7 claves para hacer feliz a un niño con autismo

Los niños con trastorno del espectro autista y sus familias tienen la capacidad y el derecho de vivir vidas felices. Te contamos algunos factores que contribuyen a lograr este objetivo.
7 claves para hacer feliz a un niño con autismo
Elena Sanz Martín

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz Martín.

Última actualización: 02 abril, 2022

Cada 2 de abril se celebra el Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo y este año, el lema elegido encierra un potente mensaje que todos deberíamos interiorizar. “Un feliz viaje por la vida” nos invita a recordar que las personas con esta condición, así como sus familias, tienen el potencial y el derecho de disfrutar de una existencia plena. Por eso, hoy queremos compartirte algunas claves para hacer más feliz a un niño con autismo.

Se calcula que al menos uno de cada 160 niños tiene trastorno del espectro autista (TEA). Sin embargo, sus cualidades, sus habilidades y sus necesidades pueden ser muy diferentes entre sí. No entraremos ahora a definir los principales signos clínicos de esta condición, pero sí recordaremos que la comunicación y los patrones de comportamiento son dos de las áreas más afectadas.

Con los recursos y los apoyos necesarios, personalizados y suficientes, los niños con TEA pueden desarrollarse en diversas áreas y vivir vidas felices y significativas, independientemente del grado de funcionamiento que tengan. Así, te proponemos algunas claves que pueden contribuir a aumentar su bienestar. ¡No te lo pierdas!

Cómo hacer feliz a un niño con autismo

Las siguientes son algunas áreas básicas que deberían estar cubiertas para garantizar la felicidad de estos niños.

1. Brindarle un diagnóstico y una atención temprana

Aunque en ocasiones las etiquetas limitan y estigmatizan, en otros casos son claves para comprender lo que sucede y proceder adecuadamente.

Muchas familias realizan un largo peregrinaje por los consultorios de diversos especialistas hasta que alcanzan el diagnóstico de TEA en sus hijos. Incluso, luego de haber recibido otros diagnósticos errados o incompletos. Y lo que es aún peor, cientos de personas con autismo no identifican lo que les sucede hasta la edad adulta.

Este proceso no solo acarrea incomprensión y confusión, sino que, sobre todo, priva a los niños de recibir una atención temprana capaz de modificar el curso de sus vidas. La capacitación en las habilidades sociales antes de la edad escolar y la formación a la familia en materia de autismo son cuestiones fundamentales para lograr avances rápidos y significativos.

Por lo mismo, lo primero que necesita un niño con TEA es acceder a un diagnóstico temprano y a una intervención oportuna, personalizada y de calidad.

2. Propiciarle un entorno seguro

Todos tenemos mecanismos para autorregularnos cuando la ansiedad o los estímulos externos nos sobrepasan. Por ejemplo, nos mordemos las uñas o apretamos los labios.

Pero en el caso de los niños con autismo, estos comportamientos de autorregulación pueden ser llamativos y preocupantes, como golpease la cabeza, rascarse la piel o llevar a cabo otras conductas autolesivas. No obstante, el objetivo es el mismo que en el ejemplo anterior.

Por eso, es importante que los espacios en los que primariamente viven estos niños sean seguros. Encontrar predictibilidad y calma en el hogar y en la escuela los ayuda en gran medida a sentirse bien y a reducir las rabietas y otras manifestaciones propias de su condición.

Padres con TEA con su hija con el mismo trastorno.
La comunicación es un aspecto clave de la vida de cualquier ser humano. Y si no puede llevarse a cabo con palabras, entonces debemos buscar formas de intercambio alternativas y más efectivas.

3. Favorecer la comunicación

Para hacer feliz a un niño con autismo, hemos de enseñarle a comunicarse. No importa si puede hablar con fluidez, si apenas pronuncia unas palabras o si no habla en absoluto. Lo verdaderamente relevante es que pueda expresarse y realizar peticiones mediante gestos, señales o cualquier otro recurso.

Su entorno cercano ha de invitarle a interactuar con frecuencia, pedirle su opinión y escuchar sus necesidades. Y por esto, la intervención para mejorar la comunicación debe ser una constante. Así, el menor podrá acostumbrarse a buscar a los demás y a practicar sus habilidades comunicativas, lo que le permitirá tener importantes avances en su vida y un mayor bienestar.



Finalmente, aunque exista el mito de que las personas con autismo se retraen voluntariamente y por convicción, todos deseamos y necesitamos ser aceptados y formar parte de nuestro entorno.

