5 preguntas incómodas para los niños

Amanda 9 marzo, 2017

Los adultos comprendemos nuestro lenguaje y con el tiempo aprendemos a manejar nuestra conducta social. Sabemos lo que nos han querido preguntar y reconocemos cuándo una pregunta no representa nada serio. Sin embargo, a los niños les cuesta trabajo adaptarse a nuestra manera de expresarnos. Un niño puede llegar a sentirse muy incómodo por preguntas que les hacemos.

Para los pequeños, es difícil determinar cuando estamos hablando en serio. No conocen muy bien el humor adulto, y algunas palabras todavía son desconocidas para ellos. Por lo tanto, podríamos llegar a incomodarlos mucho sin darnos cuenta. No es necesario forzarlos a contestar de alguna manera, ni actuar como lo deseamos.

Equivocadamente podríamos estar lastimando a los pequeños o preocupándolos por cosas sin importancia. Su desarrollo intelectual y social va corriendo a ritmo, no hace falta apresurarnos. Preguntarles si están bien, no es algo que pueden comprender tal como un adulto lo haría. Es conveniente tener mucho tacto, sobre todo cuando no son nuestros niños. A continuación te explicamos por qué.

Cosas que nunca deberíamos preguntar a los niños

¿Por qué no saludas?

A los niños les cuesta tomar confianza con las personas que no son su familia. Saludar por cortesía es algo que no se aprende tan fácil, de hecho, a los propios adultos a veces nos cuesta. Es una acción que debemos enseñarles, pero a la que no podemos obligarlos.

Así como nos cuesta hablar con personas que no nos agradan, es posible que a ellos también les ocurra. La educación es muy importante, que saluden y no ignoren a las personas forma parte de nuestra habilidad social. Sin embargo, a veces los cargamos con conductas que no son propias de niños, por ejemplo, cuando le pedimos contacto físico.

Del mismo modo, si ellos sienten vergüenza de saludar a otros adultos, no es conveniente ponerlos en evidencia. En casa podremos conversar sobre esto, pero jamás deberíamos enfrentarlos a esa situación frente a esa persona. Los incomodaremos mucho, sin necesidad de que esto suceda.

¿Por qué no me das un beso?

Si saludar puede ser difícil,  imagina dar un beso. El cariño en los niños es diferente, ellos no necesitan dar besos e incluso se sienten incómodos a recibirlos. Cuando ellos se sientan listos para darnos besos, lo harán. Mientras tanto, no les causemos incomodidad pidiéndoles explicaciones sobre algo tan extraño  para ellos.

Ahora imaginemos que un niño tenga que explicarnos que si nos quiere o no. Esto no es sencillo de explicar, porque no lo entienden aunque lo sientan. Para los niños significa dar un paso muy importante, que por lo general es obligado.

¿Y el (la) novio (a)?

Esta pregunta no tiene sentido. No solo resulta incómodo para ellos, sino que además no tienen respuesta. Pequeños de tres años o de diez, son igualmente ignorantes de estas cosas. No tienen novio y no deberían tener. Este tipo de relaciones son adultas, aun cuando juguemos con esto.

La niñez es para jugar, crecer y aprender. Tener novio no es sencillo ni siquiera para los adolescentes. Sin embargo, ellos saben algo de esto, por eso les incomoda. Han visto episodios que le causan incomodidad y se imaginan tener que hablar sobre esto con un adulto.

Ocurre también, que por lo general estas preguntas las hace una persona desconocida o de poca confianza para el niño. Es decir, resulta doblemente incómodo tener que responder a esta interrogante tan personal.

¿Por qué hiciste eso?

Es complejo describir las  razones que nos llevan a realizar algún acto. En la mayoría de los casos los niños actúan como niños, sin pensar en consecuencias. Comúnmente no tienen malas intenciones, solo son cosas de niños.

Interrogarlos acerca de los motivos que los llevaron a hacer algo que no nos agradó, no va a cambiar nada. Si ellos se sienten avergonzados por haberse equivocado, estarán muy incómodos al tener que responder por ello.

¿Qué quieres ser cuando seas grande?

Esta pregunta es común y parece inofensiva, pero a los niños les puede costar responder a ella. A medida que van creciendo comienzan a constituir una respuesta porque ya se lo han preguntado bastante. Sin embargo, no es algo que les preocupa, no piensan en eso y no saben qué significa.

Además, es común que los adultos no quedemos conformes con lo que nos responden. Es decir, le preguntaremos más cosas acerca de algo que ellos desconocen. ¿Por qué quieres ser doctor? ¿No te da miedo la sangre? ¿Te parece que puedes con una profesión tan exigente? Con todas estas nuevas preguntas incomodas, el pequeño creerá que ha fallado en su respuesta.

La mayoría de estas preguntas no nos parece que podrían incomodar al niño, por eso las hacemos. No obstante, debemos tomar en cuenta que en gran parte cometemos este error por actuar como adultos y no ponernos a su nivel de intelecto.

 

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