Trastorno reactivo del apego: causas, detección y formas de tratarlo

Leticia 12 diciembre, 2017
El trastorno reactivo de apego deriva de un trato inadecuado en la infancia por parte de las figuras que apego. Las consecuencias y secuelas para la edad adulta pueden ser devastadoras si no se le presta la atención necesaria.

¿Te has preguntado cómo afecta en un niño no recibir el trato adecuado por parte de sus padres? ¿Has oído hablar del trastorno reactivo del apego? Sigue leyendo para saber más sobre este trastorno que afecta a muchos niños.El trastorno reactivo del apego es una realidad que sufren muchas personas. Deriva de un trato inadecuado en la infancia por parte de sus figuras que apego y tiene consecuencias devastadoras en la edad adulta.

Saber qué síntomas presenta el niño y poner remedio cuanto antes será fundamental para su recuperación y su posterior desarrollo como persona adulta equilibrada, confiada y feliz.

“Reelaborar el concepto de uno mismo, asumiendo que merece ser amado aunque no lo recibiera de quien más debía, es un camino difícil pero reparador”

¿Qué provoca el trastorno reactivo del apego?

El apego es el vínculo afectivo que une a un bebé con un cuidador. Generalmente, los cuidadores primeros son los padres, por lo que el vínculo se suele formar con ellos.

Los padres aportan cariño, cuidado, seguridad y protección al bebé, y en base a estas necesidades básicas se va generando una unión que durará toda la vida. Tal y como se forme ese apego, así se definirá el desarrollo adulto del niño.

La soledad en la adolescencia es muy común.

Pero, ¿qué pasa cuando este vínculo es tóxico? Nos referimos a cuando un bebé, en lugar de recibir atención, recibe abandono, abuso o descuido. Es aquí cuando se puede hablar de trastorno reactivo del apego.

Ante unos padres que no atienden ni física ni emocionalmente a su hijo, o un niño que cambia de cuidador primario con demasiada frecuencia, es posible que se desarrolle este trastorno.

¿Cómo descubrir el trastorno reactivo del apego?

Cuando se ha tenido un modelo de apego tan deficitario, los niños desarrollan diferentes estrategias para conseguir encontrarse seguros en el mundo.

Así, dependiendo del niño, estos se podrán desarrollar en torno a dos polos opuestos:

  • Tipo inhibido. Los niños que pertenecen a este grupo tenderán al retraimiento. No disfrutarán de la compañía de los demás y preferirán estar solos. Además, rechazarán cualquier tipo de contacto físico con los demás e incluso con la figura de apego principal. Padecerá episodios de irritabilidad, tristeza o miedo sin causa aparente. Serán incapaces de construir relaciones de confianza, algo que les podrá acompañar durante toda su vida.
  • Tipo desinhibido. Los niños de este grupo buscarán afecto donde y con quien sea. No tendrán la precaución de distinguir entre extraños y familia, por lo que se acercarán a cualquier adulto, en busca del apoyo emocional no recibido de sus cuidadores.

Además, como síntomas comunes también podemos encontrar la falta de empatía y la baja tolerancia a la frustración.

Estos síntomas no pertenecen exclusivamente al trastorno reactivo del apego, pero sí lo identifican. Para un diagnóstico más real y acertado, será necesario pasar por las manos de un profesional.

“Nunca es demasiado tarde para tener una infancia feliz”

-Tom Robbins-

¿Cómo tratar el trastorno reactivo del apego?

Una vez diagnosticado, el tratamiento que se debe seguir será determinado por el especialista. Es necesario evaluar el grado en que el niño está afectado.

La terapia suele resultar efectiva. Dependiendo de la edad de la persona, será más o menos complicado reconstruir dicha percepción del apego. En el caso de los niños pequeños, es necesario que se encuentre una figura de apego que esté emocionalmente disponible para el niño.

Los niños con encopresis tienden a aislarse.

Cuando se llega a la edad adulta, resulta muy complicado, pero no imposible. Centrarse en una infancia de abandono, abuso o falta total de cuidado para conseguir resolver ese momento será sin duda doloroso.

Si algo tienen en común todas las personas que padecen este trastorno es el sufrimiento. El hecho de no haber recibido el amor, el cuidado y el cariño que seguro merecían les hace tener miedo a afrontar cualquier cosa. En muchos casos no son conscientes de ello, por eso muchas veces resulta fundamental la intervención de un profesional.

Reelaborar el concepto de uno mismo, asumiendo que merece ser amado aunque no lo recibiera de quien más debía, es un camino difícil pero reparador.

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