4. Promover sus aprendizajes y el desarrollo de la autonomía

Un error frecuente que suele cometer el entorno cercano del niño y la sociedad es el de sobreproteger a los pequeños con autismo.

De algún modo, en el imaginario colectivo todavía se considera a esta condición como una enfermedad y no como una manifestación de la diversidad humana. Por ende, se considera a estos niños incapaces y totalmente dependientes por el mero hecho de portar el diagnóstico de TEA.

Sin embargo, lo mejor que podemos hacer por estos pequeños es ayudarles a desarrollar sus potencialidades, pues todos las tienen. Seguramente necesitarán de ayuda, de supervisión y de práctica, pero cada aprendizaje, cada logro y cada avance resultarán sumamente gratificantes.

Así, tanto las familias como las escuelas han de hacer énfasis en el aprendizaje de habilidades para la vida diaria: poder untar un pan con mantequilla o acudir a una tienda a comprar algún producto sin la ayuda de nadie.

Estos pequeños detalles incrementan la autoestima y la sensación de valía en las personas y les aportan una valiosa independencia.

5. Aceptarlo y comprenderlo

Una de las tareas más importantes para abordar en los niños con TEA es el reconocimiento de sus derechos. Y para eso, es necesario que los estados trabajen activamente sobre la concienciación, la divulgación y el fomento de la empatía por parte de la sociedad para con estas personas.

Las personas con autismo viven la vida portando una máscara para tratar de acomodarse a las exigencias sociales. Erróneamente, se piensa que el objetivo es eliminar o camuflar los síntomas propios de su condición, cuando el verdadero reto se encuentra en que todos puedan ser felices siendo como son.

Para alcanzar esta meta, debemos comprender la neurodiversidad, entender cómo funcionan y cómo ven la vida las personas con TEA.

Padres, familiares, compañeros de clase y todas las personas del entorno han de recibir información veraz que les permita comprender la realidad de estos niños y no forzarles a ser quienes no son. Sino, aceptarles y facilitar las condiciones que les permitan sentirse bien.

Los mitos sobre el autismo se deben, en muchos casos, a la desinformación.
Las personas con TEA tienen derecho a ser respetadas y valoradas por lo que son. Y para desarrollar su autoestima y confianza, es necesario que el entorno aliente sus fortalezas y celebre sus logros.

6. Fortalecer la autoestima y la confianza

Imagina crecer rodeado de personas que te recalcan todo el tiempo que no puedes hacer esto o aquello, que nunca tendrás una vida normal, que no serás capaz de alcanzar tus metas… Esto, sin duda, es la antítesis de la felicidad.

Por tanto, uno de los mayores regalos que podemos ofrecerles a nuestros niños con autismo es la confianza, el ánimo y la certeza de que pueden lograr sus propósitos y que pueden crecer y avanzar en sus vidas. Esta es la semilla que hará germinar su propia autoconfianza y que les permitirá desplegar sus cualidades.

7. Ayudarlo a entender su propósito en la vida

Por último, y al igual que cualquier otro ser humano, estos menores necesitan crecer con propósito. Esto es, saberse útiles y valiosos, sentir que pertenecen y que pueden aportarle algo a su entorno.

Podemos lograr este cometido de múltiples maneras y con pequeños actos en el día a día. Por ejemplo, al dejar a un lado sus aparentes limitaciones y al animarlos a contribuir, a participar y a aportar aquello que los hace únicos.

Hacer feliz a un niño con autismo no es una quimera

Como ves, lo que necesita un pequeño con autismo para ser feliz es muy similar a lo que requiere cualquier otra persona: amor, aceptación, respeto y empatía. Ellos también son felices al jugar con sus compañeros, al ver películas con sus padres o al irse de excursión con su familia. Y, por supuesto, también aportan grandes dosis de felicidad a quienes le rodean.

El reto se encuentra en comprenderlos y poder acomodarnos a ellos, en lugar de forzarlos a acomodarse a nosotros. Quizá, necesiten rutinas predecibles, ayudas pictográficas o apoyos comunicativos. Pero sin duda, se beneficiarán de las adaptaciones curriculares y las intervenciones personalizadas para lograr una mejor proyección a futuro.

Tanto los menores con TEA como sus familias tienen derecho a llevar una vida plena y feliz. Y para esto, ha de hacerse una importante y justa labor social, que ofrezca los apoyos y los recursos que los niños y los adultos necesitan.

Así, la concienciación, la capacitación familiar, las ayudas financieras, los centros escolares especializados, los grupos de apoyo o el acceso a intervenciones de calidad se convierten en una máxima para garantizar el bienestar de todos.

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