¿Por qué recurren los niños a la manipulación emocional?

Si los niños tratan de manipularnos emocionalmente, no es por maldad. Es algo natural y a lo que nosotros, como adultos, hemos de saber responder. Te explicamos más al respecto.
¿Por qué recurren los niños a la manipulación emocional?
Elena Sanz Martín

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz Martín el 19 diciembre, 2020.

Última actualización: 19 diciembre, 2020

¿Cuántas veces has cedido ante un deseo de tus hijos aún sabiendo que no era lo correcto? ¿Cuántas veces, por no verles llorar o por evitar que se enfaden, te has desautorizado incumpliendo un castigo o consecuencia que tú misma impusiste? La manipulación emocional por parte de los niños es un fenómeno común. Sin embargo, como adultos, hemos de ser capaces de comprenderlo y manejarlo adecuadamente.

No es perjudicial que un infante recurra a esta estrategia para salirse con la suya. De hecho, es normal y, a continuación, te explicaremos por qué lo hacen. No obstante, de la respuesta de los adultos a este comportamiento dependerá que el niño adquiera otros recursos más útiles o continúe empleando la manipulación emocional en sus relaciones sociales.

¿Por qué recurren los niños a la manipulación emocional?

Niño gritando enfadado usando la manipulación emocional.

Porque funciona

Este es el primer motivo que lleva a los niños a utilizar la manipulación emocional para lograr lo que desean o evitar lo que les resulta desagradable.

No es cuestión de maldad ni de egoísmo, realmente es algo natural. Los más pequeños están aprendiendo a desenvolverse en el mundo, a captar las repercusiones de sus actos y a usarlas en su favor. Si perciben que montar un berrinche o retirarles el afecto a sus padres les ayuda a “salirse con la suya”, lo harán. 

En definitiva, la manipulación emocional consiste en generar en los progenitores unas emociones negativas de las que solo pueden librarse cediendo ante los deseos del niño.

Sin embargo, los menores no tienen culpa y es tarea de los adultos reaccionar adecuadamente. Por ello, es imprescindible que todo padre y madre sea capaz de tolerar la incomodidad, de aceptar el llanto o el enfado de su hijo sin cambiar por ese motivo las condiciones.

Porque no disponen de otras estrategias

Los adultos no solemos utilizar la manipulación emocional, en primer lugar, porque somos conscientes de que esto puede perjudicar nuestras relaciones con los demás. Pero, además, porque hemos adquirido otras estrategias más adecuadas, como puede ser la negociación. Por lo mismo, si queremos que los niños abandonen este hábito, hemos de ofrecerles y enseñarles otros modos de lidiar con la situación.

Aprender a negociar y a tolerar la frustración son dos procesos que requieren tiempo. Por eso, hemos de ser pacientes con los pequeños e irles guiando progresivamente. Explicar, con calma y todas las veces que sean necesarias, por qué aplicamos unas normas les ayudará a comprender y aceptar las negativas. Pero, del mismo modo, hemos de evitar caer en el autoritarismo y hemos de permitirles tomar ciertas decisiones y exponer sus puntos de vista.

Porque lo han aprendido de nosotros

Muchas veces, aunque nos cueste reconocerlo, las conductas de los más pequeños son un fiel reflejo de las nuestras. Si tu hijo tiene mucha tendencia a emplear la manipulación emocional pregúntate si ha podido verlo en algún ámbito de su entorno. Los niños nos observan y hacen propias las reacciones y comportamientos que mostramos los adultos.

Así, revisa si en algún momento tú trataste de manipular su conducta mediante las emociones. Por ejemplo, enfadándote con él y dejándolo solo cuando no obedecía o afirmando que si no se portaba bien ya no lo ibas a querer. Todos podemos caer, sin darnos cuenta, en este tipo de actitudes cuando estamos sobrepasados. Lo importante es darse cuenta y corregir el rumbo.

Niña enfadad sentada en el sofá porque su madre la ha regañado.

Las consecuencias de la manipulación emocional

En ocasiones, cuando vemos a los niños recurrir a la manipulación emocional le restamos importancia y asumimos que son cosas de la edad. Y, en realidad, es así, pero no por ello hemos de desaprovechar la oportunidad de transmitir y enseñar algo mejor.

Si los niños adoptan el chantaje emocional como hábito, experimentarán dificultades en sus relaciones sociales, pues no solo dañarán a otros con su actitud, sino que muchos iguales pueden rechazarles por esas conductas.

Además, estarán abocados a la infelicidad, pues siempre sentirán la necesidad de dominar y controlar a los demás. Por lo mismo, sus vínculos nunca llegarán a ser sanos y sinceros. Ayudar a los niños a evitar la manipulación emocional es enseñarles a construir relaciones sólidas y una personalidad íntegra. Es, en definitiva, mostrarles mejores modos de desenvolverse en el mundo de forma exitosa.

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