La crianza también requiere de buen humor

Amanda · 24 octubre, 2015

Todos los consejos que sean útiles en la educación de los niños son bienvenidos, porque es la etapa más difícil en la vida de un padre, por lo tanto un toque de buen humor en la crianza nunca debe estar de más.

 

Los extremos siempre son dañinos. Por ejemplo, si somos demasiado estrictos o muy complacientes con los pequeños, podemos afectar su desarrollo de muchas maneras; por eso lo más recomendable es el equilibrio.
Uno de los mayores temores de los padres es fallar en la educación de su hijo, por eso tratan de ser lo más firmes posibles; lo cual no les da muchas oportunidades de ser divertidos, un toque que no vendría nada mal en esta estresante tarea.

Los beneficios del buen humor

El sentido del humor es mucho más apreciado en la sociedad, de lo que se cree. Sin el buen humor, la vida sería un poco negra y gris, porque no habría la libertad para el ser social, lúdico y bondadoso que vive dentro de nosotros.
Por su parte, el mal humor es objeto de desprecio, entristece e incomoda a muchas personas que lo sufren y a quienes los rodean.
El buen humor en cambio favorece muchos aspectos de nuestra vida, se refleja en el organismo, las relaciones interpersonales y el desarrollo cognitivo, entre otros beneficios.
Muchos especialistas conciben el buen humor como una clave para mejorar nuestra salud y nuestra vida social. Estar alegres y transmitir esa buena energía nos favorece en lo siguiente:

  • Disminuye el estrés
  • Fortalece el sistema inmunológico
  • Fomenta la integración grupal
  • Reduce las alteraciones de la presión arterial
  • Promueve el disfrute de muchas situaciones
  • Permite que se piense con más claridad
  • Facilita la toma de decisiones
  • Estabiliza los niveles de azúcar
  • La carcajada estimula el ejercicio y la quema de calorías
  • Estar alegres promueve la gratitud, el entusiasmo y la voluntad

“Los profesionales de la risa hacemos que la gente aprenda a reírse, respire mejor, inhale mejor y tenga más salud” Mari Cruz García

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El buen humor en la Crianza

Si sabemos que el buen humor puede llegar a relajarnos al punto de incidir en nuestra salud, ¿es posible que con este caigamos en estado en el cual seamos tan felices que las malas acciones de nuestros hijos no nos importen?
Pues no, para toda regla hay una excepción y cuando hay equilibrio las cosas se dan por si solas. No es preciso caer en extremos para mejorar nuestra vida, porque todo hace falta que suceda.
Nuestros hijos no van a quedar desatendidos si estamos alegres, porque ellos tienen la capacidad para hacernos volver en nosotros. Ser divertidos frente a los hijos, es un elemento que favorece la confianza familiar.
Muchos momentos conflictivos se pueden solucionar con sentido del humor, esto se aplica también a la crianza, que de por sí ya tiene muchos momentos difíciles.
Sin embargo, lo principal es que existan límites para actuar; por esta razón podemos mencionar las condiciones para incluir el buen humor en la educación de los niños:

  1. Reservar un espacio para el sosiego. Este periodo, debe estar previamente reglamentado, a fin de que el niño conozca que en algún momento del día va a haber una “hora feliz”, en la cual habrá cabida para la diversión y el esparcimiento.
  2. Mantener la decisión. Debemos promover nuestro momento de buen humor como si se tratase de una receta médica, porque hay que reconocer los beneficios que nos puede traer cumplir con esta actividad. Así, que debemos mantener la calma y ser consecuentes en la actividad de disfrute.
  3. Ser tolerantes. Algunas personas no responden bien a las acciones humorísticas, esto tal vez como consecuencia del miedo a flaquear en nuestra actitud de poder; pero con los niños es diferente, porque ellos no saben medir los niveles de relajación. Por eso los padres deben ser tolerantes ante cualquier exceso.
  4. Constancia y moderación. El toque de buen humor nos conecta con cualquier persona, en especial con los hijos, porque dejan de vernos como un ser autoritario en quien no pueden confiar.

 

Sin embargo, es importante ser moderados en los juegos, chistes o momentos divertidos, porque cuando se superan los límites se puede caer en ser irrespetuoso y esto dista mucho de lo que se quiere lograr.

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Que los niños nos vean como alguien a quien pueden hacer reír y que al mismo tiempo es capaz de promover la diversión, es una razón para que la convivencia mejore. No ser excesivos en el día a día, facilita la crianza, nos libera de tensión y une mucho más a la familia.