Nuestros hijos necesitan madres que puedan crecer como personas

Adrianazul 1 enero, 2017

Tú, como la mayoría de las madres, te preguntas cómo puedes criar mejor a tu hijo o qué puedes hacer por él. Sin embargo, lo mejor que todas las madres podemos hacer por nuestros hijos es cuestionarnos a nosotras mismas como seres humanos.

¡Parece mentira!, pero ese cuestionamiento profundo de nuestro ser y nuestros actos es el mejor camino para crecer como personas.

Muchas madres “inauguramos” las indagaciones profundas sobre nuestra personalidad y sobre nuestros actos cuando tenemos hijos, a veces esto sucede porque nos descubrimos sin herramientas para abordar ciertas situaciones o bien porque tenemos un profundo y genuino deseo de hacer lo mejor para que nuestro bebé se desarrolle plenamente.

Esos deseos genuinos de procurar que la historia de vida de nuestros hijos sea más feliz que la nuestra están muy bien, la cuestión es que la exploración interna no debería comenzar por preguntarnos qué podemos hacer para que mi hijo sea feliz sino qué puedo hacer para ser feliz yo misma. Puede sonar algo egoísta, pero ciertamente no podemos dar aquello que no tenemos.

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Crecer desde dentro

La psicoterapeuta argentina Laura Gutman ilustra este último punto de la siguiente manera: “Antes de pensar en qué hacer con los niños hoy, tenemos que saber obligatoriamente qué nos ha sucedido cuando nosotros fuimos niños. Luego tendremos que tomar decisiones personales sobre qué hacer con eso que nos ha acontecido”.

Así que es mejor comenzar por recordar o reconstruir la niña que hemos sido, qué nos sucedió cuando éramos niñas, pues cuando no lo hacemos, permanecemos inmaduras y cargadas de miedos infantiles, con lo cual es posible que fantaseemos con encontrar “métodos eficaces” proporcionados por terceros, con los cuales aspiramos a criar niños felices.

Esto resulta casi imposible porque tales “métodos eficaces no existen” y además porque no es posible que nos encarguemos de la realidad o de un asunto evadiéndolo, buscando terceras vías como que alguien nos provea de algún método eficaz de crianza.

Nuestros niños –asevera Gutman- necesitan padres y madres que estemos en un constante estado de interrogación profunda. Este estado nos debería llevar a crecer como personas, pues tal interrogación debe generar en nosotras cambios profundos, o por lo menos a una mayor comprensión de nuestro corazón; lo que desencadenará también en una mayor compresión de las circunstancias de los demás.

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Crecer es un acto de valentía

Tu hijo necesita de una mamá despojada de miedos infantiles, una que haya reconstruido su historia personal y que reconozca que ya nada malo le puede suceder.

Todo este proceso, cuando es bien acompañado, genera una madre dispuesta a asumir su realidad emocional –sea la que sea- y también una  madre abierta para conectar con la belleza y la delicadeza que cada niño trae.

Así que más que manuales o cursos, lo que necesita tu hijo es que tú como madre y tu pareja como padre estén en una constante búsqueda espiritual que los encamine a crecer como personas.

La idea de transitar esos caminos espirituales es que estos sean caminos esclarecedores que conlleven a una sinceridad profunda que requiera también de una revisión constante y exhaustiva.

El objetivo de ese peregrinaje, de esa revisión de nuestra historia personal como niñas, el cual ciertamente puede tropezarse con episodios dolorosos y nos revelen a un niño que en ocasiones se sintió abandonado, es que al andarlo te puedes transformar en una madre capaz de aceptar a tu hijo tal como es: con su manera de abordar las situaciones, su sensibilidad y sus percepciones.

Pero para llegar a aceptar a tu hijo tal como es y por tanto amarlo tal y como es necesario madurar emocional y espiritualmente, solo así podrás amar incondicionalmente a tu hijo.

Y es ese amor incondicional –que se logra desde la certeza de una madre que ha superado sus miedos de niña (que aunque no lo creamos, muchas veces siguen ahí), es que podrás criar a un niño, con un modelo propio de crianza que siente sus bases en valores como el respeto, el amor y la compresión. Y un niño criado así, seguramente será un adulto que brindará lo mismo a sus semejantes.

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