Cómo detectar fobias en los niños e impedir que avancen

07 Septiembre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz Martín
Los temores en la infancia pueden ser muy variados. Sin embargo, para evitar que se transformen en una fobia, la actitud de los adultos es de gran relevancia.
 

La crianza y educación de los niños es una tarea compleja para la que no contamos con instrucciones. En determinados momentos del crecimiento, pueden surgir miedos que lleven a los padres a preguntarse si es algo normal y evolutivo o se trata de asunto preocupante que requiere de intervención.

Aunque en muchas ocasiones estos temores son naturales y transitorios, en otras pueden ir a más si no se actúa a tiempo. Por ello, es necesario saber cómo detectar fobias en los niños cuando estas se encuentran en estados iniciales.

La infancia es una etapa de gran relevancia. A estas edades, los niños son como esponjas, totalmente permeables a la información que reciben de su entorno.

Por lo mismo, las actitudes que desarrollen durante estos años pasarán a formar parte de su personalidad. Del mismo modo, las herramientas de afrontamiento que aprendan constituirán parte fundamental de sus recursos para desenvolverse en la vida.

Por ello, la actuación de los padres ante una posible fobia infantil es muy importante. El modo de manejarla puede ser determinante para el futuro del niño. De esta manera, si, como padres, le ofrecemos los recursos que necesita, podrá salir adelante e impediremos que dicha fobia se establezca y afecte a su día a día.

¿Cómo detectar fobias en los niños?

Niño mordiéndose las uñas porque tiene miedo, una de las formas de detectar fobias.
 

Conoce los miedos evolutivos

Lo principal es conocer cuáles son los miedos típicos y naturales de cada etapa del crecimiento. Existen ciertos temores evolutivos que son comunes a los niños de una determinada edad; cumplen una función biológica y desaparecen con el paso del tiempo. A grandes rasgos son los siguientes:

  • Hasta los seis meses: miedo a los ruidos fuertes y a la falta de soporte.
  •  7-12 meses: temor a los desconocidos y a separarse de las principales figuras de apego.
  • 1-2 años: se añaden el miedo al daño físico, a la oscuridad y a los animales.
  • 3-4 años: se incluyen el temor a los fenómenos naturales, como las tormentas, y la reticencia hacia objetos desconocidos.
  • 5-6 años: aparecen el temor a la enfermedad o a que los seres queridos sufran daños. Se teme también a que puedan aparecer seres malignos en la oscuridad.
  • 7-8 años: comienzan los miedos sociales, como el temor a hacer el ridículo o a ser rechazado.
  • 9-12 años: aumenta el miedo a la falta de aceptación social y se une el temor a un mal rendimiento escolar y el miedo a la muerte.

Distingue miedo de fobia

El primer paso es, por tanto, comprobar si se trata de un miedo acorde a la edad del pequeño. Pero esto no es suficiente, ya que es posible que un miedo evolutivo se convierta en fobia. Para detectar que esto está ocurriendo, hemos de fijarnos en las siguientes cuestiones:

  • El miedo, la angustia y el malestar que experimenta el niño es excesivo y desproporcionado, mucho mayor de lo que cabría esperar.
  • El pequeño trata de evitar a toda costa situaciones relacionadas con aquello que teme o escapa de ellas lo antes posible. Si no puede evitarlas, las soporta a pesar de sufrir un enorme malestar.
 
  • Este temor interfiere de forma importante en su vida diaria y le impide funcionar adecuadamente. Esto puede manifestarse como una incapacidad para dormir, para relacionarse o para realizar actividades cotidianas.
  • Con el paso del tiempo, el temor no desaparece y se incrementa.
    Niño con miedo a la oscuridad con una vela en la cama.

¿Cómo actuar tras detectar fobias en los niños?

Ante todo, es necesario que los padres nos mostremos comprensivos y respetuosos con el temor del niño; que no lo ridiculicemos ni le restemos importancia a sus sentimientos.

A continuación, hemos de intentar que el pequeño se enfrente de forma progresiva y gradual al estímulo temido. Pero, para hacerlo, hemos de empoderarlo y acompañarlo. Reforzar su autoestima es imprescindible para lograr que se sienta capaz de afrontar el reto.

Utiliza la creatividad para usar trucos que le ayuden a reducir la ansiedad de exposición; por ejemplo, un spray antimonstruos o una capa que le convierte en superhéroe. A medida que vaya haciendo frente al estímulo temido, el miedo se irá desvaneciendo y su confianza en sí mismo aumentando.

Refuerza positivamente cada aproximación del pequeño hacia su temor y, sobre todo, muéstrale con tu actitud que lo comprendes, lo acompañas y estás segura de que lo logrará. Por supuesto, si la situación continúa, acudir a un psicólogo infantil será la mejor decisión.