Trastorno negativista desafiante: confrontaciones constantes

El comportamiento de un niño que padece de Trastorno Negativista Desafiante se caracteriza porque de manera persistente desafía las órdenes de las figuras de autoridad como su madre, su padre y sus profesores. Este niño de manera recurrente sobrepasa una y otra vez los límites establecidos, ignora las órdenes, discute y, además muestra hostilidad de manera deliberada  hacia sus compañeros y adultos, a quienes molesta intencionalmente y en ocasiones hasta les agrede verbalmente.

Este trastorno figura en el Manual de diagnóstico estadístico de las enfermedades mentales (DSM-IV), el cual es elaborado por la Asociación de  Psiquiatría Americana, donde figuran todas las enfermedades psiquiátricas y es la guía de los especialistas para diagnosticar los diferentes tipos de trastornos.

En este libro, que es actualizado casa año, el Trastorno Negativista Desafiante (TDN) es descrito como un patrón continuo de comportamiento desobediente, hostil y desafiante hacia las figuras de autoridad, el cual va más allá de la conducta infantil normal.

Es preciso tener en cuenta que quien padece este trastorno no se trata de un niño malcriado que eventualmente hace pataletas. Se trata más bien de un niño cuyo comportamiento –durante todo el día y todos los días-demuestra conductas negativistas, desafiantes, desobedientes y hostiles hacia las figuras de autoridad

Este patrón recurrente resulta inapropiado para el nivel de desarrollo y contexto socio-cultural del niño y afecta de manera importante su vida desde el punto de vista social, académico y su función ocupacional.

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Asimismo, este trastorno, si no es tratado, compromete severamente el desenvolvimiento normal de un niño en la sociedad, pues se manifiesta de forma invariable en el contexto familiar (donde aprende los primeros conceptos y normas para desenvolverse en el mundo) y se puede manifestar o no en otros contextos como la escuela. Además se muestra con mayor evidencia con los adultos y compañeros más conocidos.

Uno de sus síntomas más notorios es la alteración en la relación con los padres, hermanos, otros miembros de la familia, asimismo de compañeros y profesores.

Conoce algunos aspectos del trastorno negativista desafiante

Es muy importante tener en cuenta que aunque cada cultura -incluyendo en este concepto a las familias- espera y tolera de forma diferente las extralimitaciones de sus hijos, hay faltas de respeto consideradas graves universalmente. Y son este tipo de conductas las claves para el diagnóstico,  pues también es vital saber que hay síntomas compartidos entre una enfermedad psiquiátrica y otra.

Así, por ejemplo, el especialista encargado de emitir el diagnóstico de Trastorno Negativista Desafiante debe haber constatado que la frecuencia, intensidad y duración de los síntomas superan lo normativo, y además que el niño no padece otra enfermedad.

También es imprescindible descartar que el desafío no provenga de algún otro trastorno, tal como la depresión, ansiedad o un trastorno de conducta de mayor severidad, de tal manera que entonces el niño no tendría TDN sino otro trastorno. Este experto también debe comprobar que las consecuencias sociales, académicas o laborales del comportamiento del niño que diagnostica son notorias clínicamente.

 

Hay algunos aspectos en el comportamiento de un niño con TDN, que resultan esclarecedores al momento  de valorar la gravedad del cuadro:

  • Las faltas de respeto a las figuras de autoridad suelen afectar primero a la madre, luego al maestro, y finalmente al padre.
  • La intensidad de los síntomas depende del grado de desarrollo físico, emocional e intelectual del niño.
  • El pronóstico es peor cuanto más alejado de “lo normal” es el comportamiento (cuanto más precoz, cuanto menos socializado).

También es preciso valorar que el desafío debe ser lo suficientemente severo como para interferir con su habilidad para funcionar en la escuela, hogar o la comunidad, pues este trastorno se trata de una patología psiquiátrica. Otro aspecto importante es que las conductas problema del niño han estado sucediendo por lo menos durante seis meses.

