3 claves para tratar con niños impulsivos

13 Octubre, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por el educador infantil Pedro González Núñez
La impulsividad no tiene por qué ser mala en sí. Sin embargo, exacerbada en la actitud del niño, puede presentar serios problemas de convivencia.

Pongámonos en esta situación. Imaginemos que un niño está jugando a las canicas con otro amigo. Justo cuando ve que va a perder, pega patadas para estropear el lugar del juego, se enfada, llora, grita o se marcha airado. ¿Crees que es una forma de actuar que podríamos definir como de niños impulsivos?

La respuesta es sí. De hecho, este dato y otros muchos que veremos a continuación nos permiten detectar al niño impulsivo. De esta forma, podremos trabajar sobre dicha cuestión para que el pequeño sea más calmado y piense mejor sus reacciones y actuaciones.

Niño haciendo la voltereta en el sofá porque forma parte de los niños impulsivos.

¿Qué caracteriza a los niños impulsivos?

Según expertos como Bob Cunningham, de EdM, la impulsividad es característica del temperamento infantil y también de la personalidad del adulto. Además, está y siempre estará presente en mayor o menor grado en el ser humano, pues no es algo nuevo.

De hecho, la impulsividad, el estrés e incluso la ansiedad no tienen que verse siempre como rasgos negativos. Son factores evolutivos de la especie humana que han surgido en su adaptación al medio y, bien aprovechados, pueden ser muy positivos para la supervivencia.

No obstante, si la impulsividad se manifiesta de forma constante, puede acabar por ser un problema de convivencia. Así que, antes de que pueda alterar o condicionar la vida de toda una familia, es interesante que padres, educadores y profesionales busquen la mejor solución.

Así pues, el primer paso siempre es detectar el problema. En este caso, los niños impulsivos suelen mostrar características muy específicas que podemos observar con claridad:

  1. Siempre actúan antes de pensar.
  2. Contestan antes siquiera de haber escuchado la pregunta.
  3. Tienen problemas para aguardar su turno cuando juegan.
  4. No soportan que les ganen. Son malos perdedores.
  5. Estorban a los demás y los interrumpen constantemente.
  6. Apenas muestran tolerancia a la frustración.
  7. No tienen autocontrol.
  8. Desobedecen casi siempre.
  9. Son muy negativos en su actitud.
  10. Aunque reconozcan su problema, no tienen autocontrol y son reincidentes.
  11. No valoran las consecuencias de sus acciones en ningún caso, ni a nivel social ni a nivel físico.
  12. Se dan rabietas incontroladas muy fuertes.

¿Cómo ayudar?

Ayudar a niños impulsivos y muy temperamentales no siempre es sencillo, pero sí resulta necesario. Cuanto antes se actúe, más rápido se podrán atajar los problemas, lo que redunda en beneficio del pequeño y también de toda la familia.

Debemos ser siempre firmes

Lo hemos dicho. Los niños impulsivos apenas tienen autocontrol. De hecho, es muy común que después de actuar se arrepientan. No obstante, hemos de tener claro que ellos no pueden controlarse; sienten verdaderas dificultades para hacerlo.

Como padres, docentes o educadores debemos ser firmes. Es cierto que es agotador, pero no hay que desfallecer. Mantendremos las normas y las pautas, hablaremos con ellos tanto como haga falta y siempre seremos muy claros, pacientes y constantes.

Si desfallecemos, gritamos o perdemos el control, no solo se dificulta la ayuda, sino que podemos provocar que el pequeño vaya a peor o nos manipule si observa que no somos seguros y que dudamos si con ello considera que puede obtener un beneficio.

Debemos actuar siempre con calma

Incluso en situaciones de impulsividad extrema, con insultos, rabietas y agresiones, el adulto se tiene que obligar a mantener la calma. De hecho, en esos momentos es cuando más sereno y tranquilo se debe mostrar.

Madre hablando con su hijo enfadado.

No obstante, esta serenidad debe ir acompañada de un comportamiento decidido y contundente. Es así como podemos transmitir al niño que no va a lograr su objetivo con esa actitud.

Dar una explicación a los niños impulsivos

Una vez el pequeño se ha calmado, el adulto debe hablar con él de forma sosegada y sensata. En ese momento se le explicará el porqué de su comportamiento y lo innecesario de profundizar en esa conducta impulsiva que no lo conducirá a nada positivo.

Si el niño ha insultado o pegado a otro pequeño, por ejemplo, es necesario que entienda la importancia de pedir disculpas, de comprender que su comportamiento no es adecuado y que actuar así tiene consecuencias muy negativas para él.

En definitiva, los actos siempre tienen consecuencias. Si un niño actúa de forma impulsiva, debe entender que no es la mejor manera de proceder. Si con estos consejos no logramos que se calme y piense antes de hacer algo, tal vez podríamos estar ante un problema más grave, para lo que es conveniente acudir a un profesional de la psicología infantil.

  • Bauermeister, J.J. (2002). Hiperactivo, impulsivo, distraído, ¿me conoces? Guía acerca del déficit atencional para padres, maestros y profesionales. Madrid: Albor-Cohs.