Cómo enseñar oratoria a los niños

09 Julio, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la pedagoga María Matilde
Conozcamos en este artículo cómo enseñar oratoria a los niños para que puedan desarrollar y ejercitar la capacidad de hablar en público

Enseñar oratoria a los niños, tanto en casa como en el colegio, es importante. Esto es así porque los pequeños se van acostumbrando y desarrollando la destreza de expresarse en público a medida que crecen.

Aunque vivimos en un mundo digital y creamos que no es necesario, porque la mayoría de las veces nos protegemos detrás de una pantalla, aprender a hablar en público es fundamental, ya que se trata de una habilidad necesaria tanto en ámbitos cotidianos e informales como en otros más formales y profesionales.

¿Qué es la oratoria?

A muchos de nosotros nos cuesta mucho expresarnos frente a un grupo de personas, y más cuando estas son desconocidas. Y el temor, el nerviosismo o la vergüenza de hablar en público se manifiesta con distintos síntomas corporales como sudoración, palpitaciones y temblor en las manos.

Para poder vencer o controlar el miedo o pánico que muchas personas tienen de expresarse en público, deben desarrollar una serie de habilidades. Estas habilidades son propias de la oratoria, que significa ‘el arte de hablar en público con elocuencia‘. Es decir, la oratoria no se refiere al mero hecho de hablar con otros, sino que involucra una serie de técnicas y reglas que nos permiten expresarnos de una manera muy precisa.

La finalidad, entonces, de la oratoria es ayudar a las personas para que puedan transmitir un mensaje de una forma ordenada con el objetivo de informar, de persuadir o de conmover al público al que uno se dirige.

Por lo tanto, aprender oratoria permite dominar diversas destrezas para comunicar y comunicarse de una forma clara, directa y segura. Y como cualquier otro arte, la oratoria debe ser aprendida y ejercitada para poder ser desarrollada con naturalidad.

Niño con un micrófono delante con miedo a hablar en público porque no ha aprendido oratoria.

¿Por qué enseñar oratoria a los más pequeños?

Como hemos dicho, enseñar oratoria a los niños desde pequeños es beneficioso para su desarrollo y para su futuro, tanto en contextos cotidianos como laborales. Aprender oratoria a medida que crecen les permite ir ejercitándola y, a su vez, paralelamente, ir perdiendo el miedo a exponerse y expresarse  frente a mucha gente.

Es importante que desde niños puedan tener herramientas para exponer sus ideas a medida que amplían su vocabulario. De esta forma, se irán sintiendo cada vez más seguros, creyendo en ellos mismos y reforzando, así, su autoestima.

Con lo cual, la oratoria les permitirá a los niños encontrar aquellas palabras y términos más adecuados en un discurso público. Como también aprender sobre la forma correcta de respirar, los tonos de voz, las pausas y la pronunciación correcta. Sin olvidar la importancia de aprender determinadas posturas corporales que deben acompañar a una buena exposición.

Cómo enseñar oratoria a los niños

Existen muchas actividades y recursos útiles que se pueden utilizar tanto en la casa como en el colegio para que los niños aprendan progresivamente a hablar frente a muchas personas. Actividades como:

Obras de teatro o teatralizaciones

Sobre una historia corta y atractiva para los niños, ellos pueden jugar a representar a los personajes que las conforman. Así, sobre la base de un guión, van desarrollando distintos diálogos y se van soltando y atreviendo a hablar frente a otros observadores.

Lectura de poemas y frases cortas

Pueden ser útiles para esta actividad poemas cortos o frases cortas de otros autores, o escritos por los mismo niños. El objetivo es animarlos a todos a leer en voz alta al resto de sus compañeros, ya que esto les puede ayudar a perder el miedo y vergüenza de recitar frente a los demás.

Defender una idea

Cuando los niños tienen que exponer argumentos para defender una idea, deben improvisar y encontrar rápidamente las palabras y la estructura adecuada de su discurso. Es importante que, tanto en clase como en casa, se traten temas sobre los que los niños den su opinión y se expresen verbalmente. Por ejemplo, temas como el cuidado del medio ambiente, sus vocaciones profesionales o las razones de por qué es importante aprender a hablar en público.

Simular vender un producto o servicio

Esta puede ser una actividad interesante y divertida para que ellos dejen volar la imaginación y creatividad. Al tener que conseguir atraer y entusiasmar a un público, tendrán que inventar  argumentos originales y encontrar palabras y conceptos adecuados y convincentes.

Niño en clase de oratoria con sus compañeros y la profesora practicando un discurso.

Recitar trabalenguas

Hacerlo varios días en la semana es una forma divertida para que los niños puedan ir adquiriendo mayor fluidez verbal y, a su vez, puedan ir mejorando su pronunciación. Se puede comenzar con trabalenguas sencillos e ir progresando con otros de mayor complejidad.

Trabajar la postura corporal y los tonos de voz

En todas las actividades que se realicen con los niños, es importante remarcarles siempre la necesidad de mantener una buena postura corporal cuando se habla en público. Hacer hincapié en mantener la espalda bien recta, en evitar sentarse y apoyarse en ningún sitio.

Además, debemos recalcar la importancia de mantener la cabeza erguida y mirar  alternativamente a todas las personas con las que hablamos. Así como insistir en la necesidad de mantener un buen tono de voz, sin gritar, pero firme y seguro, y a la vez amable y agradable.

Por último, para enseñar oratoria a los niños…

En primer lugar, recordar y remarcar que la principal manera de enseñar oratoria a los niños es conectándola con el juego. Cualquier tipo de actividad lúdica y creativa en la que ellos se expresen jugando les ayudará a encontrar las formas más adecuadas para perder la vergüenza y el miedo al ridículo y, así, poder hablar en público y comunicarse cada vez mejor.

Y, en segundo lugar, no hablar por ellos, sino fomentar que hablen y contesten por sí solos. Debemos dejar que expresen sus ideas y sus opiniones, escuchándolos siempre con atención y sin interrumpirlos.