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Criterios para el diagnóstico del trastorno negativista desafiante

Es conveniente consultar a un especialista cuando el niño tiene un patrón de comportamiento negativista, hostil y desafiante que dura por lo menos seis meses y en el que están presentes cuatro o más de los siguientes comportamientos:

Se encoleriza e irrumpe en pataletas: En este síntoma hay que estar atento cuando el niño tiene tres o más rabietas a la semana o cuando pierde los estribos con facilidad.

Discute con adultos. Ahí es imprescindible estar atento no solo a las discusiones sino también a que el niño, de hecho es insistente hasta la saciedad, también debes vigilar si su intensidad en la discusión con los adultos es mucho más marcada que los niños de su edad.

Desafía activamente a los adultos o rehúsa cumplir sus órdenes o demandas. Hay padres que identifican este síntoma cuando el niño “planta caras” y lo hace con una frecuencia más marcada que los niños de su edad.

Molesta deliberadamente a otras personas. Algunos padres que frente a este comportamiento comentan: “Es como si le gustara tocar las narices a los demás”.

Acusa a otros de sus errores o mal comportamiento. En este aspecto se nota cómo el niño evade sus responsabilidades y que “nunca tiene la culpa de nada”.

Es susceptible o fácilmente molestado por otros. Cuando existe este patrón, algunos cuidadores hacen cometarios como: No se le puede decir nada porque enseguida se enfada, también aseguran que el niño puede armar por lo menos tres pataletas por semana a causa de su irritabilidad.

Es colérico, resentido. Muchos padres identifican este síntoma como “siempre está de mal humor” y también subrayan que lo está más seguido que los niños de su edad.

Es rencoroso o vengativo. En este aspecto, muchos niños que padecen el Trastorno Negativista Desafiante no son comprendidos del todo y hay padres que sugieren que el lugar de catalogarles como rencorosos es mucho más acertado decir que son maliciosos, porque tienen intenciones hostiles hacia los demás.

Cómo tratar a un niño con Trastorno negativista desafiante

Según los apuntes de la Asociación Española de Pediatría (AEPED), el tratamiento para el Trastorno Negativista Desafiante es fundamentalmente no farmacológico. Si bien algunos medicamentos han demostrado cierta eficacia en la reducción de la frecuencia e intensidad de los enfados y de las conductas agresivas, el núcleo del tratamiento es “dialéctico”.

En este aspecto hay algunas terapias que pueden ayudar. Una de estas terapias se trata del entrenamiento parental, la cual se usa para que los padres puedan ayudar a su hijo a ser más positivos, y a adquirir estilo de disciplina apropiada y evitar los patrones de castigo como método de corrección, pues estos pueden reforzar las conductas negativas y  especialmente las respuestas agresivas.

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En la mayoría de los casos, los terapeutas ayudan a los padres a establecer normas y límites que sean lógicos y consistentes, también los ayudan a manejar técnicas de  resolución de problemas o situaciones conflictivas, y además les enseñan a manejar el enojo para evitar la agresión o las conductas hostiles.

La meta de la terapia es lograr el control de las respuestas agresivas, ajuste a las normas y límites, desarrollo social positivo y apropiado y desarrollo del lenguaje con especial énfasis en la expresión de emociones y sentimientos.

El programa “Defiant Children” de Barkley puede aplicarse como alternativa de tratamiento, este incluye etapas que cubren los siguientes aspectos:

  1. Aprender a prestar atención al hijo.
  2.  Usar la atención para conseguir que obedezcan o se ajusten a la norma establecida.
  3.  Ordenar de una manera más eficaz.
  4.  Enseñar a no interrumpir.
  5.  Establecer un sistema de recompensas.
  6.  Aprender a castigar o sancionar el mal comportamiento de una forma constructiva.
  7.  Tiempo fuera (time out) apropiadamente aplicado.
  8.  Aprender a controlar al hijo en lugares públicos.
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