen para con él.

La gratitud hace nacer la amistad y la cordialidad entre las personas.

Fomenta la gratitud en tu hijo como mismo cultivas el amor recíproco que ustedes se tienen.

Enséñale a apreciar y aceptar el universo y los seres que habitamos el planeta Tierra con nuestras virtudes y nuestros defectos.

La importancia de que el niño sea agradecido

La gratitud otorga felicidad tanto a quien de ella se vale para retribuir el afecto y las buenas acciones como a quien la recibe.

Debes saber además que un niño que aprende a dar las gracias es:

Más condescendiente, paciente y tolerante con los otros niños y adultos que le rodean
Altruista, bondadoso y empático con sus semejantes
Menos egoísta y maleducado, lo que se traduce en que tenga menos problemas de conducta
Optimista y positivo

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¿Cómo fomentar la gratitud en los niños?

Para que tu hijo aprenda a ser agradecido y se convierta en aquel niño íntegro que deseas, en eres mamá te recomendamos:

Da el ejemplo

No porque le digas que debe ser agradecido con los demás tu hijo va a serlo.

Ten presente que él como otros niños gusta de poner en práctica sus propias ideas y hacer su voluntad.

Si lo presionas, nada bueno vas a lograr de esto.

Para que tu hijo aprenda a dar las gracias debes inculcárselo con tu propio ejemplo.

Como él se encuentra en pleno aprendizaje y ese aprendizaje está motivado por la imitación de las personas que tiene a su lado debe ver que, en casa, todos son agradecidos.

Que aprenda a escuchar su yo interior cuando es y no es agradecido

Todos sabemos cómo nos sentimos cuando hacemos algo positivo.

Si somos bondadosos, amables; si laboramos en bien común nos sentimos satisfechos, con ánimo de vivir, alegres, en plena armonía con nuestra persona y el mundo circundante.

Si somos mentirosos, egoístas, malintencionados y hacemos malas acciones no pocas veces nos cuesta pegar la cabeza a la almohada.

Enséñale a tu hijo a ser agradecido y llenar su corazón y su mente de ternura, humanidad, energía positiva y amor.

Que aprecie que así se siente bien cuando pone la gratitud como bandera.

Que aprenda a aceptar y ser feliz consigo mismo y con todo lo que tiene

Debes enseñarle a tu hijo a valorar todo lo que tiene y ha conseguido con su esfuerzo diario.

A regocijarse por las metas alcanzadas y sentirse feliz por todo lo bueno de su vida.

Debes hacerle ver cuánto vale como persona con sus virtudes y defectos; y a dar las gracias por la salud que tiene, el amor, la familia, la esperanza, la paz, la riqueza espiritual…

Muéstrale que la gratitud hacia todo y todos hace que se sienta menos inconforme y, por tanto, infeliz.

Edúcalo en valores y acciones que conducen al agradecimiento

La gratitud lleva y a la vez es el resultado de otros muchos valores.

Si quieres que tu hijo aprenda a agradecer, incúlcale el compartir con los demás, el ser bondadoso y servicial.

Pídele que tenga siempre en cuenta el respeto hacia sus semejantes, el valor que tienen sus ideas y opiniones.

Se agradece cuando realmente se le da valor a las personas y a la naturaleza que brinda lo bueno que tiene.

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Enséñalo a amar al prójimo, a premiar sus buenas acciones ya sea que lo beneficien o no, directamente.

Pídele que sea siempre honesto, sincero y así mismo no tenga vengüenza, ni se sienta menos, cuando deba agradecer a otros.

Tu hijo debe sentirse agradecido por su dignidad, disciplina, buena educación, humildad, voluntad, solidaridad, perseverancia, tolerancia, valentía y todos los restantes valores que, como madre, le sigues enseñando y lo guían hacia el logro de sus sueños.

Enséñalo a agradecer sus desventuras

De las cosas buenas se aprende, pero de las malas también.

Muéstrale a tu hijo que debemos hasta mostrar gratitud por alguna que otra desventura que tenemos en la vida porque ellas hacen que nos superemos como personas y hagamos esfuerzos extraordinarios.

Las desventuras son puntos de giro en nuestra cotidianidad. No pocas veces luego de los descalabros vienen las mejores victorias.