Una madre cuenta la razón por la que no quiere que sus hijos sean felices

Amanda3 2 septiembre, 2017

Sin duda causa conmoción que una madre afirme que no desea ver felices a sus hijos. Sin embargo, a pesar de lo extraño que parezca, esta madre tiene una razón para querer lo contrario.

“No quiero que mis hijos sean felices”, fue el título de una carta que generó polémica mundial. Mia Von Scha, madre y autora del texto mencionado, está consciente de la necesidad de todo padre por hacer felices a sus hijos. Ella sabe que los padres vivimos para tratar de satisfacer las necesidades de los pequeños, así como para evitarles tristezas y decepciones.

El ambiente que creamos para que nuestros hijos se desarrollen, se asemeja a una burbuja impenetrable. Intentamos evitar a toda costa que sufran, que se desilusionen o que les falte amor. La idea principal es que ellos nunca tengan que enfrentarse a situaciones que les generen emociones negativas. Sin embargo, sabemos que es un objetivo imposible de alcanzar.

¿Por qué esta madre no quiere que sus hijos sean felices?

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Según Mia, la felicidad no existe. Ella considera que no hay lugar en el que estemos lo suficientemente protegidos como para no sufrir desilusión. Por naturaleza, las personas nos frustramos, enfadamos y sentimos tristes. En consecuencia, la felicidad no debería ser el único propósito en nuestras vidas.

Ella no quiere que sus hijos sean felices, tan solo pide que sean reales, con sentimientos de personas normales. Explica que las personas reales sienten emociones variadas. Todas nuestras emociones, positivas o negativas, inciden en el desarrollo de cada persona. Son necesarias, útiles y totalmente nuestras.

“Quiero que mis hijos sean libres de ser quienes sean o lo que sean en el momento y de saber que son amados en todos los estados. Quiero que se sientan seguros viniendo a mí con su dolor para que podamos conectar y compartir historias, sentimientos y nuestra propia humanidad.”

-Mia Von Scha-

Si sus hijos van a ser felices, lo serán como lo somos nosotros. ¿Alguien puede decir de sí mismo que es infeliz? Las circunstancias adversas forman parte de la vida, pero no necesariamente nos alejan de la felicidad. Los momentos felices existen, los vivimos, disfrutamos y recordamos; pero no es un estado permanente.

¿Es justo decir que no queremos que sean felices?

Resulta extraño pensar que una madre no desee ver felices a sus hijos. Sin embargo, aunque nos parezca una manera cruda de decirlo, puede que tenga razón. Quizá se pueda modificar la premisa, pero tal vez pierda su contundencia.

Sin duda, esta forma de expresar el sentimiento de una madre, nos lleva a reflexionar. Es posible que la ataquemos y nos sintamos ofendidas. Sin embargo, juzgarla no arregla nada. En el fondo todos queremos lo mismo para nuestros hijos.

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En algunos casos debemos admitir que es necesario dejarlos equivocarse. Cada vez que los dejamos elegir y apoyamos sus decisiones, estamos buscando su felicidad. No obstante, no hay garantías de que tal decisión es la correcta y los hará felices de manera instantánea.

Si él eligió el caramelo más ácido, sabemos que no le gustará, pero aceptamos su elección. Las emociones que genera la mala decisión, forman parte de su desarrollo. Todos los padres en algún momento hemos dejado a nuestros hijos tropezar y caer para que les sirva como aprendizaje. No será un momento feliz, y quizá no les augura felicidad, pero les será útil en la vida real.

Es posible que la conmoción la generen sus duras palabras. Pero el pensamiento de Mia Von Scha no es muy distinto de cualquier otra madre. Desde luego que deseamos verlos felices, Mia también lo desea. Sin embargo, para llegar a eso es preciso transitar por un camino de emociones diversas.

Prepararlos para la vida real  es una responsabilidad que tenemos como padres. De ningún modo podemos evitarles que sufran por amor o por desilusión. Dejarlos sufrir ligeramente los prepara para enfrentarse a la adultez tal como el futuro lo espera. Aun así, es una decisión muy compleja.

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