El cariño de un hijo se compra con amor

Si alguien nos dijera que el cariño de nuestro hijo podemos comprarlo con juguetes, golosinas, paseos grandiosos o regalos de mucho valor, seguro que nos escandalizaríamos; porque no son ni el materialismo ni el interés cualidades que deseamos inculcarle. Las madres no queremos que nuestro niño nos ame por lo mucho que podamos ofrecerle en materia económica.

No obstante, el cariño de un hijo, así como muchos otros sentimientos, sí puede comprarse. El amor, es la moneda con la que se adquiere.

Maneras de comprar a un hijo

Aunque “comprar” es un vocablo un tanto rudo para definir la relación indestructible que una madre y su hijo consolidan apenas en su primera cita, no existe palabra más ilustrativa que esa. Pero comprar a un hijo no es tan simple como la compraventa de valores y servicios que saturan la economía de estos tiempos.

Hay que ser muy inteligente y sutil, más que los propios genios de las finanzas, para adquirir el corazón de un pequeño.

El cariño de un hijo se compra, sí. A continuación, te decimos con qué.

Amor

El amor todo lo puede, todo lo compra y lo realiza. Ningún buen sentimiento puede compararse con el amor.

Amor por sobre todas las cosas para que un hijo nos retribuya con lo mismo. Caricias, abrazos, besos, tiempo juntos… Nada tan grande como el amor para hacernos merecedoras del cariño fiel y puro, de un niño.

Paciencia

La paciencia es como esa anciana suertuda y sabia que jamás se desespera, y tiene tiempo para lidiar con un pequeñuelo.

Ella viene siempre acompañada del buen trato, la explicación, la mirada atenta para observar esa peripecia que el niño nos quiere mostrar, o el oído bien abierto para escuchar todo lo que tiene que decirnos.

La paciencia nunca está apurada o se le hace tarde para algo. Sabe esperar y dedicar todo el tiempo del mundo a la crianza.

Protección

La protección conoce cómo resguardar y cuidar a un pequeño. Ofrecerle el amparo necesario para que se sienta seguro y crezca sano.

La protección es imprescindible para que un niño prospere física y emocionalmente sin sentirse siempre temeroso por lo que pueda pasarle.

No hay dudas, con protección también se compra el cariño de un hijo.

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Confianza

Con confianza ofreces libertad. Haces saber lo mucho que crees en sus actitudes y sus acciones cuando no está bajo tu supervisión.

Si le das confianza a tu hijo, también le das la oportunidad de sentirse seguro de tu amor y de su propia entereza.

Reconocimiento

Nada mejor para decirle a un niño cuán orgullosa te sientes de él que el premio emocional que puedas trasmitirle.

Una mirada afectiva y de orgullo, o un simple gesto de aceptación que hagas con la cabeza, le servirán como reconocimiento.

Esa palmadita que le das en el hombro, el beso en la frente, el abrazo fuerte, o la pequeña pero certera frase: ¡Muy bien!, pueden ser suficientes para demostrarle tu satisfacción y el orgullo que sientes por ser su madre.

Instrucción

Tú como su progenitora eres su primera guía. Y no te quepa dudas de que también puedes ser la mejor de todas. Cuando dedicas parte de tu tiempo a instruir a tu pequeño, educarlo en valores y enseñarle todo lo que sabes de la vida, te ganas su cariño.

Esa consagración que pones para que aprenda a leer, o las muchas veces que le explicas la complicada trigonometría, te hacen acreedora de su amor.

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Perdón

Claro que con perdón se compra el cariño de un hijo. No puede haber persona más arrepentida que un hijo que es perdonado por su madre y que atentamente, y con las “entendederas” bien abiertas, asimila los consejos que ella tiene para darle.

Perdonar a un hijo, más que compadecerlo, es ofrecerle una segunda oportunidad para hacer las cosas; decirle:

“Está bien, tienes mi permiso. No voy a tener en cuenta lo que acaba de suceder. Olvidaré tus errores y basada en mis experiencias te ofreceré los mejores consejos que puedan encaminarte.

No te preocupes, no ha pasado nada”.

Entendimiento

El entendimiento, ese juez que media entre dos partes que no se ponen de acuerdo, sirve para erigir la paz y sosegar el conflicto, el desacuerdo, la rebeldía y la falta de respeto.

El entendimiento entre una madre y su hijo, sobre todo cuando el hijo se ha convertido en un adolescente, sirve para mantener la paz y comprar el cariño mutuo.

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